En mayo de este año, la Corte Suprema de Brasil dictaminó la anulación de todos los casos que implicaban a Marcelo Odebrecht, el principal responsable del escándalo de corrupción «Lava Jato», que comprometió tanto a su país como a gobiernos y empresas de todo el continente americano. Si bien los magistrados pueden haber tenido razones jurídicas para absolver a Odebrecht y a varios de sus exfuncionarios, resulta llamativo que esta decisión se produzca tras el regreso de Lula da Silva al poder.
No debemos olvidar que fue en gran parte por los testimonios del ahora absuelto empresario que Lula pasó más de 500 días en prisión, acusado de lavado de dinero.
Otra decisión reciente de la Corte Suprema de Brasil ha sido la suspensión temporal de la red social X (antes Twitter) por «reiterado incumplimiento de órdenes judiciales». Esta medida fue tomada por el juez más influyente del país, Alexandre de Moraes, quien mantiene vínculos con Lula.
MORAES VS LA RED DE ELON MUSK.
A esto se suma al cierre de otras cinco redes sociales utilizadas por partidarios del expresidente Jair Bolsonaro.
¿Está Lula utilizando al sistema judicial de Brasil? No podemos afirmarlo con certeza, pero si estas mismas decisiones hubieran ocurrido durante el mandato de Bolsonaro muchos estarían discutiendo si la separación de poderes en la democracia brasileña está en peligro.
Además, el comportamiento de Lula genera interrogantes en el plano internacional. ¿Actúa como un verdadero demócrata cuando se abstiene de denunciar el mega fraude electoral de Nicolás Maduro en Venezuela y se niega a denunciar que el regimen de su amigo es un brutal dictadorua?
¿o cuando Lula apoya a Vladimir Putin en la guerra contra Ucrania y critica los ataques de Israel en Gaza, sin mencionar el terrorismo de Hamas ni la utilización de civiles como «escudos humanos»?
Lula parece estar en una búsqueda por redefinir su legado. Aspira a ser recordado como el fundador del socialismo democrático en América Latina, pero esa ambición parece chocar con su «corazoncito” comunista que lo vincula a sus orígenes. No es fácil para Lula desvincularse de su pasado cuando, junto a Fidel Castro, fundó el Foro de São Paulo, una organización que conectaba a partidos de centroizquierda, como el suyo, con otros no democráticos, como el Partido Comunista Cubano, el Sandinista y el PSUV de Chávez.
Ahora, el líder brasileño enfrenta el desafío de equilibrar su deseo de construir un legado democrático con las sombras de su pasado y las contradicciones que esto conlleva, un reto que le cuesta más que el precio de su famoso departamento tríplex en Guarujá, financiado con dinero de Odebrecht.
El fascismo es una ideología y una forma de gobierno que, originalmente, se asocia con la extrema derecha, ya que el término proviene del movimiento creado por Benito Mussolini. Su definición fue esbozada junto a Giovanni Gentile en «La Doctrina del Fascismo» (1932), donde se establece que «para el fascismo, todo está dentro del Estado y nada humano o espiritual existe o tiene valor fuera del Estado». En ese sentido, es la primera ideología totalitaria, luego replicada, con diversas variaciones, por el nazismo en Alemania, el comunismo bajo Lenin y Stalin en la ex Unión Soviética, y más tarde en China con Mao Tse Tung, en Corea del Norte con Kim Il-Sung, en Cuba con Fidel Castro, y en Camboya con Pol Pot entre 1975 y 1979.
El escritor y periodista George Orwell, quien se decepcionó del comunismo tras su participación en la guerra civil española (1936-1939), fue uno de los primeros intelectuales en vincular el comunismo con el fascismo, señalando que ambas ideologías son totalitarias. En un artículo periodístico publicado en Tribune, Orwell advirtió: «el pecado de casi todos los socialistas desde 1933 (año del ascenso de Hitler al poder) es haber querido ser antifascistas sin ser antitotalitarios».
En su fabula ¨Rebelión en la Granja¨ (1945), que precedió a la gran novela sobre el totalitarismo, ¨1984¨, Orwell se inspiró en la revolución rusa de 1917 para presentar la historia de los animales que derrocan al patrón de una hacienda y luego de tomar el poder en nombre de la igualdad, los cerdos se convierten en los amos que, progresivamente, explotan y amenazan a los otros animales.
La lucha por el liderazgo entre los puercos Snowball y Napoleón es una clara alusión a la disputa por la sucesión del régimen comunista entre el heredero natural de Lenin, Trotsky, quien como Snowball marchó al exilio.
