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“Montmatre, Dolores, Buchenwald, abismo/del Kremlin en obscena epifanía/tan Federico Sánchez que sufría/por intentar ser otro siendo el mismo”. Joaquín Sabina. ‘Federico Sánchez se despide de ustedes’. 09/06/11.

Jorge Semprún, escritor, político y lúcido intelectual fue enterrado la semana pasada en Paris con la bandera republicana de España – su país de nacimiento – recubriendo el ataúd que lo condujo al tramo final de su físico “largo viaje” (título de una de sus más importantes obras). Nada más simbólico para el funeral de un sobreviviente del Holocausto que transformó su experiencia en la de un hombre universal.

Semprún combatió en la Resistencia,  junto a varios exilados españoles, contra las fuerzas de ocupación Nazi en Francia y tras ser atrapado, fue deportado a Buchenwald. Su experiencia en el campo de concentración lo dejó marcado como un hombre ético, pero no ingenuo, como bien se denota de esta respuesta al periodista Ricardo Cayuela Gally en una entrevista realizada en 2003: “Cuando el pacifista dice ‘Todo antes que la guerra, ya que la vida debe estar por encima de todo’, esto implica la permanencia en el poder de Hitler, si lo trasladamos a los años treinta. No soy pacifista en ese sentido: la paz me parece un valor fundamental, pero, porque es fundamental, a veces es necesario sacrificarlo a algo que permite que siga siendo un valor fundamental. Hay guerras justas que te aseguran una paz justa”.

En su segundo relato testimonial, “Autobiografía de Federico Sánchez”, Semprún evoca su época  cuando clandestinamente, bajo ese falso nombre, enfrentó a Franco, y luego, desencantado de una ideología que se quedó congelada en la historia con la adoración a Lenin y a Stalin, abandona al partido comunista español desligándose de dos totalitarismos que lo persiguieron y uno que casi lo hace caer en los tentáculos de sus fanáticos seguidores que no fueron capaces, como él, de ver las similitudes entre los campos Nazis y los del Gulag soviético.

            El último cargo político que aceptó fue el de ministro de cultura del gobierno socialista de Felipe González (1988-1991), y lo dejo por discrepancias con los desencuentros y casos de corrupción que relató en su “Despedida de Federico Sánchez”.

Semprún el resistente, el sobreviviente, el luchador clandestino, el comunista, el desencantado de las ideologías, el escritor, pensador, guionista (de Resnais, de Costa-Gavras, etc.), fue sobre todo, él y sus circunstancias: un ser humano con el compromiso de la libertad no condicionada a ninguna ideología, solo al de su conciencia.

Pasó con Stalin en un primer intento de Nikita Kruschev durante los 50,  y luego a partir de Gorbachov; y luego de la II Guerra Mundial también con Hitler y Mussolini. Ellos fueron dictadores adorados por multitudes, elevados a la categoría de semidioses y junto a algunos de sus semejantes terminaron pasando a sitiales de los horrores de la historia que hoy, en la mayoría de los países que los “engendraron”, representan los períodos más vergonzosos de sus pasados. Ocurrió también con dictadores que terminaron sus días vengados por víctimas de su terror transformados en asesinos, con el Zar Nicolás II, asesinado junto a toda su familia en 1918, con Anastasio Somoza, quien sufrió un atentado en 1980, y  el rumano Ceauşescu, luego de 24 años en el poder, fusilado junto a su esposa en 1989.  Todos ellos, tras su muerte, se resquebraron cual ídolos de porcelana.

Es el turno Hosni Mubarak, quien pasó de ser el gran jefe supremo de Egipto al chivo expiatorio de todo el régimen militar que lo respaldó por 30 años. Ahora al ex dictador sacrificado en nombre de quienes hasta hace poco lo acompañaban, lo humillan sus herederos que permanecen en el poder  intentando que el pueblo egipcio los desvincule de su larga lealtad a Mubarak.

El oportunismo de los cómplices a la dictadura que luego intentan hacerse pasar por demócratas es un viejo vicio pero funciona para algunos como Putin, ex jefe del servicio secreto soviético KGB, hoy un líder popular en Rusia,  y es también notorio en el caso de los que desertaron del gobierno de Gadafi en Libia, luego de apoyarlo por décadas.  Poca es la ideología y más la conveniencia de los que acompañan a los ex golpistas que siguen haciendo hoy, golpes desde el poder, en Asia ex-soviética, en Latinoamérica y en África con sus Mugabe y Omar al Bashir (el primero pasó de ser el héroe de la independencia al depredador de la libertad y la economía de Zimbabwe, y el segundo se transformó en el dictador islamista de Sudán luego de haber sido un revolucionario de izquierda).

