Lo siguiente no es un artículo, es un texto que escribí hace un año, de madrugada, luego de visitar durante un viernes por la noche, varios lugares de Jerusalén, tras 6 años o más de haberme despedido de esa ciudad donde viví igual lapso de tiempo.
Como expreso en la razón de ser de este blog, no todo lo que publico busca el análisis, sino también doy espacio para emociones, sentimientos, nostalgias, y todo lo que me pueda acercar a la literatura, a la cual tengo tan descuidada porque la vida profesional me requiere mucho en asuntos de actualidad, a veces importantes, a veces banales, y en la mayoría de las veces – por razones de tiempo, espacio y época – usualmente descontextualizados.
Hoy comparto lo escrito hace un año, y enviado por mail a algunos amigos, de esa noche de vivencias y nostalgia en Jerusalén.
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Shabbat en Jerusalén
Escribo un poco para mí un poco para amigos, un poco por la literatura.
Recién llego de un viernes por la noche en Jerusalem. Por que es shabbat, se puede circular por todas las vías que durante el resto de la semana son solo para transporte público y por shabbat, se puede estacionar en donde sea sin multas ni gruas. Me invitaron a cenar tres familias, y sin embargo preferí aprovechar una noche así para visitar algunos lugares de la ciudad con el ritmo tranquilo que solo esta noche otorga – una especie de domingo en otro país, con sus particularidades.
Fui a la ciudad antigua, la amurallada, y visite el Kotel, el muro de los lamentos y me abrí paso entre unos doscientos ortodoxos y unos pocos seculares como yo, para apoyarme un poco sobre sus rocas y reflexionar y entregarme unos minutos a sentir algo de paz interna. Luego camino sin dirección especial por el barrio judío de la ciudad antigua, vi a los religiosos, a los turistas, a unos pocos seculares como yo visitando y contemplando, etc.
Luego me fui al barrio armenio y me asome por sus bares con olor a narguila y llegue a la puerta de yafo, conduciendo a tres canadienses que se habían perdido y no sabían como llegar. Ahí, como en «viejos tiempos» de guía de la ciudad, conteste algunas de sus preguntas y otras, sobre lugares históricos y por que es tan difícil entregar ciertos lugares a los palestinos. Uno de ellos dijo que ciertamente los medios no muestran lo cerca que estamos unos con los otros, judíos y palestinos, y que le pareció que el asunto no es de religión ni nacionalismo, sino de seguridad. Me alegro que lo percibiera pero si le explique que si bien para los israelíes ese es el tema principal, lamentablemente si hay unos pocos fanáticos de lado y lado que con un ataque violento, cambian la agenda del dialogo.
De ahí regrese al monte Sion, donde estacioné y me fui en carro a Najlaot, un vecindario que se conserva como un boulevard algo estrecho y laberíntico, pero fundado a fines del siglo XIX, donde conviven religiosos y seculares, ahí es donde están abiertos la mayoría de los bares, restaurants, cafés y lugares no Kosher, y uno ve la diversidad, esa característica tan especial de Jerusalem de pasar en minutos de un mundillo de religiosos a uno de hippies y liberales, y viceversa, y de musulmanes a judíos y cristianos, que si fuera por titulares de prensa, pareciera que no supieran convivir. La ciudad fluye, o mejor dicho, su gente.
De ahí me fui a Emek Refaim, La Calle de los Fastasmas, en la Moshava HaGermanit, el vecindario alemán, fundado por germanos también a fines del siglo 19, y ahí también hay vida nocturna vibrante, y me detuve en un café por un rato, para luego pasear por carro por vecindarios algo mas alejados del centro hacia el oeste de la ciudad.
Jerusalem en shabbat es una experiencia y me gusto revivirla. No creo que todos la experimenten así: hace falta ser un poco Zelig, mimetizarse con diferentes «especies» de personas, mirarlas sin recelo, y disfrutar su variedad sin juzgarla. Además, ser judío por supuesto ayuda mucho a que tenga mucho sentido, y por supuesto, haber sido yerushalmi, habitante de Jerusalem, y conocer y sentirse familiar con la ciudad, ayuda aun más a que la experiencia sea agradable.