Retornando al manifiesto “La Doctrina Fascista” (1932) de Mussolini y Gentile, ambos establecen que: ¨el Estado fascista reclama gobernar el campo económico no menos que los otros; hace recaer su acción a través de lo largo y ancho del país por los medios de sus instituciones corporativas, sociales y educativas, y todas las fuerzas políticas, económicas y espirituales de la nación, organizadas en sus respectivas asociaciones, circulan dentro del Estado¨.
Los primeros fascistas se declararon opuestos a la democracia y a la economía liberal, se autoproclamaron antiindividualistas, nacionalistas y militaristas. Aunque se oponían al socialismo marxista, en específico, eran nacional-socialistas. De hecho, ¿qué diferencias hubo entre el fascismo italiano y el nacional-socialismo alemán (nazismo) o el imperialismo soviético, que obligaba a adoptar el comunismo y la cultura rusa a las repúblicas sometidas? En la práctica, todos los totalitarismos han utilizado métodos fascistas para controlar el pensamiento y las almas de sus ciudadanos-súbditos.
La filósofa Hannah Arendt analizó en su antología «Los orígenes del totalitarismo» (1951) cómo los experimentos nacional-socialistas de Alemania y de la URSS fueron «hermanos gemelos». También Umberto Eco, en su texto «El Fascismo Eterno» (2006), aseguró que «el término fascista se adapta a todo porque es posible eliminar de un régimen fascista uno o más aspectos y siempre podremos reconocerlo como fascista». Eco destaca algunas características de estos regímenes: rechazo al pensamiento crítico, nacionalismo y xenofobia, obsesión por el complot, heroísmo y culto a la muerte, populismo, neolengua (utilizar términos que se aplican a quienes están en el poder y atribuirlos al «enemigo», el oponente).
En «1984», George Orwell introduce un término muy adecuado para definir el tipo de discurso utilizado por los regímenes de este tipo: «neolengua».
El objetivo del dirigente totalitario es sustituir la vieja lengua por una nueva o invertir el significado original de las palabras para controlar el pensamiento. En la novela, existen cuatro ministerios: el de la Paz, que se ocupa de la guerra; el de la Verdad, encargado de propagar mentiras; el del Amor, que administra los castigos y la tortura; y el de la Abundancia, cuya misión es planificar la economía para que la gente viva al borde de la subsistencia. El lema de los funcionarios del Gran Hermano – líder único – es «la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud y la ignorancia es la fuerza».
Cuando Orwell anticipó la neolengua del fascismo en 1947, pudo haber citado a estos personajes:
«No tenemos que avergonzarnos de las impúdicas calumnias contra la revolución, ya que tenemos un sistema electoral que no tienen otros países» – Fidel Castro (1989).
«Esta revolución es pacífica, pero armada» – Hugo Chávez (2008).
«El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar» – Che Guevara (1967).
El neo comunismo, llamado en neolengua ¨socialismo del siglo 21¨, ha utilizado la técnica de la inversión del lenguaje para demonizar a sus oponentes. Para el chavismo son ¨fascistas¨ María Corina Machado y los millones de venezolanos que votaron por Edmundo González. También Maduro y su mafia utilizan la neolengua cuando tildan a Zelensky de ¨neo nazi¨ y Gabriel Boric de ser pinochetista porque acusan a su régimen de no respetar la voluntad popular y por violaciones a los derechos humanos de todo aquel que los adversa.
La asamblea nacional chavista-fascista ha votado por una ley contra el fascismo y neofascismo que, justamente define, la visión excluyente y violenta de ellos para endilgárselo a sus oponentes. Lo que ocurre en Cuba y Venezuela de 2024 con el castro-chavismo debería inmunizar a la izquierda latinoamericana de las ideas fracasadas y totalitarias del comunismo, pero lamentablemente, el fascismo – diestro y siniestro – parece una enfermedad incurable.
MADURO ATRIBUYE CARACTERÍSTICAS DE SU REGIMEN A MARÍA CORINA MACHADO, SU EQUIPO Y SUS ELECTORES.
No hay que creer todo lo que circula en redes sociales y otros medios de comunicación sobre la posibilidad de que el régimen castrista-chavista negocie una salida con Estados Unidos para que su cúpula se retire sin pagar por sus crímenes de lesa humanidad, narcotráfico, corrupción y por entregar la soberanía venezolana autocracias como Rusia, Irán, Turquía y China. El escepticismo y el descreimiento son justificados ya que en estos 24 años ningún intento pacífico por sacar a la mafia enquistada en el poder de Venezuela ha logrado su objetivo.
