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Los comentaristas del Mundial de fútbol tienen en los himnos nacionales de las selecciones participantes un tema tan atractivo como inagotable para desglosar durante las transmisiones. Esos cantos patrióticos emocionan a los ciudadanos de los países que se enfrentan en batallas simbólicas por la victoria y el honor, transformando el nacionalismo en saludables confrontaciones sobre un terreno donde los gladiadores-futbolistas “sudarán la camiseta” por su patria. Que el sudor sustituya a la sangre constituye, sin duda, uno de los grandes avances de la naturaleza humana.

Hay himnos de especial solemnidad, como el de Alemania, La canción de los alemanes (Deutschlandlied), cuya melodía fue compuesta por el gran músico clásico Joseph Haydn en 1797, originalmente como un himno dedicado al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. La letra fue escrita en 1841 por el poeta August Heinrich Hoffmann von Fallersleben. En su versión original constaba de tres estrofas, pero desde 1952 solo se interpreta la tercera, ya que las dos primeras contienen referencias territoriales y nacionalistas que fueron instrumentalizadas por el régimen nazi. La estrofa vigente exalta, en cambio, la unidad, la justicia y la libertad.

Otro himno de gran solemnidad es el de Inglaterra, God Save the King —o God Save the Queen, según el monarca reinante—. Se interpretó públicamente por primera vez en Londres en 1745, durante el reinado de Jorge II, cuando enfrentaba una rebelión que pretendía restaurar a la dinastía de los Estuardo. Una de las teorías más conocidas sostiene que deriva de una composición francesa dedicada a Luis XIV en el siglo XVII y que incluso habría celebrado su recuperación tras una delicada operación de hemorroides.

Con el tiempo, God Save the King se convirtió en el himno del Imperio Británico y sirvió de modelo para numerosos himnos nacionales.

Varios países de la Mancomunidad que compitieron en el Mundial, como Australia, Nueva Zelanda y Canadá, terminaron adoptando composiciones propias. Este último, además, posee dos versiones oficiales de O Canada: una en inglés y otra en francés, reflejo de su carácter bilingüe.

La próxima semana conoceremos más historias detrás de otros himnos que resuenan en el Mundial 2026.

Continuamos con algunas recomendaciones para comentaristas que deben rellenar noventa minutos en partidos que, al menos a primera vista, parecen poco atractivos.

Tomemos como ejemplo el encuentro entre Jordania y Argelia del pasado 22 de junio. Disputado de noche para América Latina y de madrugada para Europa, probablemente no despertó mayor interés fuera de algunos países del Medio Oriente, donde se ubica Jordania, y Argelia en el norte de África, región conocida como el Magreb.

Muchos aficionados asumieron, equivocadamente, que sería un duelo menor. Sin embargo, Argelia remontó en los minutos finales un partido que perdía para imponerse 2-1. Por ende la pelea por el segundo lugar del Grupo J se dio entre Argelia y Austria. Ambos fueron eliminados en la siguiente fase.

También hemos visto en este torneo el buen desempeño de las selecciones africanas, algo que ya no debería sorprender. Desde hace más de tres décadas los equipos de ese continente son competitivos y aportan numerosos futbolistas a las principales ligas europeas. Por eso, en este polémico mundial que aumento la cifra de e 32 a 48 selecciones África cuenta ahora con diez representantes: cuatro son de población mayoritaria árabe: Egipto, Túnez, Argelia y Marruecos y los otros seis son naciones subsaharianas de mayoría étnica africana: Cabo Verde, Costa de Marfil, Ghana, Senegal, República Democrática del Congo y Sudáfrica.

A ellas se suman cuatro selecciones árabes del Medio Oriente: Iraq, Jordania, Qatar y Arabia Saudita.

Una rivalidad futbolística poco conocida es la de Egipto y Argelia, dos selecciones que participan en este Mundial. El episodio más recordado fue denominado “La Guerra del Fútbol de 2009”, durante las eliminatorias para Sudáfrica 2010. Antes del partido decisivo en El Cairo, el autobús de la selección argelina fue apedreado por aficionados locales, dejando varios jugadores heridos. El incidente escaló hasta convertirse en un problema diplomático entre ambos gobiernos.