No quise ir acompañado, aunque me ofrecieron. Me decidí por ir a donde el instinto me condujera y de nuevo sentí la enorme diferencia entre la Jerusalem periodística y la vivencial, la de la cotidianidad que se respira. No logre emocionarme como antes con la parte religiosa, aunque me sentí a gusto viendo a muchos de ellos, porque para bien y mal, ellos son los monumentos andantes del pueblo judío. No estoy seguro de haber sentido la necesidad de que esto tiene que ser parte de mi cotidianeidad pero no me molestaría si tuviera tranquilidad profesional, económica y sentimental.
En fin, solo comparto lo agradable que fue esta noche, y de alguna manera, toda esta semana en Jerusalem, a pesar de momentos muy fastidiosos con la burocracia, con el tráfico (construyen un tranvía y eso tiene muchas calles cerradas y cambios de direcciones y letreros), a pesar del calor abrumador del día y de la falta de tiempo que uno siente estando aquí, en toda Israel, aunque a la vez, es sorprendente como están llenos los cafés y restaurants a todas horas.
Jerusalem ha cambiado algo, pero sigue siendo una ciudad de paisajes, de colores y de diversidades. Lo antiguo y lo moderno coexisten con cierta gracia y tensión como su gente. ¿Se puede vivir solo de eso? No. ¿Se puede “vivir y disfrutar eso” si hay condiciones de vida buena como las que tienen la mayoría de los que nacieron aquí? Si. No se vive solo de paisajes y de significados profundos, pero que agradable es cuando eso se puede unir a una seguridad personal (salud, sustento, etc), y que agradable es poder caminar por cualquier lado sin miedo, y que al perderse, se pierda también la sensación de trivialidad que normalmente nos embarga.
Recomiendo visitar, tener estas experiencias.
Shabbat Shalom
..He aqui un link con musica e imagenes de Jerusalem)
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Artículo actualizado e inicialmente publicado en Julio del 2008….
Algunos, en la victoria deportiva, se enorgullecen de “vestir la camiseta de la selección” o en la derrota, de “dejar el pundonor en el terreno de juego”, mientras que a otros se les escapa una desafortunada frase luego de un más desafortunado partido, durante ese ritual que llamamos “ruedas de prensa”, y dicen cosas como: “…dejo el patriotismo para los que van a la guerra”.
Durante el Mundial Sudafrica 2010, durante un entrenamiento de la selección francesa, el futbolista Nicolas Anelka insultó procazmente al entrenador Raymond Domenech, y alguien lo delató, por lo cual, hecha pública esta noticia, no quedo más remedio que expulsarlo de la selección en pleno campeonato. La exclusión de Anelka – quien seguramente le dijo a Domenech lo que el resto de los jugadores y fans de la selección francesa anhelaban decirle a este displicente entrenador – hizo que el capitán del equipo, Patrice Evra, manifestara que “se debe eliminar” al “traidor” que filtró esa información a la prensa.
El futbol tiene leales y traidores, como todas las guerras, y éstas no son exclusivos asuntos de patriotismo pues siempre han existido mercenarios, soldados que la hacen por órdenes, e incluso, autómatas adoctrinados para matar y morir en nombre de dios, ideologías o por instinto de destrucción (lo que Freud denominó “pulsión de muerte”). Sin embargo, cuando se trata de campeonatos mundiales y regionales, negar el patriotismo es casi una herejía para quienes ponen en los pies de una selección, – porque en este caso no es en las manos, – la identidad nacional.
El fútbol tiene un poder casi sobrenatural sobre millones de personas y por eso ha sido opio para pueblos, utilizado por dictadores como Mussolini o Videla; fue última excusa para guerras como la de Honduras y El Salvador en 1969; genera violencia y muertes en diversos grados y gradas, e incluso, puede convertirse en “la continuación de la guerra por otros medios” como en aquella revancha por las Malvinas que protagonizaron Argentina e Inglaterra en el Mundial de México 86.
El entrenador de la selección de Perú, Chemo del Solar, tuvo razón “pero igual va preso” cuando minimizó el significado patriótico de una goleada que recibió su equipo contra Uruguay en la fase eliminatoria del Mundial Sudáfrica 2010. En cambio, el técnico holandés de Rusia, Guus Hiddink, sí comprendió “filosóficamente” lo que es el fútbol para millones de personas, y por eso se adelantó a ironizar que quería “ser el traidor del año en Holanda “y con mayúsculas”, antes de que, efectivamente, su equipo derrotara a “La Naranja Mecánica” en cuartos de final de la Eurocopa 2008.