Algunos dictadores mueren en la cama y lleno de riquezas en el exilio como Idi Amin Dada y el último Shah de Irán; otros en casa sin ser juzgados como Pinochet y Stroessner;  y hay quienes fallecieron estando en el poder y pensaron que serían recordados como héroes como Duvalier padre o Tito en la ex Yugoslavia. Los hay de todos los tipos, en todos los continentes y de todas las ideologías, pero por alguna razón, como lo confirma el caso de Mubarak, solo en algunos totalitarismos de izquierda hasta ahora, persiste la adoración a quienes privaron de libertad y prosperidad a sus pueblos: Mao en China, Kim Il Sung en Corea del Norte, y Fidel Castro quien está a punto de lograrlo aun cuando ha vivido para ver y apoyar cambios que demuestran el fracaso del sistema que gracias al aislamiento y la represión logró sostener en Cuba.

 ¿Se encargará el tiempo de ponerlos a todos, sin excepción, en el mismo registro de personas cegadas por el poder que expropiaron la libertad de millones de personas, sin importar sus ideologías y excusas? A fin y al cabo, hasta los ídolos más antiguos, se desmoronaron en los anales de la historia.

Son sanciones, pero no lo son, porque el anuncio de Estados Unidos de castigar a la petrolera venezolana Pdvsa, junto a otras cinco que no cumplieron con el embargo de gasolina impuesto por la ONU a Irán en junio de 2010 a raíz de su agresiva política nuclear, no afecta la operatividad de la empresa. Simbólicamente, la administración Obama da una advertencia al régimen venezolano por su delirante política exterior sin que su país arriesgue su relación privilegiada como principal cliente de Pdvsa, y por eso, el circo mediático organizado por el gobierno imperialista bolivariano contra EEUU – que en 2003 hizo algo similar al suspender el suministro petrolero a Republica Dominicana durante tres meses por otorgar residencia al ex presidente Carlos Andrés Pérez – luce como una escena de teatro del absurdo.

Son unilaterales pero no son, las sanciones de EEUU puesto que la resolución 1929 apoyada por el Consejo de Seguridad de la ONU – con apoyo de Rusia y China – establece  políticas punitivas a Irán que se insertan en una resolución más amplia de 1996 en la cual los estados miembros pueden imponer sus propias sanciones sin consultar a los demás. ¡Comedia de capa y espada de los países poderosos!

Parece divertida pero no es, la reacción del gobierno de Venezuela de movilizar a sus empleados públicos convertir algo tan serio como la advertencia de EEUU en una loa a Chávez por su comedia de figurón al entrometer irresponsablemente a todo un país en un conflicto lejano. Tragicomedia de teatro negro – color petróleo – y no el maravilloso de los mimos de Praga sino el de los opacos serviles a un autócrata en Caracas.  (Vea, si tiene vísceras, algo del “teatro de oro negro del régimen actual venezolanos en http://www.youtube.com/watch?v=6ZCU6_XcToM y no dejen de echar un vistazo al Teatro Negro de Praga en http://www.youtube.com/watch?v=VnGoPjAPtDA y http://www.youtube.com/watch?v=MREJV_iGPZ4&feature=related

En su artículo “¿Defender a Pdvsa? Sí, pero de los chavistas”, Elides J Rojas expresa: “Un país quebrado, que depende absolutamente del chorrito de petróleo que le compra diariamente su archienemigo EEUU y que con esa platica hace populismo, hace buenos regalos a sus panas comunistas, mantiene extrañas relaciones con grupos como las FARC y, si queda algo, compra la comida para sus súbditos; tiene además en sus líderes los más heroicos exponentes del comunismo mundial. Cosa rara en esta época, pero es así. Estos extraños comunistas tienen familias ricas con posesiones en tierras y bienes que ni un clase alta gringo podría soñar…”

                     

La «revolución» de Chávez – abierta o secretamente –  es, en términos de géneros teatrales, una farsa de consecuencias muy trágicas.

ENTRE JAMÁS Y HAMAS

El gobierno de Benjamín Netanyahu ha desperdiciado dos años para avanzar en negociaciones con el primer liderazgo serio y eficiente que han tenido los palestinos desde la fundación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en 1964.  

Por años fue comprensible el escepticismo de los israelíes ante la posibilidad real de coexistir en el Medio Oriente tras años de atentados suicidas contra sus civiles por parte de la Autoridad Palestina (AP) mientras estuvo gobernada por Yasser Arafat (1993-2004), quien hablaba de paz pero promovía la guerra, y tras el  retiro de Israel del Líbano, en 2000 y de Gaza en, 2005, que en lugar de traer tranquilidad a sus ciudades del norte y del sur, desató frecuentes bombardeos y ataques de los grupos islamistas Hezbolah y Hamas, respectivamente.

Sin embargo, la ruptura del grupo moderado de la OLP, el Fatah, del radical islamista Hamas, que en 2007 hizo un golpe de Estado en Gaza, hizo que el presidente de la AP, Mahmoud Abbas, junto a su Primer Ministro, Salam Fayyad, generaran una nueva realidad de estabilidad y prosperidad en Cisjordania que los palestinos no habían gozado bajo el imperio turco, británico, el reinado de Jordania y la ocupación israelí. Fayyad, un economista y profesor universitario que trabajó en Fondo Monetario Internacional, aceptó el reto de crear la infraestructura para una futura Palestina independiente presentando un plan de gobierno en 2009 que estimula la separación de poderes, una economía de mercado, la construcción de colegios, hospitales, bancos, etc. y ha creado un estado de facto que también ha sido sumamente eficaz en desmantelar y apresar a miembros de grupos violentos palestinos.