Entonces, ¿hay razones para creer que esta vez sí podría haber una pequeña oportunidad de transición hacia la democracia? Con muchas reservas, considero que el contexto actual ofrece una esperanza mayor que en el pasado:
Las pruebas del golpe de Estado del mismo Estado: El deseo de cambio de modelo y de gobernantes se ha manifestado de manera clara. Las actas de votación verificables muestran que la gran mayoría de los venezolanos ya no quieren al régimen dictatorial. Incluso, para aquellos que alguna vez simpatizaron con Chávez, el progenitor del proyecto totalitario que ahora ahoga al país en miseria y persecución, el recuerdo de su legado se ha desvanecido. Además, misiones de observación electoral que Maduro permitió, como la del Centro Carter, han ratificado la victoria de Edmundo González.
El factor María Corina Machado: Una líder indiscutible no solo a nivel político, sino también espiritual. María Corina merece el Nobel de la Paz. Es una estratega brillante que logró imponerse a pesar de la inhabilitación política, una campaña completamente favorable al régimen y las trampas del fraude institucional.
El contexto internacional: Rusia está distraída tras la invasión ucraniana y la situación en Kursk, Irán está enfocada en su conflicto con Israel, el régimen cubano está debilitado por una crisis socioeconómica sin precedentes y cada vez es más odiado por su propio pueblo, mientras que China atraviesa serios problemas económicos que la mantienen ensimismada. En América Latina, el socialismo democrático de Boric, la dificultad de Petro y Lula para justificar su apoyo a la oveja negra de la izquierda, y la presencia de gobiernos de centro y derecha en varios países, limitan las alianzas significativas que el chavismo podría conseguir en la región.
Las elecciones en Estados Unidos: Biden, en busca de éxitos en política exterior que le ayuden a atraer más votos hispanos para la candidatura de Harris, y un Trump que también puede utilizar el peligro que representa el chavismo como una carta electoral, crean un escenario donde ambos partidos estadounidenses podrían estar interesados en un cambio en Venezuela.
El factor militar: Las fuerzas armadas venezolanas, que colaboraron con el comando de María Corina entregando las actas de votación, podrían estar dispuestas a retirar su apoyo al régimen de Maduro. Esta sublevación política, con el apoyo de la comunidad internacional, podría ser el catalizador para un cambio definitivo.
Si con todo este contexto no ocurre pronto un cambio en Venezuela, el país corre el riesgo de convertirse en una segunda Cuba, enquistada en el continente americano.
Venezuela ha visto cómo miles de personas valientes han luchado por la libertad y la democracia tanto en la era del reino de Hugo I como en la de Nicolás I. En 2007, cuando el autoproclamado «Bolívar» socialista intentó, a través de un referéndum, hacer cambios en la constitución «bolivariana» que sus subordinados redactaron para que encajara en la horma de su bota militar, el movimiento estudiantil y la sociedad civil lograron que la mayoría de la población votara en contra de la reforma que, entre otras cosas, buscaba insertar un artículo para permitir la reelección presidencial indefinida.
Chávez fracasó gracias a la movilización de la población civil encabezada por jóvenes universitarios, pero al poco tiempo introdujo, sin importar la voluntad popular, los cambios de ley rechazados en esa ocasión sin que aquella entelequia llamada «comunidad internacional» protestara.
Eran tiempos cuando los ingenuos pensaban que Chávez era un adalid de la justicia social y un excéntrico mandatario, sin calcular que era el comienzo de una dictadura feroz.
Luego vinieron otros héroes que lideraron a multitudes, exponiendo sus vidas, para sacar del poder al heredero de Hugo I, con aspecto y conducta de Stalin tropical: Maduro. Capriles y Guaidó hicieron lo que pudieron; Leopoldo López intentó que Venezuela se sublevara y lo pagó con torturas y cárcel. En 2017 hubo masivas protestas que provocaron una cruenta represión con miles de muertos, heridos y personas encarceladas.
Y llegó María Corina, quien, con coraje, inteligencia y demostrando ser una gran estratega se ganó el corazón de la inmensa mayoría de los venezolanos. El régimen castro-chavista se robó de nuevo las elecciones, pero esta vez de manera más grotesca que en el pasado.