El desempate tuvo que disputarse en terreno neutral, en Jartum, Sudán. Argelia ganó 1-0 y obtuvo la clasificación al Mundial, pero la violencia volvió a estallar entre seguidores de ambas selecciones.

El fanatismo por el futbol compite también en el islamismo en el mundo árabe y musulmán.

Me muevo. Uno, dos, tres pasos.
Nadie puede negar que avancé un poco.
Se pueden ver mis huellas en el suelo,
pero amanezco en el mismo sitio.

Poema: ¨Me muevo¨. Rafael Cadenas. Memorial. 1977.

Es muy doloroso ver las imágenes y escuchar los testimonios sobre el devastador terremoto que azotó a Venezuela hace pocos días. Pareciera que los habitantes de mi tierra natal padecen una plaga tras otra. Primero fueron veinticinco años de destrucción provocada por los delirios, la perversión y la ineficiencia del chavismo; ahora, cuando parecía que los venezolanos comenzaban a salir de esa pesadilla mediante una transición impulsada bajo el tutelaje de Estados Unidos, la Naturaleza —cuyas leyes no distinguen entre las grandes y las pequeñas preocupaciones humanas— vuelve a golpear al país.

En meses decisivos para negociar una transición para facilitar el retorno de la paz, la tranquilidad y la libertad a Venezuela, ocurre este desastre que obliga a refundar el país, no solo en el plano institucional, sino también desde los escombros que dejaron a millones de personas sin familiares, hogares ni servicios básicos.

El terremoto más «famoso» de la historia venezolana ocurrió el 26 de marzo de 1812. No alcanzó esa notoriedad por su magnitud —que solo comenzó a estudiarse científicamente en el siglo XX—, sino porque ocurrió un Jueves Santo, pocos meses después de la declaración de independencia. Muchos clérigos partidarios de la Corona española lo presentaron como un «castigo divino» por la rebelión contra el rey.

Numerosos soldados independentistas, diezmados por la tragedia, cambiaron entonces de bando y varias poblaciones se rindieron sin combatir. Fue en ese contexto cuando nació la célebre frase atribuida a Simón Bolívar: «Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca», recogida o inventada por el médico y periodista José Domingo Díaz en Recuerdos sobre la rebelión de Caracas (1829).

El artista plástico venezolano Tito Salas recreó este momento histórico en su famoso óleo sobre tela de 1929

No es tiempo de leyendas ni de demagogia, sino de ayuda humanitaria y reconstrucción. Pero cuidado: que los recursos no terminen otra vez en manos de quienes durante años han jugado con el hambre, la salud y la esperanza de los venezolanos. Como escribió el poeta Rafael Cadenas: «Amanezco en el mismo sitio»…

EDITORIAL DE CÉSAR MIGUEL RONDÓN EN SU PROGRAMA CMRHOY

Venezuela no está sola. Una joven canta “Venezuela No Está Sola”, una canción emotiva dedicada a Venezuela, a los damnificados y a todas las familias que están lejos sin poder abrazar a sus seres queridos. Cantautora: Elena Rose. El Don de la Voz.

A CONTINUACIÓN UN HOMENAJE A VENEZUELA CON CANCIONES FOLCLÓRICAS Y/O DEDICADAS AL PAÍS POR ALGUNOS CANTANTES:

YORDANO, CANCIÓN ¨QUIERO VIVIR¨.

ILÁN CHESTER: “VIAJERA DEL RÍO”, UN VALS DEL COMPOSITOR MANUEL YÁNEZ, CANCIÓN EMBLEMÁTICA DE GUAYANA Y DEL ESTADO BOLÍVAR.

SIMÓN DÍAZ, FALLECIDO CANTAUTOR, COMPOSITOR DE ¨CABALLO VIEJO¨

JOROPO, MÚSICA LLANERA.

LA GUITARRISTA CROATA ANA VIDOVIC INTERPRETANDO VALS DEL LEGENDARIO ANTONIO LAURO.

Si a algún comentarista se le dificulta rellenar con datos interesantes un partido como Uzbekistán vs. República Democrática del Congo (RDC), además de mencionar los clubes y ligas donde juegan sus futbolistas, podría aportar información como la siguiente.

La RDC es el segundo país más extenso de África, después de Argelia, y también se le conoce como Congo-Kinshasa para diferenciarla de Congo-Brazzaville, denominaciones tomadas de las capitales de ambos países. Comparten nombre porque se ubican en la cuenca del río Congo.