 Abbas y Fayyad

“El Fayyadismo”, como lo definen varios analistas, ha transformado a Cisjordania en un territorio que ahora puede exhibir al mundo tal estabilidad y progreso, hace casi imposible que la mayoría de las naciones se puedan oponer a la proclamación simbólica del estado palestino que se hará en la ONU en septiembre.

El gobierno de Netanyahu perdió un precioso momento histórico, no porque sea extremista (si bien una minoría de sus miembros lo son), sino porque sus ambiciones de poder y las de muchos de sus ministros, han creado una situación en la cual el Primer Ministro no se atreve a tomar riesgos – como lo hicieron Rabin, Peres y Barak  en el pasado – para intentar un doloroso pero realista acuerdo final con Abbas. Por otra parte, el acuerdo entre Fatah y Hamas de intentar restaurar un gobierno de unidad nacional en Cisjordania y Gaza, si bien es celebrado por la mayoría de los palestinos, otorga una excusa a Netanyahu para no negociar puesto que Hamas expresa un tajante jamás al derecho de Israel a existir y justifica al terrorismo como instrumento legítimo de lucha.

   Niños de Hamas

La maniobra palestina del acuerdo Hamas-Fatah ha hecho que la mayoría de los israelíes concientice que los  “jamás” de Netanyahu impidieron un acuerdo importante para iniciar el estado palestino en una moderada Cisjordania, pero si Abbas y Fayyad quieren hacer un jaque mate diplomático tendrán que obligar a Hamas a reconocer a Israel y abandone las armas, puesto que de lo contrario, no solo corren el riesgo de que el grupo islamista revierta sus logros, sino también, de que imponga la violencia.

Recomiendo leer los siguientes artículos:

His Life Mission by Aluf Benn in:

http://www.haaretz.com/weekend/week-s-end/his-life-s-mission-1.362977

¿Palestina Soberana? por  Moises Naím (Abril 25, 2011)

http://www.moisesnaim.com/it/node/414

 Bibi´s Bluster by Fareed Zakaria in Newsweek International

http://www.newsweek.com/2010/03/18/bibi-s-bluster.html

Hamas division?

http://www.haaretz.com/news/diplomacy-defense/palestinian-unity-deal-exposes-divisions-in-hamas-leadership-1.364021

 The israeli reality that Obama does not understand by Merav Michaeli

http://www.haaretz.com/print-edition/opinion/the-israeli-reality-that-obama-doesn-t-understand-1.363442

Netanyahu peace´s stand is runing Israel into a wall

http://www.haaretz.com/print-edition/opinion/netanyahu-s-peace-stance-is-running-israel-into-a-wall-1.364109

A continuación, de la página web de la Facultad de Comunicación Social de la UPC, en Lima, trabajos de algunos de mis estudiantes del curso de Análisis Internacional que allí enseño.

Entre a este link y haga click en donde está indicado:

http://fcomunicaciones.wordpress.com/2011/05/19/mapa-de-articulos-periodisticos-de-analisis-internacional/

               En las escuelas de Comunicación Social se repite mucho el famoso refrán chino de que “una imagen vale más que mil palabras” (en su original es “una imagen puede expresarse en diez mil palabras”); pero en un mundo de programas de computación sofisticados con los cuales es muy fácil hacer montajes fotográficos y fílmicos esta frase pierde vigencia, pues como lo demuestran famosos casos de fotomontajes, no podemos confiarnos en lo que vemos. El siglo 21 ha impuesto como nunca la cultura de la imagen, pero a la vez, la del escepticismo.

            Valga esta reflexión por la exigencia que hacen algunos  al gobierno de Estados Unidos para que muestre las fotografías del cadáver de Osama Bin Laden y así creer si realmente fue ubicado y ejecutado por sus comandos, o de lo contario, asumen que se trata de un truco demagógico para subirle la popularidad a Barack Obama, a quien por cierto, aun le falta casi año y medio para medirse en las próximas elecciones presidenciales.   Seguramente, de haber mostrado imágenes de un Bin Laden desangrado, los mismos que critican la falta de evidencia visual de su muerte hubiesen dicho – como en el caso de la filmación y divulgación de fotos del ahorcamiento de Saddam Husein – que se trata de una muestra de la arrogancia y la falta de sensibilidad de la potencia norteamericana hacia el mundo árabe y musulmán. Como suele ocurrir, Estados Unidos, para sus detractores a tiempo completo, es culpable por acción o por omisión, de casi todo lo que ocurre en el mundo.