En el mismo campeonato, Lukas Podolski, jugador de Alemania, también fue sabio cuando al meter dos goles contra Polonia se preocupó en no mostrar alegría y luego del juego expresó que su corazón es del país en donde nació. Aun así, el partido derechista polaco, La Liga de las Familias, exigió revocar su nacionalidad, así como el político racista Le Penn, reclama desde hace años, que futbolistas de origen africano, árabe o caribeño no deberían jugar para el equipo de Francia. Estos ejemplos muestran el estado del chauvinismo e hipocresía en Europa, que ahora se traduce en draconianas leyes de inmigración, a menos que se trate de nacionalizar a futbolistas talentosos.
Así de serio se toma al fútbol: una religión de ateos, como lo definen algunos, o una ideología totalitaria, como la catalogan otros, y por eso, en nuestro balón tierra del sistema solar, conviene medir cada palabra, porque como diría el aprendiz de un viejo tirano caribeño, esto es asunto de Patria, Fútbol o Muerte.
Un artículo sobre “jugadores traidores” se puede leer en:
También, una reflexión sobre los inmigrantes turcos en Alemania a propósito de la participación del futbolista de Mesut Özil, en la selección de ese país:
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Hace cuatro años, durante el Mundial de Alemania, escribí un artículo con referencias históricas sobre el futbol y la política, el cual actualizo con motivo del actual campeonato Sudafrica 2010.
“Ganar un partido internacional es más importante para la gente que capturar una ciudad”, declaró una vez Goebbles, el brillante y siniestro propagandista del régimen de Hitler y por eso la Alemania Nazi se esforzó en organizar un excelso espectáculo en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 para demostrar la supuesta grandeza de sus deportistas y organizadores “arios”. Sin embargo, Hitler no pudo celebrar con el deporte más popular del mundo – el fútbol – lo que el fascista Mussolini logró convertir en una victoria política: los triunfos de la selección de su país en dos Mundiales consecutivos, el primero en misma Italia (1934) y luego en Francia (1938).

Así como el Duce capitalizó los triunfos de Italia en el fútbol – se especula que corrompió e intimidó a los árbitros en la Copa disputada en su país – Franco, que no pudo vanagloriarse de la victoria de la selección española en ningún torneo internacional, tomó el control de algunos equipos de la liga de su país durante la guerra civil y convirtió al Real Madrid en emblema, hasta el punto que, luego de convertirse en dictador de España obligó al equipo de Barcelona a utilizar su nombre en castellano, en lugar de catalán, les obligó a cambiar el uniforme que solía identificarse con la causa republicana y los incluyó en el torneo al cual le cambió el nombre por el de “La Copa Generalísimo”. La actual rivalidad deportiva entre el Madrid y el Barca tiene una raíz política. En 1974 en un triunfo del Barça al Madrid los catalanes se volcaron a las calles retando a la agonizante dictadura franquista con las banderas de su región y cantando su himno prohibido.
Dictaduras militares latinoamericanas también usaron al fútbol a su servicio como sucedió en Brasil 1970, Argentina 1978 – soterrando las protestas de las Madres de Mayo con los gritos de goles – y el “Mundialito” de Uruguay 1980-81.
En el actual mundial de Sudafrica están representados algunos países que viven en dictaduras, desde la aislada y totalitaria Corea del Norte, sometida desde 1948 al yugo de Kim Il Sung, y luego de su hijo Kim Jon-Il; Paul Biya, quien domina el gobierno de Camerún desde 1982 y las autocracias con fraude electoral de Abdelaziz Buteflika, en Argelia y de Laurent Gbagbo en Costa de Marfil quienes se perpetuán en el poder desde 1999 y 2000, respectivamente. El resto de los países tiene gobiernos democráticos con alternancia en el poder.
Si bien el futbol, aunque no necesariamente la FIFA, es democrático en cuanto a la igualdad de condiciones que se le dan a todos los países para participar en sus campeonatos, muchos gobiernos utilizan este deporte masivo que incita a tantas pasiones, con fines demagógicos, propagandísticos y en algunos casos, nacionalistas y chauvinistas.
Un excelente ejemplo de cómo Mussolini se entrometió en el Mundial que organizó Italia en 1934 se puede leer en el apasionante artículo Zamora, el portero que desquició a Mussolini, en:
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…entonces el organismo internacional que le intentaría poner orden al mundo sería la FIFA y no la tan desvirtuada ONU que recientemente creó un Consejo de Derechos Humanos incluyendo a China, Cuba, Arabia Saudita – entre otros países – que no están para dar consejo en esa cuestión.