La diferencia es que Congo-Brazzaville fue colonia francesa, mientras que la RDC fue propiedad personal del rey Leopoldo II de Bélgica, caso único de un monarca que obtuvo una colonia para sí mismo. Las atrocidades cometidas durante su administración obligaron a transferirla al Estado belga en 1908.

La RDC ha sido además el epicentro de la llamada “Primera Guerra Mundial Africana”, denominada así por la cantidad de países involucrados, su extensión territorial y su duración. Su primera fase se desarrolló entre 1998 y 2003. El conflicto continúa hasta hoy mediante enfrentamientos entre grupos armados y fuerzas gubernamentales por el control de regiones ricas en coltán —mineral indispensable para fabricar semiconductores—, además otros minerales. Detrás de muchos de estos actores aparecen gobiernos vecinos e intereses económicos internacionales.

FUENTE: Untold African Wars y DOLACREATIVE TV

Uzbekistán surgió como estado soberano tras la disolución de la Unión Soviética en 1991. Está ubicado en Asia Central, una región habitada históricamente por pueblos túrquicos e influida por la cultura persa de cuyo idioma proviene el sufijo “-stán”, traducible como “tierra de”, presente en nombres como Kazajistán, Turkmenistán, etc.  Ciudades de Uzbekistán como su actual capital, Tashkent, junto a Samarcanda y Bujará entre otras, formaron parte de la Ruta de la Seda.

De mayoría musulmana, pero oficialmente laica, Uzbekistán clasificó por primera vez a una Copa del Mundo. La RDC lo hace por segunda ocasión, la primera bajo el nombre de Zaire.

No sabemos qué promete este partido, pero si el fútbol no ofrece demasiado espectáculo, estos datos pueden ayudar a completar la transmisión.

DE REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DE CONGO A ZAIRE Y DE VUELTA…

Estos son algunos datos sobre selecciones que participan en el Mundial de Fútbol 2026 para comentaristas que, en ciertos partidos, podrían quedarse sin temas de conversación o cometer errores al intentar rellenar el espacio-tiempo de los 90 minutos reglamentarios. Pensemos, por ejemplo, en un Bosnia y Herzegovina-Qatar del 24 de junio o un Cabo Verde-Arabia Saudita dos días después.

Como mínimo, cualquier comentarista debería saber que Bosnia y Herzegovina formó parte de la desaparecida Yugoslavia, la federación comunista que se desintegró tras una devastadora serie de guerras entre 1991 y 1997. También pertenecieron a ella Croacia —presente en este Mundial— y otras selecciones hoy ausentes como Serbia, Montenegro, Macedonia del Norte y Eslovenia. A ellas se suma Kosovo, reconocido por la mayoría de los países del mundo, aunque no por Serbia, Rusia y varios de sus aliados.

El gentilicio más sencillo para referirse a sus futbolistas es “bosnios”, aunque existen otras denominaciones oficiales. Su máxima figura histórica es Edin Džeko, goleador récord de la selección con 70 tantos.

De Qatar se puede comentar su compleja situación geopolítica actual. Esta monarquía del Golfo Pérsico, con acceso directo al estratégico estrecho de Ormuz, mantiene una delicada relación con Irán y compite intensamente con Arabia Saudita por atraer comercio, turismo y grandes eventos deportivos. Gracias a esa estrategia, organizó antes que los saudíes el primer Mundial celebrado en Medio Oriente. Además, sus inversiones alcanzan clubes como el PSG y el Sporting Braga de Portugal.

Sobre Cabo Verde conviene recordar que se trata de un archipiélago atlántico situado frente a la costa noroccidental de África, independiente de Portugal desde 1975. Sus habitantes son caboverdianos (por favor, no llamen “cabos verdes” a sus futbolistas) y su idioma oficial es el portugués.

De allí los nombres de algunos de sus jugadores: Ryan Mendes, máximo goleador histórico de la selección; Wilson Benchimol Tavares, que milita en Rusia; o Logan Costa, defensor del Villarreal español.

Los “Tiburones Azules” representan a una de las democracias más estables de África y llevarán al Mundial la alegría de una cultura marcada por influencias portuguesas, brasileñas y africanas. Su música, al igual que su fútbol, es una fascinante mezcla de mundos.