María Corina, Edmundo González y sus más destacados colaboradores ahora corren peligro mientras algunos falsos demócratas como Lula, AMLO y Petro dilatan tiempo valioso para reconocer la victoria de los valientes. Ellos no solo son tibios y cobardes, sino cínicos, que solo creen en la democracia cuando les favorece.
Se mira al espejo y trata de encontrar movimientos y gestos que delaten su debilidad. Observa su rostro envejecido mientras se abotona, temblorosamente, el traje. ¡Es verdad! No puede negar que el peso de la edad se le ha manifestado en las recientes semanas, pero sabe que está perfectamente lúcido. Por eso no había cejado en su lucha por mantenerse en el liderazgo. Sus subordinados saben con qué precisión maneja todos los escenarios posibles a la hora de tomar decisiones.
Rechazó ser candidato presidencial en 2016 porque el dolor de la muerte de su hijo Beau por cáncer no le permitía concentrarse con claridad. Pudo haber buscado distraer el sufrimiento con los avatares de una compleja campaña electoral y luego, si ganaba la presidencia, permitir que el aroma y sabor del poder, así como el tiempo que consume, lo distrajera del recuerdo doloroso reciente y el más lejano como la muerte de su primera esposa y una de sus hijas en un accidente de tránsito.
En ese momento su partido tenía una candidata natural que parecía que derrotaría al contrincante desbocado y agresivo que cambió al partido republicano. Lamentablemente, Hillary no logró el objetivo y el fantasma de la intolerancia, la división y del egocentrismo como ideología germinaron y, aunque él logró domesticarlo durante cuatro años, aún persiste.
Por eso, esta no era una elección más, sino un asunto existencial para la democracia. Sin embargo, ya firmado su anuncio de retirarse de la contienda electoral, ahora lo llamaba su esposa: «Joseph, Joe… es hora de dirigirse a la nación».
Y así Biden se dirigió al podio triste, pero confiado en que sus ¨hermanos¨ de partido avalaran a su candidata Kamala, y así se están dando las cosas. Su objetivo no es el poder por el poder mismo porque, se trata de una misión de detener las faraónicas metas de control que buscan atravesar un Nilo de Mar-a-Lago a Potomac. Joseph interpreta el sueño y se sacrifica por quienes tiene miedo a perder la libertad.
¿Ganará las elecciones presidenciales de Venezuela el candidato del partido de María Corina Machado, Edmundo González?
La respuesta parece ser un rotundo sí, según todas las encuestas y las manifestaciones populares durante la campaña electoral, a pesar de la censura del chavismo a los medios, las amenazas a empleados públicos para que voten por Maduro y muchas otras trampas, incluido el fraude del Consejo Electoral.
Sin embargo, ¿será reconocido González como el presidente electo? Esa es una pregunta diferente y hay diversos escenarios, algunos de los cuales no se abordan en este artículo:
Lo más probable es que el chavismo consolide su fraude sin ninguna vergüenza y declare una victoria ajustada para Nicolás Maduro. No obstante, existen otras opciones que los herederos del estilo dictatorial de Hugo Chávez podrían emplear para perpetuarse en el poder:
El chavismo podría buscar impugnar o convocar nuevas elecciones después del 28 de julio, utilizando alguna estrategia que impida a Edmundo González asumir en enero de 2025.
El chavismo podría otorgar poderes especiales a la Asamblea Constituyente – que no ganó las últimas elecciones parlamentarias – para que el futuro presidente no pueda gobernar, precipitando su caída antes o después de enero de 2025.
El chavismo podría crear, al igual que hizo con la Asamblea Constituyente, un nuevo poder ejecutivo con mayor autoridad que el presidente, transformando el cargo del gobernante electo en una figura simbólica. Este sería un modelo similar al de Erdogán en Turquía, quien cambió el sistema parlamentario al presidencialista y gobernó su país primero como primer ministro (2003-2014) y luego como presidente con más poderes desde 2014.
REPORTAJE DEL MODELO ¨ERDOGÁN¨ DE 2027.
El escenario más óptimo: el chavismo se fragmenta y reconoce la victoria de la oposición con un gobierno de transición encabezado por Edmundo González. Esto sería lo ideal, pero es más probable una situación parecida a la transición chilena a la democracia cuando Patricio Aylwin asumió la presidencia en 1990, mientras Pinochet continuó como ministro de Defensa hasta 1998.
En el caso venezolano, el pérfido Vladimir Padrino, encargado de las fuerzas armadas desde 2014, se mantendría en su cargo en un gobierno de transición.