            Con todos sus defectos, Obama y sus políticas centristas (que no pueden ser más de izquierda dado el fuerte poder del partido republicano, lobistas y corporaciones), es uno de los presidentes que más se ha cuidado de no imponer la hegemonía estadounidense a toda costa: negoció con la ONU, La Liga Árabe, la Unión Africana y la OTAN para las operaciones militares en Libia y ha delegado en Francia y Gran Bretaña el liderazgo en ese conflicto; permite que sea China el gran mediador del conflicto entre las dos Coreas; estimuló que Brasil fuera el país que intercediera para conseguir una salida a la crisis de Honduras y ante la torpeza de la diplomacia de Lula al recibir en su embajada al derrocado ex presidente Zelaya, se buscó la mediación de Oscar Arias; y con Rusia, ha accedido a desmantelar el proyecto de misiles estratégicos en Polonia y el País Checo a cambio de colaboración para enfrentar al régimen iraní que busca, y no para fines pacíficos, la manipulación del átomo.

            Hay mucho que criticar a Obama, y sobre todo, su fracaso en cerrar la prisión de Guantanamo, si bien la responsabilidad es compartida por gobiernos europeos que la critican y se niegan a recibir a sus presos, y si bien decretó el fin del uso de torturas, queda pendiente cumplir la promesa de acabar con esta zona de excepción en la más extrema ilegalidad.  Y sin embargo – y si no hubiese embargo estadounidense al imperio de los Castro – el gobierno de Obama tiene el merito de, no solo haber cumplido con ubicar y atrapar “vivo o muerto” a Bin Laden, sino también, como escribió recientemente el politólogo y humorista venezolano Laureano Márquez en su artículo “Evasión”, de haberlo hallado, curiosamente, porque “no tenía ni celular, ni teléfono, ni Facebook, ni cuenta de Twitter, ni correa electrónico”.

            ¡Que ironía y contradicción para nuestro mundo tecnológico en donde las imágenes suplantan a la reflexión hasta el punto en que no se cree en nada si no lo vemos, y tampoco sí lo vemos!

 

               Ariel Segal

                El despliegue informativo y el interés global por el matrimonio de un príncipe en Londres, la beatificación de Juan Pablo II y la muerte de Bin Laden, en una época veloz, alienante y tecnológica que  apenas nos permite adaptarnos a los cambios actuales, otorga una buena excusa para discurrir sobre el estilo de vida de nuestro siglo que nos arroja del paraíso del conocimiento reflexivo hacia un mundo de muchas noticias y poquísima contextualización.

                Luce paradójico y anacrónico que un evento social de una familia real europea, y otro religioso realizado por la única institución que sobrevivió al imperio romano antiguo, ya convertido al catolicismo – la Iglesia Apostólica Romana – haga que millones de personas de nuestra generación supuestamente racional, post-moderna y evolucionada, siga  apasionadamente acontecimientos procedentes del Medioevo. Por lo visto aquella premisa de que el ser humano es un animal de costumbres tiene un asidero aun en nuestros tiempos de ciencia e ideologías, puesto que todos necesitamos evadirnos, en mayor o menor grado, de nuestras realidades cotidianas y supuestas certezas. Es ésta, la única respuesta “disponible” a  quienes han sido implacables en despotricar en contra del exhibicionismo material y hasta frívolo, en los actuales eventos de Londres y el Vaticano por considerarlos como  grotescos ante el  contraste de la cruenta realidad de miseria que sufren la mayoría de los habitantes del planeta.

                Y tienen razón los que critican este desbalance de prioridades en un mundo groseramente desigual y pleno de indiferencia ante el dolor de los demás, pero este tipo de debates, lamentablemente, no conducen, como nunca lo han hecho, a nada. Los más epicúreos dirán que hágase lo que se haga, no se puede cambiar la realidad y por ende, no van a abstenerse de los placeres de la vida por aquellos que no los puedan disfrutar, mientras que los más sensibles pedirán un mínimo de discreción y si se puede, caridad hacia los más necesitados  ¡Eso sí! Todos discutiendo en los mismos cafés, restaurantes y clubes a los que pertenecen y la vida seguirá su curso como si nada o hasta que la Historia, con un movimiento social o un tirano populista, los alcancé cuando ya sea tarde para ellos.

                Si bien la noticia más importante del pasado fin de semana fue la muerte de Bin Laden – quien mentalmente vivía en la Cruzadas medievales – a manos de un comando estadounidense, pienso que la más escalofriante fue la del reporte que recibió la ONU sobre las órdenes de Gadafi para que sus tropas tomen Viagra y se estimulen para violar a mujeres de los rebeldes al régimen. La violencia sexual ha sido un instrumento de guerra de larga data histórica, y fue utilizada por imperios en casi todos los siglos, pero en tiempos recientes, se dio en la ex-Yugoslavia cuando el régimen serbio de Milosevic, deliberadamente, mandó a violar a musulmanas de Bosnia y Kosovo, puesto que eso condena a las mujeres de esa religión a un estatus de pérdida de dignidad.  Ahora, se utiliza la violación como arma de guerra, nada más y nada menos, con la iniciativa de un dictador musulmán contra gente de su propia religión y país.

