¿De qué trata este texto cuyo título parece escrito en algún idioma antiguo, atravesado por resonancias helénicas y chinas?

Comencemos por lo más reciente.
Un presidente chino, Xi Jinping, le expresa en mandarín (que utiliza caracteres chinos), a uno estadounidense, Trump, la advertencia formulada por un profesor de historia y ciudadano norteamericano: “Debemos evitar caer en la trampa de Tucídides”. Lo más probable es que Trump no haya comprendido del todo lo que el mandatario asiático quiso decirle y con respecto a Xi hay dos posibilidades, o bien leyó Destinados a la guerra: ¿Pueden América y China escapar a la trampa de Tucídides? (2017), del politólogo Graham T. Allison, o algún asesor le explicó el concepto que plantea ese historiador y profesor de Harvard.

Sea cual fuere la honestidad intelectual del líder chino, la anécdota revela algo evidente: para una cumbre como la celebrada recientemente en Pekín entre los dirigentes de las dos superpotencias del planeta, el anfitrión decidió demostrar —empresa nada difícil— que era un líder más culto y sofisticado que Trump.
Pero ¿a qué se refería Xi Jinping al mencionar la teoría de un historiador griego del siglo V a. C., célebre por su análisis de la guerra del Peloponeso, conflicto en el que se enfrentaron Atenas y sus ciudades aliadas contra Esparta y sus seguidores?

Tucídides concluyó, a partir de la guerra que le tocó vivir, que cuando existe una potencia en decadencia —Esparta— y otra emergente —Atenas, que incluso llegó a formar una especie de “OTAN” de la época, la Liga de Delos—, el desenlace bélico se vuelve casi inevitable tarde o temprano.

Graham Allison también comparó dieciséis conflictos semejantes ocurridos siglos después y descubrió que solo en cuatro casos se logró evitar la guerra.
Así, utilizando palabras provenientes del universo del Hanzi (el alfabeto chino) y evocando la teoría de Allison sobre la conclusión de Tucídides, Xi Jinping le estaba advirtiendo a Trump: cuidado con Taiwán, con los aranceles y con inmiscuirse demasiado en el Pacífico, porque quizá, de lo contrario, no quede un nuevo Tucídides —ni siquiera seres humanos— para escribir la historia de una guerra apocalíptica entre las potencias que ambos representan. La paz entre China y EEUU no es entre dos países, es la de la supervivencia del planeta.

Totalmente de acuerdo, aunque para mí falta una pieza muy importante en éste juego y es la determinación de Putín y la Alianza que se desencadena. Todo ésto es una película que debemos observar y en su análisis determinar la lucha por no uno, si no, por cambios positivos mundiales, a todos los niveles. Confiar en que el final de ésta película será exitoso para todos. Gracias Ariel por la veracidad de la información.
Desde Venezuela un saludo caluroso y amoroso de parte de Lorgia Matos.