Vivimos tiempos en los que la democracia parece transformarse en un sistema cada vez más disfuncional. Contribuyen a ello el colapso de los partidos políticos tradicionales, la personalidad autocrática de candidatos que se disfrazan de demócratas y la frustración de mayorías que habitan un mundo donde el crimen, la corrupción y la desinformación se han globalizado. En palabras del politólogo Moisés Naím, autor de La revancha de los poderosos (2022), vivimos una época marcada por tres “pes”: populismo, polarización y posverdad.

Presento algunas reflexiones basadas en este contexto:

  • Los populistas tienen una ventaja evidente: las generaciones más jóvenes nacieron en una cultura de la inmediatez, rodeadas de tecnologías que aceleran la vida cotidiana y fomentan la expectativa de soluciones rápidas para problemas complejos. La democracia, en cambio, exige paciencia, negociación y respeto por la institucionalidad y la separación de poderes. No sorprende, entonces, que en muchas sociedades crezca la tentación de depositar esperanzas en líderes fuertes, incluso en aquellos que prometen ejercer el poder mediante métodos autoritarios o violentos. El populismo, cada vez más, se parece al autoritarismo.
  • Aunque periodistas e intelectuales insisten en que los candidatos expliquen sus programas de gobierno y detallen cómo resolverán los problemas públicos, al final suele imponerse la lógica del rating, el escándalo y, muchas veces, el morbo. Es lo que el escritor checo Milan Kundera llamó “imagología” en su novela La inmortalidad (1990): un universo dominado por publicistas, asesores de imagen, diseñadores, celebridades y fabricantes de apariencias. Mientras más se simplifique la realidad en la narrativa de “buenos contra malos”, mayor será la polarización.
  • Políticos, periodistas e influencers se han convertido, en demasiados casos, en propagandistas e imagólogos. Ha quedado atrás el ideal de un periodismo que, con todas sus limitaciones, aspiraba a la honestidad intelectual, la verificación de los hechos y cierta neutralidad. Ese deterioro del compromiso con la verdad es, precisamente, el terreno fértil de la posverdad.

TUCÍDIDES EN HAMZI

¿De qué trata este texto cuyo título parece escrito en algún idioma antiguo, atravesado por resonancias helénicas y chinas?

Comencemos por lo más reciente.

Un presidente chino, Xi Jinping, le expresa en mandarín (que utiliza caracteres chinos), a uno estadounidense, Trump, la advertencia formulada por un profesor de historia y ciudadano norteamericano: “Debemos evitar caer en la trampa de Tucídides”. Lo más probable es que Trump no haya comprendido del todo lo que el mandatario asiático quiso decirle y con respecto a Xi hay dos posibilidades, o bien leyó Destinados a la guerra: ¿Pueden América y China escapar a la trampa de Tucídides? (2017), del politólogo Graham T. Allison, o algún asesor le explicó el concepto que plantea ese historiador y profesor de Harvard.

Sea cual fuere la honestidad intelectual del líder chino, la anécdota revela algo evidente: para una cumbre como la celebrada recientemente en Pekín entre los dirigentes de las dos superpotencias del planeta, el anfitrión decidió demostrar —empresa nada difícil— que era un líder más culto y sofisticado que Trump.

Pero ¿a qué se refería Xi Jinping al mencionar la teoría de un historiador griego del siglo V a. C., célebre por su análisis de la guerra del Peloponeso, conflicto en el que se enfrentaron Atenas y sus ciudades aliadas contra Esparta y sus seguidores?

Tucídides concluyó, a partir de la guerra que le tocó vivir, que cuando existe una potencia en decadencia —Esparta— y otra emergente —Atenas, que incluso llegó a formar una especie de “OTAN” de la época, la Liga de Delos—, el desenlace bélico se vuelve casi inevitable tarde o temprano.

Graham Allison también comparó dieciséis conflictos semejantes ocurridos siglos después y descubrió que solo en cuatro casos se logró evitar la guerra.

Así, utilizando palabras provenientes del universo del Hanzi (el alfabeto chino) y evocando la teoría de Allison sobre la conclusión de Tucídides, Xi Jinping le estaba advirtiendo a Trump: cuidado con Taiwán, con los aranceles y con inmiscuirse demasiado en el Pacífico, porque quizá, de lo contrario, no quede un nuevo Tucídides —ni siquiera seres humanos— para escribir la historia de una guerra apocalíptica entre las potencias que ambos representan. La paz entre China y EEUU no es entre dos países, es la de la supervivencia del planeta.

