Como siempre en septiembre, la ONU se convierte en la pasarela donde varios jefes de gobierno tienen unos minutos para vanagloriarse de sus supuestas acciones “por la paz y la solidaridad” internacional.

Antes y ahora hubo discursos mentirosos, situaciones absurdas —como el presidente soviético Jrushchev golpeando con su zapato la mesa de su delegación por su desacuerdo con un orador; las casi cuatro horas y media de discurso de Fidel Castro; o el dictador libio Gadafi rompiendo la Carta de la ONU durante una intervención— y cierto surrealismo.


Pero en los cínicos tiempos de hoy, ya todo parece permisible.
Mientras una misión internacional independiente de la ONU sobre los Derechos Humanos en Venezuela advierte que la estructura de poder que los viola permanece intacta y es ejecutada por las mismas personas, Delcy Rodríguez, convertida en trofeo de la operación que removió a Maduro y del neocolonialismo en Venezuela, se presenta descaradamente como “presidenta encargada” en la Asamblea General con la venia de su jefe a quien durante años acusó de imperialismo. La oposición venezolana se siente humillada porque considera ilegítimo y usurpador al gobierno chavista, mientras para los pocos chavistas “duros” que quedan resulta humillante que Delcy y Jorge Rodríguez, junto a Diosdado Cabello, hayan cambiado el discurso y comportamiento de más de 20 años para arrimarse a la libertad, la impunidad y la buena vida que, por ahora, les garantiza el gobierno de Trump.
Un show así es normal en la ONU de hoy: los repetitivos discursos de Trump y su American Dream; Milei criticando a una organización que considera inútil y parasitaria —¿entonces para qué va? —; Netanyahu siempre altanero y sin matices; el presidente iraní, para quien siempre los subditos del Ayatolá de su país son siempre víctimas e inventa que Israel quiere liquidarlos; y dirigentes europeos que todavía parecen creerse con derecho a juzgar a gobiernos de sus antiguas colonias y algunos que no tienen mucho que decir hacen lo que sea para llamar la atención.

Va siendo hora de utilizar la Inteligencia Artificial, antes de que nos destruya, para pensar cómo cambiar la ONU o qué nueva organización podría sustituirla. Y mientras se busca reemplazo para Guterres, la favorita es la costarricense Rebeca Grynspan. Tal como avanza el antisemitismo, quizá debería reconsiderar su candidatura a una institución tan deteriorada que termina siendo, también, un reflejo de la humanidad.

Rebeca Grynspan Mayufis- Ex vicepresidente y economista costarricense. Secretaría general de la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo y posteriormente, administradora asociada del Programa de la ONU para el Desarrollo. Es hija de refugiados judíos polacos sobrevivientes del Holocausto
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