                Es curioso que a Daniel Ortega, por ejemplo,  le indignara la boda real porque “sus símbolos y sus manos están manchadas de sangre mientras se bombardean en Libia a los pueblos” y no se inmutara porque Gadafi –  amigo de su entorno de “revolucionarios” anacrónicos – use la moderna Viagra para los viejísimos métodos perversos de destruir física y moralmente a sus compatriotas. Lo mismo se podría decir de un personaje que pensaba que continuaba Las Cruzadas de la era medieval con tecnología digital como Osama Bin Laden, quien no solo atemorizó a occidente, sino también, a millones de musulmanes moderados a quienes su organización, Al Qaeda, considera “herejes”.

                En nuestra realidad de relativismo moral, mejor el inocuo despliegue anacrónico de unos reyes y sacerdotes que la patología crónica de delirantes tiranos y fanáticos como Gadafi y Bin Laden.     

                AL ESCRIBIR ESTAS REFLEXIONES RECORDÉ UN FRAGMENTO DE LA NOVELA DE MILAN KUNDERA, “LA INMORTALIDAD” SOBRE LA PREVALENCIA DE LA IMAGEN SOBRE EL FONDO. LO COMPARTO CON MIS LECTORES:

 El presidente norteamericano Jimmy Carter siempre me cayó simpático, pero fue casi amor lo que sentí por él cuando lo vi en la televisión en chándal corriendo con un grupo de colaboradores suyos, entrenadores y gorilas; de pronto se le empezó a cubrir la frente de sudor, su cara se contrajo en un espasmo, los demás corredores se inclinaron hacia él, lo cogieron y lo sostuvieron: era un pequeño ataque al corazón. El jogging debía haberse convertido en una oportunidad para exhibir ante la nación la eterna juventud del presidente. Por eso se había invitado a las cámaras y no fue culpa suya si, en lugar de un atleta pletórico de salud, tuvieron que exhibir a un hombre envejecido que tiene mala suerte. El hombre ansía ser inmortal, y la cámara un buen día nos enseña su boca estirada en un triste gesto como lo único que recordamos de él, lo que nos queda de él como parábola de toda su vida. Entra en una inmortalidad que denominamos ridícula.

Tycho Brahe fue un gran astrónomo, pero hoy sólo sabemos de él que durante una cena de gala en la corte imperial de Praga le dio reparo salir para ir al retrete, de modo que se le reventó la vejiga y salió para unirse a los inmortales ridículos como mártir del pudor y la orina. Fue a reunirse con ellos al igual que Christiane Goethe, convertida por los siglos de los siglos en una morcilla rabiosa que muerde. No hay novelista a quien quiera más que Robert Musil. Murió una mañana mientras levantaba pesas. Cuando las levanto yo, controlo angustiado el pulso de mi corazón y tengo miedo de morir, porque morir con una pesa en la mano como mi adorado autor sería un acto digno de un epígono tan increíble, tan enloquecido, tan fanático, que inmediatamente me aseguraría una inmortalidad ridícula.

Imaginemos que en tiempos del emperador Rodolfo existieran ya las cámaras (esas que hicieron inmortal a Carter) y que filmaran el banquete en la corte imperial durante el cual Tycho Brahe se revolvía en su silla, se ponía pálido, cruzaba las piernas y ponía los ojos en blanco. Si además hubiera sido consciente de que le veían varios millones de espectadores, sus padecimientos seguramente habrían aumentado aún más y la risa, que resuena por los pasillos de su inmortalidad, sonaría aún más alta. El pueblo pediría seguramente que la película sobre el famoso astrónomo, que se avergüenza de orinar, se emitiese todos los años por Año Nuevo, cuando la gente quiere reírse y no suele tener de qué. Esta idea despierta en mí un interrogante: ¿cambia el carácter de la inmortalidad en la época de las cámaras? No dudo al responder: en esencia no, porque el objetivo fotográfico ya estaba aquí mucho antes de ser descubierto; estaba aquí como su propia esencia no materializada. Aunque no la enfocase objetivo alguno, la gente ya se comportaba como si la estuvieran fotografiando.

Alrededor de Goethe nunca pululó una bandada de fotógrafos, pero pululaban a su alrededor las sombras de los fotógrafos arrojadas hacia él desde las profundidades del futuro. Así fue por ejemplo durante su famosa audiencia con Napoleón. Aquella vez, en la cumbre de su fama, el emperador de los franceses reunió en la conferencia de Erfurt a todos los soberanos europeos que debían dar su asentimiento a la división del poder entre él y el zar de los rusos. En este sentido Napoleón era un verdadero francés y no le bastaba para su satisfacción con enviar a la muerte a cientos de miles de personas, quería además ser admirado por los escritores. Le preguntó a su asesor cultural quiénes eran las autoridades espirituales de la Alemania de entonces y se enteró de que era ante todo un tal señor Goethe. ¡Goethe! Napoleón se dio un golpe en la frente. ¡El autor de Los sufrimientos del joven Werther!  Cuando estaba en la campaña de Egipto comprobó que sus oficiales leían ese libro. Como lo conocía, se enfadó muchísimo. Reprendió a los oficiales por leer semejantes tonterías sentimentales y les prohibió de una vez para siempre leer novelas. ¡Cualquier novela! ¡Que lean libros de historia, son mucho más útiles! Pero esta vez, satisfecho de saber quién era Goethe, decidió invitarlo. Lo hizo incluso de buen grado, porque los asesores le informaron que Goethe era famoso sobre todo como autor teatral. A diferencia de la novela, Napoleón apreciaba el teatro, porque le recordaba las batallas. Y como él mismo era uno de los principales autores de batallas además de un director de escena insuperable, estaba en lo más profundo de su alma convencido de que era al mismo tiempo el mayor poeta trágico de todos los tiempos, mayor que Sófocles, mayor que Shakespeare.