Quien esto escribe no pretende emular en lo más mínimo un texto literario y esplendido como «La guerra y la paz» de Tolstoi, ni mucho menos afirmar conocer con detalle lo que incluso los bolivianos apenas saben sobre lo ocurrido el fatídico 26 de junio pasado. En esa fecha, el presidente Luis Arce, desde La Paz, responsabilizó a un grupo de militares de intentar un golpe de estado. La imagen de una tanqueta ingresando al palacio presidencial parece respaldar las acusaciones del mandatario, aunque su ex general, Juan José Zúñiga, declaró que sus acciones respondieron a un pedido del mismo presidente para simular un golpe y así mejorar su debilitada popularidad. Evo Morales también se ha respaldado esa hipótesis.
Dejo a los «expertos» el debate sobre la veracidad del intento de derrocar al gobierno de Arce. Lo que sí es digno de destacar es la rápida reacción de todos los jefes de estado de América Latina al condenar cualquier intento de desconocer a un gobierno legítimamente electo. Este apoyo fue notorio, sobre todo, de aquellos gobernantes que también reconocen los resultados de elecciones en autocracias ¨electoreras¨ de Putin en Rusia, del régimen de Irán, o que apoyan al gobierno cubano que no permite elecciones libres. A pesar de críticas moderadas hacia Daniel Ortega en Nicaragua y Nicolás Maduro en Venezuela, estos presidentes no tienen reparos en sostener cumbres amistosas con ambos dictadores.
Es lamentable que, salvo honrosas excepciones como la del izquierdista Gabriel Boric, quien asistió valientemente a la cumbre por la paz en Ucrania y condenó a Putin, la mayoría de los dirigentes izquierdistas latinoamericanos no se posicionen claramente a favor de la paz, la libertad, la justicia y la democracia, independientemente de su ideología.
Se acerca el momento en que el chavismo hará lo imposible para no reconocer la victoria del candidato de María Corina Machado, Edmundo González. ¿Será necesario que ocurran situaciones como la de tanquetas embistiendo a los votantes para que los presidentes «democráticos» del continente se pronuncien categóricamente contra el inminente fraude en Venezuela?
Cuando Ronald Reagan asumió la presidencia de Estados Unidos en 1981, se convirtió en el gobernante de mayor edad en hacerlo en su país, con 69 años.
Durante la campaña electoral de 1984, Reagan, quien era un gran comunicador, fue inquirido sobre si su avanzada edad podría ser un problema para seguir gobernando al país. Durante el debate con el candidato Walter Mondale, a quien le llevaba 23 años de diferencia, respondió con una frase inolvidable y humorística: «No quiero explotar con fines políticos la juventud y la inexperiencia de mi oponente».
Así, el ex actor de películas del oeste fue reelecto a los 73 años y dejó el poder con un año menos de la edad con la que Biden asumió la Presidencia en 2021: 77 años.
En la época de Reagan se hablaba de la gerontocracia (gobierno de ancianos) que gobernaba al gran rival de la «Guerra Fría» de su nación, la Unión Soviética. Durante los ocho años en los que el republicano ejerció la jefatura de la Casa Blanca, en el Kremlin pasaron cuatro presidentes: Brezhnev, quien falleció a los 75 años en 1982; Andropov, que murió a los 69 en 1984; Chernenko, quien apenas gobernó poco más de un año falleciendo a los 73; y Mijaíl Gorbachev, quien con 54 años fue seleccionado para evitar más vacíos de poder en la decadente potencia comunista.
¿Qué ha pasado con la política estadounidense para que sus ciudadanos se vean en la disyuntiva de tener que elegir entre dos hombres de la tercera edad? Cuando Trump ganó las elecciones de 2016, asumió al año siguiente con 74 años y, de ganar las actuales elecciones, cuestión que cada día se ve más difícil, Biden tendrá 81 años. ¿Por qué en un país en el cual la mediana de edad oscila cerca de los 39 años, a diferencia de los dos mandatos de Clinton, Bush hijo y Obama, ahora los políticos con más opción de regresar (Trump) o quedarse (Biden) bordean o son octogenarios?
Se entiende la vuelta de la gerontocracia en tantas autocracias como Rusia, con los 24 años en el poder de Putin y Xi Jinping (ambos de 71 años), quien gobierna desde 2013 y se ha autoproclamado presidente vitalicio de China. Pero, ¿qué ocurre en los Estados Unidos que no pasa en la mayoría de las democracias occidentales?