A juzgar por la política exterior de Estados Unidos durante el segundo mandato de Donald Trump, queda claro que el presidente norteamericano no solo pretende reformular el frente doméstico, sino que su ambición parece priorizar la reestructuración del sistema internacional. Desde 2015, Trump jamás ocultó que su credo político, el “Make America Great Again” no era un eslogan vacío, sino la declaración de una doctrina basada en proteccionismo, control migratorio, y repliegue estratégico. Aranceles para corregir un comercio que considera desfavorable, exigencias a la OTAN para que financie su propia defensa y rechazo a guerras interminables forman parte de una narrativa.

En este segundo período, Trump parece asumir que la disputa imperial del siglo XXI —marcada por la competencia con China por mercados, influencia y recursos— exige ignorar las viejas reglas del orden liberal surgidas tras la Segunda Guerra Mundial. Como los chinos y otros autócratas de potencias medianas como Putin en Rusia, Erdogán en Turquía y los ayatolás en Irán, entre otros, el presidente de EEUU gobierna mediante decretos de emergencia, esquivando controles institucionales y relativizando la legalidad internacional.

Así, el mundo asiste al lento desmontaje del sistema de alianzas que Washington construyó durante décadas: una OTAN debilitada, aliados incómodos como Alemania, lugar del cual acaba de ordenar la retirada de tropas estadounidenses, y que hablar de España,  y una diplomacia que ya ni siquiera, en discurso, prioriza la promoción de la democracia como en el caso de Venezuela en donde tras una espectacular operación militar que extrajo, quirúrgicamente, a su dictador, dejó en el poder a sus secuaces y no parece apurarlos a como mínimo, respetar Derechos Humanos y proteger, en lugar de, atentar la vida de sus ciudadanos a cambio de manejar los inmensos recursos energéticos de ese país.

La salida de Emiratos Árabes Unidos de ese organismo parece tener relación, también, con presión estadounidense para la reducción del precio del petróleo.

Trump quiere cambios, sí, pero sobre todo en sus socios… rara vez en sus adversarios.

Antes de que Sudán y Sudán del Sur se separaran en 2011 tras un plebiscito, ambos territorios formaban un solo país gobernado durante más de 30 años por el dictador Omar al-Bashir. El tirano promovió el exterminio de musulmanes no árabes en la provincia de Darfur entre 2003 y 2005, crimen por el cual la Corte Penal Internacional lo acusó de genocidio —300 mil víctimas—. Sus milicias de islamistas radicales, los Janjaweed, actuaron como brazo paramilitar para encubrir la responsabilidad del Ejército y simular que él no controlaba a los verdugos.

Al-Bashir también utilizó a los Janjaweed para masacrar a la población étnicamente africana y no árabe, de fe cristiana del sur, y, temiendo que algún gobierno extranjero lo entregara a la justicia internacional, decidió convocar a un plebiscito que dio origen al país más joven de África: Sudán del Sur.

Seis años después de la caída del dictador, Sudán está inmerso en una guerra civil. Los paramilitares Janjaweed —ahora aliados con milicias dirigidas por el general “Hemeti”, rebautizadas como Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR)— combaten por el poder contra las Fuerzas Armadas (FFAA) del “gobierno de transición” encabezado por el general al-Burhan.

El periodista de The Telegraph, Jack Wallis Simons, resumió esta tragedia en su artículo del 3-11-25: “Esta masacre empequeñece a Gaza en magnitud y contrasta radicalmente con ella en cuanto a intenciones. No hay corredores humanitarios, ni advertencias para evacuar, ni ayuda. Ni siquiera se pretende distinguir entre civiles y combatientes… ¿Dónde está, sin embargo, la indignación?”

Y él mismo se responde: “Es cierto lo que dicen: sin judíos, no hay noticias”.

Esta provocadora tesis la plantea el periodista Jack Wallis Simons en un artículo publicado en The Telegraph el 3 de noviembre de 2025, titulado “¿Por qué Sudán no es una causa de protesta?” (https://www.telegraph.co.uk/news/2025/10/28/sudan-genocide-double-standards/).