El asesor cultural era un hombre competente pero con frecuencia se confundía. Goethe, en efecto, se dedicaba mucho al teatro, pero su fama tenía poco que ver con eso. El asesor de Napoleón lo confundía seguramente con Schiller. Y como Schiller estaba muy unido a Goethe, al fin y al cabo no era un error tan tremendo unir a ambos amigos en un solo poeta; es posible incluso que el asesor haya actuado conscientemente, guiado por una elogiable intención didáctica, al crear para Napoleón una síntesis del clasicismo alemán en la figura  Cuando Goethe (sin intuir que era Schilloethe) recibió la invitación, comprendió en seguida que debía aceptarla. Le faltaba exactamente un año para cumplir los sesenta. La muerte se acercaba y con la muerte la inmortalidad (porque, como dije, la muerte y la inmortalidad forman una pareja indivisible, más hermosa que Marx y Engels, que Romeo y Julieta, que Laurel y Hardy), y Goethe no podía tomarse a la ligera una invitación para una audiencia con un inmortal. Aunque estaba entonces muy ocupado con su ensayo La teoría de los colores, que consideraba la cumbre de su obra, abandonó su mesa de trabajo y fue a Erfurt, donde se produjo el 2 de octubre de 1808 el inolvidable encuentro entre el guerrero inmortal y el poeta inmortal.

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Rodeado por las inquietas sombras de los fotógrafos, Goethe sube por una ancha escalera. Lo acompaña un ayudante de Napoleón, lo conduce por otras escaleras y otros pasillos hasta un gran salón al fondo del cual, junto a una mesa redonda, Napoleón está sentado y desayuna. A su alrededor se mueven hombres de uniforme que le dan noticias a las que él responde mientras mastica. Al cabo de varios minutos el ayudante se atreve a enseñarle a Goethe, que permanece inmóvil de pie a cierta distancia. Napoleón lo mira y se mete la mano derecha debajo del chaleco, de modo que la palma de su mano toque la última costilla izquierda. (Antes lo hacía porque sufría de dolores de estómago, pero más tarde le gustó aquel gesto y recurría automáticamente a él cuando veía a su alrededor a los fotógrafos.) Traga rápidamente un bocado (¡no es bueno ser fotografiado mientras el rostro se deforma por la masticación, porque los periódicos tienen la maldad de publicar precisamente ese tipo de fotos!) y dice en voz alta, p ara que todos lo oigan: « ¡He aquí un hombre!».Esa breve frase es precisamente lo que hoy se llama en Francia una  petite phrase, o sea «una frasecita».

Los políticos pronuncian largos discursos en los que repiten una y otra vez lo mismo sin el menor pudor, sabiendo que da exactamente igual que se repitan o no, porque el público de todos modos sólo se enterará de ese par de frases que los periodistas citarán de sus discursos. Para facilitarles el trabajo y orientarlos un tanto, los políticos introducen en sus discursos cada vez más idénticos una o dos frases cortas que hasta ese momento no habían dicho, lo cual es en sí mismo tan inesperado e impresionante que la «frasecita» se hace inmediatamente famosa. El arte de la política no consiste hoy en guiar a la polis  (ésta se guía sola por la lógica de su oscuro e incontrolable mecanismo), sino en inventar petites phrases, a tenor de las cuales el político será visto e interpretado, plebiscitado en los sondeos de opinión pública y también elegido o no elegido en las siguientes elecciones.

Goethe aún no conoce la expresión petite phrase, pero, como sabemos, las cosas existen en su esencia antes aun de haberse realizado y denominado materialmente. Goethe comprende que lo que acaba de decir Napoleón es una magnífica petite phrase que les vendrá estupendamente a ambos. Está satisfecho y se acerca un paso más hacia la mesa de Napoleón. Pueden decir ustedes lo que quieran sobre la inmortalidad de los poetas, pero los guerreros son aún más inmortales, de modo que con pleno derecho es Napoleón quien le hace las preguntas a Goethe y no al revés. « ¿Cuántos años tiene?», le pregunta. «Sesenta», responde Goethe. «Para esa edad tiene muy buen aspecto», dice Napoleón con admiración (tiene veinte años menos) y Goethe se siente satisfecho. Cuando tenía cincuenta era tremendamente gordo, tenía papada y le daba lo mismo. Pero a medida que avanzaban los años pensaba cada vez más en la muerte y sedaba cuenta de que no podía entrar en la inmortalidad con una horrible tripa. Por eso decidió adelgazar y pronto se convirtió en un hombre delgado que, aunque ya no era bello, podía al menos despertar el recuerdo de su antigua belleza. « ¿Está casado?», le pregunta Napoleón lleno de sincero interés. «Sí», responde Goethe y hace al decirlo uní breve inclinación. « ¿Y tiene hijos?» «Un hijo.» En ese momento se inclina hacia Napoleón un general y le comunica una noticia importante. Napoleón se pone a pensar. Saca la mano del chaleco, pincha un trozo de carne con el tenedor, se lo lleva a la boca (esta escena ya no se fotografía) y responde masticando.