Los bloques afiliados a la FIFA sustituirían a la OEA en su ineficiencia para resolver las crisis que dividen a Latinoamérica en ejes político-energéticos; a la Unión Europea (UE) que no llega a un consenso para una constitución e integrar a Turquía a su asociación; y a los organismos asiáticos y africanos, impotentes ante conflictos regionales de larga data como los de Sri Lanka, Taiwán, Sudán y el Congo, etc.
La Federación Internacional de Asociaciones de Fútbol, FIFA, tiene sus problemas internos y ha sobrevivido a más de un escándalo – algunos graves – pero es incuestionable que desde su fundación en 1904 ha sido una eficaz, severa y organizada institución planetaria con logros geográficos como, por ejemplo, colocar a Israel, Turquía y Azerbaiyán en el “mapa” de la Confederación Europea de Fútbol (UEFA); mediando con países sin relaciones diplomáticas como Irán y Estados Unidos en torneos mundiales – logrando que se reconozcan frente a un balón – e incluso; forjando alianzas como las de Corea del Sur y Japón en la organización del Mundial de 2002.
El Mundo según la FIFA
Todas las naciones miembros de la ONU están también afiliadas a la FIFA con excepción de dos que compiten en canchas mundiales como representantes de sus países, aunque no tengan plena membrecía en los edificios de Nueva York y Ginebra: Palestina y Taiwán, cuyos equipos juegan en las eliminatorias para Mundiales de Fútbol sin el estatus de ser estados independientes.
La FIFA no se enreda, como la UE, en integrar a países que geográficamente – en los mapas – están en Asia, y por eso, los asocian a la UEFA, incluyendo a Rusia que tajantemente -en el ámbito político – se opone al ingreso de ex republicas soviéticas como Ucrania, Bielorrusia y Armenia al organismo europeo. Tampoco hay problemas de que naciones de mayoría islámica como Turquía, Azerbaiján y Kazajstán pertenezcan a la UEFA – al igual que Israel, aislada del bloque asiático – por oposición de algunas naciones musulmanas empeñadas en negar su derecho a existir.
En la geografía de la FIFA países con atávicos conflictos como los surgidos de la extinta Yugoslavia, se encuentran a jugar con respeto, como también lo hacen la protestante Inglaterra con la católica Irlanda y la divida Irlanda del Norte y los armenios con Turquía – país al cual le exigen reconocer el genocidio ejecutado contra su pueblo a principios del siglo XX.
A diferencia de la ONU, en donde dominan las grandes potencias, en la FIFA todos los países tienen el mismo estatus; y así, la isla de Malta con 398 mil habitantes, el principado de Andorra – situado entre Francia y España – con 78 mil pobladores, las Islas Feroes – entre Escocia e Islandia en el Atlántico Norte – con 48 mil, y San Marino – cerca de Italia – con 27 mil, tienen las mismas oportunidades de llegar al Mundial que las grandes y populosas Inglaterra, Francia, Alemania y Rusia. También la FIFA ha divido al continente americano en dos bloques, el sudamericano y la CONCACAF – centro y norte – afiliando a Guyana Inglesa, Guyana Holandesa y Surinam, del sur, con las islas del Caribe, Centroamérica, Estados Unidos y Canadá. La OEA no se ha quejado por este desmembramiento.
Para la FIFA hay seis continentes en el mundo y todos sus países, sin distinción futbolística, son miembros con iguales derechos.
La FIFA y el Mundo
Con sus muchísimos defectos la FIFA ha logrado grandes éxitos en áreas de Derechos Humanos en el mundo, como por ejemplo, la difusión de su campaña de “Juego Limpio”, no solo en las canchas de fútbol sino en todas las corporaciones e instituciones que participan fomentando sus campeonatos y ligas, estableciendo alianzas con UNICEF – que protege los derechos del niño – con la OIT – que protege a los trabajadores – y con ACNUR – que vela por millones de refugiados.
Desde 1996 la FIFA ha exigido a todas las empresas y a sus organizaciones afiliadas aplicar un código laboral que impide el trabajo infantil como condición para utilizar su sello, y logró que las plantas de zapatillas Nike y Reebok eliminaran sus productos – incluyendo balones de fútbol – en fábricas en donde ocurría esta violación. El Mundial Alemania 2006 está organizado con UNICEF bajo el lema Únete por la niñez, Únete por la Paz.