La geopolítica del oro y los verdugos

Emiratos Árabes Unidos (EAU), junto a otros países musulmanes y varias potencias mundiales, está suministrando armas a ambos bandos del conflicto reactivado en 2023. China vende equipo militar a las dos partes con una lógica estrictamente comercial, mientras Rusia se involucra enviando a sus mercenarios Wagner para reforzar al gobierno de al-Burhan y a las FFAA sudanesas, respaldadas también por Turquía e Irán. Por su parte, Libia y, sobre todo, EAU arman intensamente a las FAR, principales responsables del genocidio de Darfur y de nuevas masacres contra cristianos en Sudán del Sur. El interés común de estos actores es evidente: el enorme botín de oro en los territorios en disputa.

Un genocidio silencioso

Desde 2023, mientras el mundo concentraba su atención en la guerra de Gaza, la tragedia sudanesa ha alcanzado niveles apocalípticos. La ONU documenta ejecuciones sumarias perpetradas por las FAR. Solo en El Fasher, capital de Darfur del Norte, más de 250 mil personas están sitiadas, padeciendo hambre, enfermedades y asesinatos. En Darfur, los Janjaweed han reanudado el exterminio: se calcula que 250 mil personas han muerto; más de 150 mil niños sufren desnutrición y unas 450 mil personas han sido desplazadas. Las cifras son escalofriantes.

A diferencia de Gaza, en donde no hubo un intento de exterminar sistematica y definitivamente al pueblo palestino que allí habita y el conflicto de dos años comenzó por una masacre perpetrada por el grupo terrorista Hamas y no por una política diseñada para erradicar a los gazatíes si bien hay algunos dirigentes políticos israelíes extremistas – sin poder directo sobre el ejército ni los servicios de inteligencia externos del estado de Israel – en el caso de Sudán ha habido un plan de años para liquidar a población no árabe y no musulmana, lo que califica en la definición de la ONU y de la Corte Penal Internacional como genocidio: el intento de eliminar, total o parcialmente a una población por su identidad étnica, religiosa, racial, tribal o incluso, sus ideas políticas.

Pero el caso de la guerra de Gaza causó un efecto intenso mundial a diferencia del sudanés que, apenas, es cubierto por medios tradicionales e influencers de las redes sociales.

La tesis de Simons

Jack Wallis Simons —periodista británico, hijo de padre no judío y madre judía, autor de varios libros sobre la percepción occidental hacia Israel, entre ellos Israelophobia— sostiene que, pese a las narrativas predominantes, “el conflicto de Gaza fue una guerra, no un genocidio”. Y luego precisa:

“Esta masacre (en Sudán) empequeñece a Gaza en magnitud y contrasta radicalmente con ella en cuanto a intenciones. No hay corredores humanitarios, ni advertencias para evacuar, ni ayuda. Ni siquiera se pretende distinguir entre civiles y combatientes… ¿Dónde está, sin embargo, la indignación?”

A esa pregunta le añade otra, aún más incómoda: ¿dónde está la indignación global frente a Sudán? Hubo apenas una protesta en Londres, insignificante comparada con el furor internacional desatado por la ofensiva israelí contra Hamás.

PROTESTA EN PARIS POR SUDÁN

VS

PROTESTA EN PARIS POR GAZA

Simons continúa:

“Nadie sería tan ingenuo como para esperar que la multitud de activistas por la ‘Palestina Libre’ salga a las calles con pancartas exigiendo el fin del genocidio de Sudán. Nadie imagina cánticos de ‘¡Muerte a las RSF!’”.

Para él, la explicación es transparente:

“La empatía selectiva de la gente de Gaza está al servicio de una agenda cínica”.

Y concluye con una frase lapidaria que condensa su tesis:

“Es cierto lo que dicen: sin judíos, no hay noticias”.

Una reflexión necesaria

En estos tiempos de antiisraelismo y antisemitismo crecientes, no está de más que Occidente examine por qué existe tanta indignación selectiva contra algunos países y, al mismo tiempo, tanta indiferencia frente a los verdugos que cometen masacres en distintas partes del mundo.