Al cabo de un rato se acuerda de Goethe. Lleno de sincero interés le hace una pregunta: « ¿Está casado?». «Sí», responde Goethe y hace al decirlo una breve inclinación. « ¿Y tiene hijos?» «Un hijo», responde Goethe. « ¿Y Carlos Augusto?», pronuncia de pronto Napoleón el nombre del soberano de Goethe, príncipe del Estado de Weimar, a quien por el tono de la voz se nota que no aprecia. Goethe no puede hablar mal de su señor, pero tampoco puede enfrentarse al inmortal, así que esquiva con diplomacia la cuestión y sólo dice que Carlos Augusto ha hecho mucho por la ciencia y el arte. La referencia a la ciencia y el arte se convierte para el inmortal guerrero en una oportunidad para dejar de masticar, levantarse de la mesa, meter la mano dentro del chaleco, dar un par de pasos en dirección al poeta y ponerse a hablar con él de teatro. En ese momento comienza a murmurar la invisible bandada de fotógrafos, los aparatos empiezan a disparar y el guerrero, que se llevó al poeta a un lado para hablar en confianza, tiene que elevar la voz para que lo oigan todos los que están en el salón. Le propone a Goethe que escriba una obra de teatro sobre la conferencia de Erfurt, que por fin garantizará paz y felicidad a la humanidad. « ¡El teatro», dice luego en voz muy alta, «debería convertirse en una escuela para el pueblo!» (Ya es la segunda hermosa petite phrase destinada a aparecer al día siguiente como gran titular de extensos artículos en los periódicos.) « ¡Y sería estupendo», añade en voz más baja, «que le dedicara usted la obra al zar Alejandro!» (¡Porque de eso se trataba en la conferencia de Erfurt! ¡A ése era a quién Napoleón necesitaba conquistar!) Después le obsequia a Schilloethe con una breve conferencia sobre literatura, durante la cual es interrumpido por las noticias que le dan sus ayudantes y pierde el hilo de sus ideas. Para volver a encontrarlo repite dos veces más, sin conexión ni convicción, las palabras «teatro, escuela del pueblo» y después (sí, por fin encontró el hilo) hace referencia a La muerte de César, de Voltaire. A juicio de Napoleón se trata de un ejemplo de cómo un poeta dramático pierde la oportunidad de convertirse en maestro del pueblo. Tenía que haber mostrado en la obra cómo el gran guerrero trabajaba para el bien de la humanidad y cómo la brevedad del tiempo que le fue dado vivir fue la única causa de que no hubiera podido realizar sus intenciones. Las últimas palabras han sido melancólicas y el guerrero mira al poeta a los ojos: « ¡He aquí un gran tema para usted!».Pero vuelven a interrumpirle. Al salón han entrado algunos oficiales de alta graduación, Napoleón saca la mano de debajo del chaleco, se sienta a la mesa, pincha un trozo de carne con el tenedor y mastica mientras oye las noticias. Las sombras de los fotógrafos han desaparecido del salón. Goethe echa una mirada a su alrededor. Observa los cuadros en las paredes. Después se acerca al ayudante que lo ha acompañado y le pregunta si debe considerar que la audiencia ha terminado. El ayudante asiente, el tenedor de Napoleón lleva a la boca un trozo de carne y Goethe se aleja…

En la década de los 50 del siglo XX, en plena conformación de la mayoría de las republicas no monárquicas árabes del Medio Oriente y del Norte de África, surgió la ideología pan-arabista como opción a la única que existía en las antiguas colonias de Turquía y otros imperios europeos, el islamismo, que planteaba la restauración de un imperio musulmán teocrático. El pan-arabismo se basó en la noción de la vinculación de todos los ciudadanos del mundo árabe por su procedencia común de la península arábiga y su lenguaje.

Es así como surgen partidos políticos militares y laicos autoproclamados “socialistas”, y llegaron al poder las élites que hasta hoy gobiernan a Egipto (desde que el carismático Gamal Abdel Nasser lideró un golpe contra el Rey Faruk en 1952) y Siria, cuando militares del llamado Partido Baath (Renacimiento) tomaron el poder en 1963, inspirando a que en Irak se formara una filial similar que destronó al Rey Faisal II del poder en 1968.   