En la lucha contra el racismo y la discriminación – que ha causado malestar a muchos futbolistas en canchas europeas – recientemente fueron multados equipos como el Sparta de Praga con 40 mil euros por insultos discriminatorios y acciones violentas de sus fanáticos contra jugadores africanos durante un encuentro de la Liga de Campeones. También la Federación Española de Fútbol ha tenido que disculparse públicamente por este tipo de incidentes, y ante la proliferación de la xenofobia, las autoridades de la FIFA han exigido a los gobiernos de Europa legislar contra este éste flagelo dando el ejemplo al anunciar severas medidas para el Mundial 2006 y futuros campeonatos, que incluyen, desde bajar puntos a los equipos que no controlen a manifestaciones racistas de sus simpatizantes hasta descalificarlos de competencias internacionales por un periodo que puede durar hasta dos años.
El “Consejo de Seguridad” de la FIFA
Si la FIFA tuviese en sus manos la potestad de lidiar con hostilidades generadas y avivadas por miembros que conforman a la ONU quizás hubiese más sanciones y advertencias para impedir el agravamiento de la situación mundial, puesto que sus resoluciones para situaciones conflictivas han sido mucho más frecuentes y eficaces que las que suelen tomar las Naciones Unidas con los países que la conforman.
El mayor desafío con el que lidió este organismo de fútbol fue la “Tragedia de Hesyel” de 1985 cuando en ese estadio de Bélgica, una avalancha de partidarios de Liverpool y Juventus en una copa de final europea causó la muerte de 39 aficionados y 600 heridos. La UEFA sancionó a los clubes ingleses prohibiendo su participación en competencias europeas durante cinco años para frenar la violencia de sus fanáticos radicales, “hooligans” – afectándolos deportiva y económicamente.
La FIFA no ha vacilado en multar a federaciones y selecciones nacionales por incidentes de racismo, insultos y ofensas a jugadores, ha sancionado a árbitros por casos de corrupción y negligencia, y no ha dudado en expulsar indefinidamente a países como Bangladesh hasta que cumplan con la resolución de situaciones irregulares. Solo en 2006 selecciones como Turquía, Italia, Holanda y Francia, y equipos como el Real Madrid, han sido sancionados por diversos motivos – que van desde la violencia hasta casos de dopaje – sin distinción del poder y el prestigio que tienen sus ligas y federaciones.
En los estadios de fútbol se encuentran y se abrazan por un gol o por consolarse en la derrota etíopes y eritreos; hutus y tutsis de Ruanda; israelíes y palestinos y tantos otros jugadores y fanáticos cuyos representantes – a duras penas – se entienden en mesas de negociación; los partidos entre argentinos e ingleses se asemejan a una revancha de la Guerra de las Malvinas en términos cordiales y sin muertes; el famoso equipo de Chelsea – durante años asociado con “hooligans” violentos, fascistas, antisemitas y neo-nazis es ahora dirigido por el magnate ruso judío, Roman Abramovich, y con su ola de victorias, todos se olvidaron de sus prejuicios – y lo más importante – entre las grandes potencias que encabezan el “consejo principal de torneos”, en lugar de estar Rusia, Estados Unidos y China, como en el Consejo de Seguridad de la ONU, se encuentran países como Brasil, Argentina y España.
Si definiéramos a nuestro mundo como balón en lugar de planeta, quizás la FIFA sería la ONU y entonces, podríamos estar un poco mejor organizados y representados. Es está una propuesta, algo ilusa, de “gol-balizar” al mundo.
Las confederaciones continentales afiliadas a la FIFA
- Aunque la fase final del torneo se realiza cada cuatro años desde 1930, el proceso dura más de dos años y medio. Actualmente, cerca de 200 selecciones nacionales de fútbol participan en la fase previa clasificatoria, en la que se determina a los 32 finalistas que participarán en una competencia que dura aproximadamente un mes en un país previamente elegido.
- Francia 1998 trajo curiosamente el enfrentamiento de dos selecciones y dos culturas opuestas. Estados Unidos e Irán, formaban parte del mismo grupo. Cuando el partido iba a empezar, el golero iraní se acercó a la tribuna que estaba a espaldas de su arco, y le entregó un ramo de rosas a una aficionada norteamericana. Un gesto imborrable.
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