En el caso del Estado de Israel, sin negar la composición del gobierno de Netanyahu —con varios miembros extremistas en su gabinete—, es comprensible que, incluso antes del atentado terrorista de Hamás del 7 de octubre de 2023, muchos ciudadanos israelíes y judíos del mundo sintieran un temor legítimo: la posibilidad de que esa coalición política marcara un punto de inflexión para la sólida y arraigada democracia del país.

Luego vino la peor masacre de judíos desde el Holocausto. Hubo cierta indignación mundial, sí, pero no la suficiente como para llenar las calles de Occidente con manifestantes condenando a Hamás y a los grupos islamistas radicales que sí son genocidas porque buscan exterminar físicamente a sus enemigos.

Y ahora expliquemos un poco que significa la palabra SIONISMO. Y si es el anti sionismo una forma de antisemitismo.

El sionismo es el movimiento nacional del pueblo judío. Surgió formalmente en 1897 y promovía, mediante la diplomacia, el retorno de los descendientes de los antiguos hebreos a su patria ancestral, dos veces independiente en la Antigüedad. Es cierto que muchos de sus fundadores reconocieron que no regresaban a una “tierra sin pueblo”: desde el siglo VII d.C., los árabes musulmanes constituían la mayoría de la población. Por ello, el liderazgo sionista aceptó el plan de partición aprobado por la ONU en 1947, que proponía dividir la Palestina británica (llamada así desde los tiempos del emperador romano Adriano en el siglo II DC), en dos Estados: uno judío y otro árabe.

El término “sionismo” proviene del monte Sion, en Jerusalén, y se mantuvo vivo en la tradición judía del exilio a través de textos bíblicos como Isaías 2:3: “De Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Señor”, frase incorporada a las plegarias diarias del judaísmo.

Muchas de las protestas contra la estrategia del gobierno de Netanyahu durante la guerra en Gaza han sido legítimas. Sin embargo, otras fueron impulsadas por simpatizantes de Hamás que manipularon a personas poco informadas sobre el conflicto, llevándolas a portar consignas como “Del río al mar, Palestina será libre”, sin comprender su carácter abiertamente genocida: la eliminación de Israel entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, no su coexistencia con un Estado palestino.

EDITORIAL DE BILL MAHER EN SU PROGRAMA DE HUMOR POLÍTICO ¨REAL TIME¨- 15 DICIEMBRE, 2023.

La demonización sistemática de Israel y la negación de su derecho a existir en cualquier porción del territorio disputado constituyen anti sionismo y, además, un llamado implícito a la destrucción de un pueblo. Por lo tanto, manifestaciones contemporáneas de antisemitismo.

La mayoría de quienes marchan con esas consignas son personas bienintencionadas, indignadas ante lo que creen causas nobles. Pero, manipuladas por propaganda eficaz, terminan cayendo en la trampa de seguir la corriente de grupos con agendas ideológicas que hacen sentir a la generación Z como activistas virtuosos —lo que el periodista y escritor español Pérez-Reverte llamaría “buenismo tonto”—, pero que en la práctica le hacen un favor a gobiernos y organizaciones profundamente siniestros.

La diferencia entre estar en contra de un gobierno específico de una democracia como Israel (como lo está quien escribe estas líneas) y el antisionismo es crucial. El sionismo no es otra cosa que reconocer el derecho de Israel a existir —con todas las críticas que se quiera—. En cambio, el antisemitismo, que antes de la creación de Israel se expresaba como “judíos, váyanse a casa”, hoy se reformula como “judíos, váyanse de su casa”. Por eso, el antisionismo es antisemitismo.

LUCIDA REFLEXIÓN DEL FALLECIDO ESCRITOR ISRAELÍ, Y FUNDADOR DEL MOVIMIENTO ¨PAZ AHORA¨ AMOZ OZ. 2016.

Siguiendo la reflexión del periodista Jack Wallis Simons, cabría preguntar por qué la indignación selectiva. El mundo ofrece innumerables causas urgentes para protestar: Ucrania frente a la agresión de Putin; Yemen, Sudán, Libia, Somalia; la devastadora guerra en la República Democrática del Congo; o las tiranías de Corea del Norte, China, Myanmar, Rusia, Irán, Cuba. etc. También la sistemática violación de los derechos de las mujeres en Afganistán, Irán o varias monarquías árabes.