Che Guevara visita a Nasser

 La ideología del Baath proviene de las reflexiones de pensadores sirios que creían que el nacionalismo, el pan-arabismo y el nacionalismo debían ser las alternativas modernas a las teocracias monárquicas basadas en la ley islámica del Medio Oriente (como las que hoy prevalecen en Arabia Saudita y los países del Golfo Pérsico), y la fundación del partido se hizo oficial en 1947 en Damasco. Sin embargo, en la práctica, los gobiernos que surgieron de estas ideas terminaron por convertirse en dictaduras de corte fascista, como el partido militar que permanece en el poder en Egipto – aun con Mubarak defenestrado – y el Baath iraquí que desde 1968 hasta 2003 controló al país hasta la invasión estadounidense que tumbó al régimen de Saddam Hussein. Ahora se tambalea el régimen totalitario sirio dominado por la familia al Assad, que gobierna desde 1971 (29 años el Bashir, y 11 años su hijo Hafez el Assad).

            Inicialmente, pareciera que la caída de todos estos partidos dictatoriales árabes serán buenas noticias para el mundo, pero todo depende de la situación en cada país, pues en algunos hay islamistas radicales fuertes que podrían aprovechar un vacío de poder (La Hermandad Musulmana en Egipto y Siria, Hezbolah pro-iraní en El Líbano, Al Qaeda en Yemen, etc.)

Asesinato de Sadat, sucesor de Nasser y predecesor de Mubarak, en desfile militar por parte soldados vinculados a la Hermandad Musulmana. 1981.

 (Para ver video del asesinato de Sadat ver:  http://www.youtube.com/watch?v=nwQL3N57TQE )

            Como bien dijo un funcionario de la cancillería israelí recientemente sobre el caso sirio: “Entre los rebeldes hay kurdos, hay islamistas, y hay activistas de Facebook. No creo que los tipos de Facebook vayan a controlar Siria». El sendero de los países árabes a la democracia será largo y complicado, si logra concretarse.

*The Long and Winding Road. Balada de Paul McCartney de 1970, próximo a venir a Perú.

Ver en: http://www.youtube.com/watch?v=wx25Xs6YGZs

EN HONDURAS AFRICANAS

En diciembre de 2009 el gobierno de Obama decidió suspender ventajas comerciales a Madagascar, Guinea-Conakry y Níger, aludiendo a la falta de procesos democráticos en esos países, y luego se unió a Europa para tomar medidas contra el recién derrocado presidente de Costa de Marfil, Laurent Gbagbo, quien desconoció el resultado de la comisión electoral de su país en diciembre de 2010.

Más allá de la discusión del derecho moral de Estados Unidos a criticar sobre el estado de la democracia en otros países – aunque sí tiene la prerrogativa de decidir cómo conducir sus relaciones bilaterales – más interesante es conocer las razones por las cuales, además del gobierno marfileño, los de estos tres países africanos han sido sancionados por la potencia norteamericana.

Madagascar, la cuarta isla más grande del mundo, sufrió un golpe en marzo de 2009 contra  el presidente electo Ravalomanana, y una Junta Militar le otorgó el poder a Andry Rajoelina, el joven alcalde de la capital Antananaitvo. Rajoelina entonces, cambió la constitución en un referéndum boicoteado por la oposición que considera está jugada como un intento para legitimarse en próximas elecciones que se realizarán, y en las que el ex alcalde participará y ganará (independientemente del verdadero resultado) para perpetuarse en el poder.

En una de las tres Guineas, la ex colonia francesa, luego del deceso del longevo dictador Lansana Conté en 2008, un golpe de estado frustró el llamado dela Asamblea Nacionala elecciones, y los militares, liderados por el Capitán Mussa Dadis Camara, intentaron quedarse en el poder aunque prometieron elecciones libres. En septiembre de 2009 el ejército perpetró una masacre en un estadio en donde se reunieron simpatizantes de oposición a protestar contra la dictadura, y se estudia la posibilidad de enjuiciar por crímenes de lesa humanidad al capitán Camara y a varios de sus allegados.

Herido tras un atentado en su contra, Camara abandonó el país, y luego de intensas negociaciones entre militares y civiles, el líder de oposición Alpha Condé fue elegido como presidente.

En Níger, país vecino a Nigeria, que comparten el río Níger  (lo que les otorga sus nombres), en febrero de 2010, militares depusieron al presidente Tandja. Si bien la mayoría de los gobiernos del mundo exigieron que los generales entreguen el poder a los civiles, no pidieron el regreso de Tandja, cuyo gobierno se volvió ilegitimo tras violar la constitución y forzar a un referéndum para una reelección indefinida y otorgar más poderes al presidente. El pasado 7 de abril, tras intensa presión internacional, juramento a la presidencia al ganador de las elecciones, Mahamadou Issoufu.

En los últimos dos años cuatro regímenes africanos, dos militares y dos civiles, fueron sancionados por EEUU. Tres breves reflexiones:

–          En dos años,la Asamblea Generaldela ONUsolo se reunió para analizar y condenar el golpe de Honduras. ¿Por qué solo el que ocurrió en ese país?

–          Obama ha sido consecuente, en África aunque no en otros lugares como Egipto,  ex republicas soviéticas y países latinoamericanos  en su condena a golpes contra y desde el poder (cambios constitucionales aun cuando estaba prohibido hacerlos)

–          Y para los defensores de la democracia, ¿África del centro y del sur no está en sus planos?