A juzgar por la política exterior de Estados Unidos durante el segundo mandato de Donald Trump, queda claro que el presidente norteamericano no solo pretende reformular el frente doméstico, sino que su ambición parece priorizar la reestructuración del sistema internacional. Desde 2015, Trump jamás ocultó que su credo político, el “Make America Great Again” no era un eslogan vacío, sino la declaración de una doctrina basada en proteccionismo, control migratorio, y repliegue estratégico. Aranceles para corregir un comercio que considera desfavorable, exigencias a la OTAN para que financie su propia defensa y rechazo a guerras interminables forman parte de una narrativa.

En este segundo período, Trump parece asumir que la disputa imperial del siglo XXI —marcada por la competencia con China por mercados, influencia y recursos— exige ignorar las viejas reglas del orden liberal surgidas tras la Segunda Guerra Mundial. Como los chinos y otros autócratas de potencias medianas como Putin en Rusia, Erdogán en Turquía y los ayatolás en Irán, entre otros, el presidente de EEUU gobierna mediante decretos de emergencia, esquivando controles institucionales y relativizando la legalidad internacional.

Así, el mundo asiste al lento desmontaje del sistema de alianzas que Washington construyó durante décadas: una OTAN debilitada, aliados incómodos como Alemania, lugar del cual acaba de ordenar la retirada de tropas estadounidenses, y que hablar de España, y una diplomacia que ya ni siquiera, en discurso, prioriza la promoción de la democracia como en el caso de Venezuela en donde tras una espectacular operación militar que extrajo, quirúrgicamente, a su dictador, dejó en el poder a sus secuaces y no parece apurarlos a como mínimo, respetar Derechos Humanos y proteger, en lugar de, atentar la vida de sus ciudadanos a cambio de manejar los inmensos recursos energéticos de ese país.

La salida de Emiratos Árabes Unidos de ese organismo parece tener relación, también, con presión estadounidense para la reducción del precio del petróleo.
Trump quiere cambios, sí, pero sobre todo en sus socios… rara vez en sus adversarios.
Si hablamos de Venezuela, me permito opinar, Trump lo está haciendo fenomenal, con paciencia, precisión y mucha táctica disciplinada, paso a paso ha logrado el destape de todos los delitos de la cúpula del poder. Prefiero su tutoría a la del Régimen. Se que ésa fué la intención para desmantelar absolutamente a todos los delincuentes que se encuentran en el poder, falta poco para el gran evento esperado, no se salvará ni el gato.