Quiza la gerontocracia en esa superpotencia sea la metáfora de su estado de salud como superpotencia que se acerca al final de un ciclo vital.
El anuncio de Rishi Sunak, primer ministro del Reino Unido desde octubre de 2022, sobre el adelanto de las elecciones parlamentarias marcó el fin de la hegemonía de 12 años del Partido Conservador en el liderazgo británico.
Desde el gobierno de David Cameron (2010-2016), seguido por los dos años de Theresa May (2016-2018) y la controvertida gestión de Boris Johnson desde 2019, hasta la breve administración de Liz Truss por 44 días y los casi dos años de Sunak, el Reino Unido ha tenido 5 primeros ministros en poco más de una década. Ahora, con el ascenso al poder del Partido Laborista liderado por Keir Starmer, se sumará un sexto gobernante.
LOS CINCO PRIMEROS MINISTROS CONSERVADORES EN POCO MÁS DE UNA DÉCADA.
¿Qué provocó la abrumadora votación a favor del Laborismo, que aseguró una mayoría considerable en el parlamento?
KEIR STARMER.
La respuesta reside en la inestabilidad política, una anomalía en un país con más de 200 años de democracia y casi un siglo de bipartidismo competitivo. Además de la crisis mundial desencadenada por el Covid-19, la guerra en Ucrania y los crecientes gastos militares de los países miembros de la OTAN, el Brexit ha sido catastrófico para el comercio británico y no ha resuelto problemas como la inmigración ilegal o el aumento del nivel de vida en la población, en especial, en las zonas rurales donde el voto a favor de abandonar la Unión Europea fue mucho más extenso que en las grandes urbes.
Desde 2020, con la oficialización de la salida del Reino Unido de la UE, el gobierno británico ha emitido cientos de miles de visas para profesionales de la salud y a la vez, diversos productos agrícolas importados de la UE han aumentado de precio. A pesar de firmar 71 acuerdos comerciales internacionales, el comercio exterior ha disminuido y la escasez de mano de obra no cualificada ha afectado a sectores como el transporte, la hostelería y las pequeñas y medianas empresas.
REPORTAJE DE HACE UN AÑO DEL CANAL 4 DE UK.
¿Podrá un nuevo gobierno laborista cambiar esta situación? Esa es la tarea que enfrenta Keir Starmer con su amplia mayoría parlamentaria.
LAS CINCO GRANDES MISIONES OFRECIDAS POR STARMER. FUENTE SKY NEWS.
En condiciones normales, Ucrania habría celebrado elecciones presidenciales en marzo de 2022. Sin embargo, cerca de 6 millones de sus ciudadanos, que residen en más del 20% del territorio bajo ocupación militar rusa, no podrían participar en estos comicios.
Volodymir Zelensky, quien fue elegido por primera vez en 2019 con más del 70% de los votos en la segunda vuelta, según la mayoría de las encuestas del país, probablemente sería reelegido. No obstante, una ley marcial impuesta por él en 2022, después de la invasión de las tropas rusas, mantiene suspendido temporalmente la celebración de elecciones parlamentarias y presidenciales.
Algunos líderes de países que apoyan a Ucrania han instado a Zelensky a programar elecciones, argumentando que esto reforzaría la legitimidad de su liderazgo y evitaría que otros gobiernos cuestionen su mandato en medio del conflicto. Por otro lado, hay quienes opinan que en tiempos de guerra no es prudente ni necesario gastar recursos en una campaña electoral.
Sin embargo, las elecciones que más preocupan a los ucranianos son las de Estados Unidos en noviembre próximo.
La posible victoria de Trump podría significar una reducción significativa o incluso la suspensión total de la asistencia militar, estratégica y humanitaria que actualmente proporciona el gobierno de Biden. Aunque Trump ha sido ambiguo en su discurso sobre el conflicto en Ucrania, ha sugerido que la responsabilidad de asistir a Ucrania recae en otros países de la OTAN, dado que es un país europeo.
Recientemente, el diario The Washington Post informó sobre un plan que los asesores de Trump tienen preparado para poner fin al conflicto, el cual incluiría presionar a Ucrania para que ceda Crimea y las dos provincias del este en la región de Dombás. Desde la perspectiva de Trump y su entorno, la resolución del conflicto se ve como un asunto pragmático, donde la capitulación de Ucrania es un acuerdo beneficioso para ambas partes.
En este posible contexto quedaría por ver qué elecciones tendrán que tomar Ucrania y la OTAN.