En octubre de 2026, la web del diario español Debate publicó un artículo del abogado, economista y columnista Ignacio Foncillas titulado «El desprestigio del Nobel de la Paz». Sus reflexiones son pertinentes ante la polémica por la concesión del Nobel de la Paz 2026 a Navi Pillay, abogada sudafricana reconocida por su lucha contra el apartheid y su participación en causas relacionadas con el genocidio de Ruanda y las investigaciones sobre la guerra de Gaza.

El problema con el Nobel a Pillay es doble. Primero, consolida el uso tergiversado de la palabra «genocidio» para describir el conflicto de Gaza, algo que, en el mejor de los casos, responde a activismo político y, en el peor, encubre una nueva forma de antisemitismo. Jurídicamente, el genocidio exige demostrar la intención específica de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso. Considero que esa intención no ha sido demostrada en Gaza, más allá de las inaceptables declaraciones de algunos ministros israelíes ajenos a las decisiones militares. La acusación de genocidio se tramitó ante la Corte Internacional de Justicia, que decidió acusar a Netanyahu de crímenes de guerra, no de genocidio. Ni siquiera Pillay tuvo la humildad de sus pares, los fiscales de esta última.
Foncillas añade una crítica contundente: «El premio a Navi Pillay confirma un problema más profundo: un galardón creado para honrar la paz se ha convertido, demasiadas veces, en el instrumento con el que el establishment internacional se premia a sí mismo con una clara agenda política».
Y prosigue: «El Comité Nobel ya no está premiando simplemente a una persona. Está premiando una concepción del mundo: tribunales supranacionales, Naciones Unidas, jurisdicciones internacionales y una arquitectura burocrática que se considera depositaria de una legitimidad moral superior a la de los Estados y, demasiadas veces, a la de sus ciudadanos».

Las instituciones buscan aumentar su prestigio para ganar más dinero y ampliar a su personal y mandato. El Nobel de la Paz debería entregarse, exclusivamente, a personas que arriesgan sus vidas y libertad por causas justas.
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