En 2018, un informe publicado por el diario británico The Guardian reveló que los servicios de inteligencia de Marruecos habían comprado a NSO Group, una empresa privada israelí especializada en tecnología y vigilancia, un sistema de espionaje llamado Pegasus, capaz de infiltrar teléfonos iPhone y Android.

Años después, The Guardian reveló que Marruecos utilizó Pegasus para espiar a numerosos funcionarios españoles, incluido el presidente Pedro Sánchez. Todo apunta a que este espionaje ocurrió durante la crisis de mayo de 2021, cuando Sánchez visitó Ceuta, uno de los dos enclaves españoles en territorio marroquí, en medio de una de las frecuentes crisis provocadas por la entrada masiva de inmigrantes. Algo similar ocurre en Melilla, el otro enclave español.

Cada vez que surge un roce diplomático entre el país europeo y su vecino árabe africano, las crisis migratorias se repiten. Ocurrió, por ejemplo, en 2022, cuando Sánchez modificó la histórica política de neutralidad española respecto al Sahara Occidental —antiguo protectorado español ocupado por Marruecos en 1975— y respaldó la propuesta marroquí de autonomía para ese territorio. La decisión provocó el rechazo de Argelia, que apoya al Frente Polisario y su reivindicación independentista. España debió entonces recomponer sus relaciones con Marruecos, pero el giro le costó un distanciamiento con Argelia, su principal proveedor de gas.

Días antes de la reciente crisis migratoria en Ceuta, Sánchez había viajado precisamente a Argelia, país que mantiene una disputa territorial y política con Marruecos.
Llama la atención que el gobierno de Sánchez rara vez critique la falta de vigilancia del ejército marroquí en las fronteras con Ceuta y Melilla cuando ocurren estas situaciones. Algunos medios españoles han planteado que la información obtenida mediante Pegasus sobre presuntos casos de corrupción relacionados con miembros del gobierno y el entorno familiar del presidente podría ayudar a explicar su cautela para responsabilizar directamente al rey Mohamed VI.

Sánchez parece, así, tener las manos atadas ante la compleja relación de España con Marruecos: demasiado cerca para confrontarlo y demasiado expuesto para ignorarlo.


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