Greta y otros activistas bienintencionados, revisen esta lista y hagan algo para convencer a los escépticos de que su preocupación por los pueblos vulnerables no está contaminada por un antisemitismo recóndito, quizá subconsciente, ya sea de la herencia del cristianismo fanático medieval europeo o de la izquierda radical post-URSS.

Como se pregunta Simons, con crudeza, será que: “No Jews, ¿no news?

Y para quienes, siguiendo la reflexión de Jack Wallis Simons, solo parecen indignarse cuando hay judíos en el “escenario”, aquí tienen otras referentes femeninas y musulmanas, galardonadas con el Premio Nobel de la Paz que han luchado por los DDHH en paises o territorios dominados por islamistas radicales, también antisemitas religiosos.

 

Shirin Ebadi (2003, Irán).

Tawakkul Karman (2011, Yemen).

Malala Yousafzai (2014, Pakistán).

BILL MAHER, MAYO 2026.

SÁNCHEZ EL MARXISTA

«Si no le gustan mis principios, tengo otros». —Director, actor y humorista Groucho Marx.

Es un campeón de la retórica, un equilibrista de la política. Sabe cómo, pese a lo evidente de su cercanía con escándalos que rodean a su entorno, mantener cohesionada una coalición parlamentaria heterogénea: extrema izquierda, regionalistas y separatistas.

En fin, es el gobernante ideal para presentarse ante muchos españoles y europeos como adalid de los Derechos Humanos cuando conviene —frente a Trump o Netanyahu—, pero que no pestañea cuando toca callar ante la Venezuela “Delcista” o la Turquía “Erdoganista”, que invade Siria y margina a los kurdos.

EDITORIAL DEL PERIODISTA CÉSAR MIGUEL RONDÓN COMENTA EL 21 DE ABRIL DE 2026 SOBRE LA VISITA DE MARÍA CORINA MACHADO A ESPAÑA Y POR QUÉ FELIPE GÓNZÁLEZ RE FUNDADOR DEL PARTIDO SOCIALISTA Y ALBERTO NUÑEZ FEIJÓO, ACTUAL PRESIDENTE DEL PARTIDO DE CENTRO DERECHA PARTIDO POPULAR, HOMENAJEARON A LA LIDERESA VENEZOLANA SIN LA PRESENCIAL DE PEDRO SÁNCHEZ.

Y, sin rubor, Sánchez equipara a España con la China de Xi Jinping como “países de rectitud moral”.

EL DICTADOR XI JINPING CON SUS CAMARADAS PUTIN Y KIM JON IL. ¿ESTÁ ESPAÑA, COMO DIJO SÁNCHEZ, EN EL LADO CORRECTO DE LA HISTORIA JUNTO A CHINA?

¿Rectitud moral? ¿La de un gobierno cercado por sospechas y crisis políticas que han golpeado a su partido en los últimos años? ¿O la de una potencia que reprime a disidentes y minorías como los uigures en la provincia de Xinjiang?

Es cierto: Trump y Netanyahu no lo ponen difícil. Su estilo facilita que muchos líderes europeos marquen distancia. También es legítimo cuestionar la conducción israelí de la guerra en Gaza. Pero llamar “genocidio” al conflicto sin matices —ignorando el ataque previo de Hamás, cuya retórica sí encaja en esa definición— revela más cálculo político que rigor moral. Lo mismo ocurre cuando se respalda judicialmente acusaciones que ni siquiera han prosperado en esos términos, cuando la Corte Penal de La Haya acusó al primer ministro israelí de crímenes de guerra, pero no genocidio.

¿De verdad le desvela Gaza, Líbano o Irán hasta el punto de desafiar a la OTAN, negarse a facilitar apoyo logístico o resistirse a aumentar el gasto en defensa? Algunos lo creen. Otros vemos una estrategia distinta: proyectar una política exterior moralizante que desvíe la atención de los problemas internos, donde los escándalos y las investigaciones han generado una presión constante sobre su gobierno y su entorno.

El problema de Sánchez es que, bajo una apariencia más sofisticada, comparte con otros líderes esa elasticidad moral que tanto critica. Marxista, sí, pero no en el sentido de Karl, sino en el de Groucho: cambiar de principios según convenga. Y gobierna, al final, parecido a ellos.

CAYETANA ALVAREZ DE TOLEDO ¨SÁNCHEZ NO ES NEMESIS DE TRUMP, SI NO DE MARÍA CORINA MACHADO¨.