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EL CAPITÁN MANDELA

(Fragmentos actualizados de un artículo que en 2010 dediqué a Nelson Mandela, quien citó en numerosas ocasiones a esta frase del poema “Invictus”: Soy el amo de mi destino. Soy el capitán de mi alma”).

Es poco lo que se puede decir o escribir sobre Nelson Mandela, que no sea una loa redundante de las que tantas merece y muchas se han divulgado sobre el hombre que con extrema sensibilidad y gran sabiduría – luego de 27 años de prisión por su lucha contra el apartheid (sistema de segregación racial), se convirtió en el primer presidente de una Sudáfrica democrática, pluralista y tolerante a todas las razas y etnias del país..

Para entender la grandeza de Mandela, y del hombre que decidió transformar a Sudáfrica de una nación paria y racista a una referencia mundial de tolerancia, Frederick De Klerk, el presidente blanco que “dio sentencia de muerte” al apartheid, es importante comprender la esencia de ese sistema que según el cronista Ryszard Kapuściński se ha practicado desde tiempos inmemoriales como una doctrina cuyos partidarios se convencen de que todos puede vivir como les venga en gana, siempre y cuando, aquellos que pertenecen a otra raza, religión o cultura diferente a la nuestra, vivan lejos y cercados: “El apartheid fue y sigue siendo una doctrina de odio, desprecio y repugnancia hacia el Otro, el extraño”, definió el reportero polaco.

 

Sudafricanos se congregan a despedirse de Mandela.

Las invocaciones a “guerras santas”, a pseudo-ciencias raciales, a las ideologías masificadoras que atentan contra los derechos individuales en el nombre de mitos y de estados todopoderosos, y tantas otras doctrinas que dividen a los seres humanos, son modalidades de apartheid,

Son pocas las historias de conquistas libertarias atribuibles, en especial, a un hombre, y Mandela (sin dejar de reconocer el rol de De Klerk que lo indultó y permitió elecciones justas para todos los sudafricanos), escribió una de ellas.

 Reportaje de CBS sobre negociaciones entre Mandela y de Klerk en 1994 en medio de crisis de violencia de opositores de una Sudáfrica unida. 

¿KISSING IRÁN?

Luego de unas semanas de negociación, delegaciones de Irán y de 6 países liderados por Estados Unidos negociaron en Ginebra un acuerdo que permitirá a la nación persa desarrollar energía nuclear bajo supervisión internacional, impidiendo que pueda elaborar armas atómicas. La mayoría de los gobiernos del Medio Oriente (Israel, Arabia Saudita, Jordania, Turquía y los pequeños países del Golfo Pérsico), han calificado como dócil y  errada a postura norteamericana  en lo que podría significar un cambio de política de ese país luego de años de sanciones económicas contra el régimen de Teherán.

Encuentro entre el canciller iraní Mohammad Javad Zarif y el secretario de estado de EEUU, John Kerry en Ginebra.

El giro de política de la dupla Obama-Kerry hacia Irán implica que, o bien Irán ya se ha confirmado que Irán  tiene armamentos nucleares o que ya es, prácticamente, es irreversible que los posean, y por lo tanto, más bien busquen un acomodo para poner paños calientes en conflictos inconvenientes para ambas naciones como el de Siria, agravado por el involucramiento del régimen iraní y su aliado Hezbolah, desde El Líbano; y el deterioro de la situación de Irak ahora que la sunita radical Al Qaeda lucha contra grupos chiítas apoyados por Irán.

Los analistas que especulan sobre este giro de relaciones EEUU-Irán, se basan también en la reacción de congresistas republicanos y demócratas que ya acusan a Obama de “capitulación” en el tema nuclear persa, mientras que otros, ya lo comparan a la acción visionaria de Nixon y Kissinger a partir de 1971 (cuando el secretario de estado visitó secretamente a China), preparando el terreno para plenas relaciones entre ambas naciones.

¿Es Kerry el Kissinger de Obama en esta historia? En todo caso, podríamos jugar con su nombre (Kissing: besando), para preguntarnos, metafóricamente, si Kerry y Obama han dado un beso de la muerte o de la paz a Irán.

Reciente encuentro entre Kissinger y Kerry.

 

La primera vez que el país que hoy conocemos como Filipinas fue explorado por europeos  ocurrió en 1520 con una expedición del portugués Fernando de Magallanes, al servicio de la corona española, quien denominó a las únicas dos islas en las que desembarcó como «Islas del Poniente» y «San Lázaro», pero fue un hispano, Ruy López de Villalobos, quien décadas después, en polémica con otros navegantes, las bautizó con el nombre “Islas Felipinas” en honor al sucesor del trono de España de ese entonces, el Príncipe de Asturias Felipe II.

Los viajes de Magallanes, incluyendo lo que hoy son las islas de Filipinas.

Con el tiempo, durante las guerras hispano-norteamericanas, para cuando Estados Unidos la coloniza, el país (del cual finalmente se independiza en 1946),  adquiere su actual nombre de Filipinas.

Filipinas es un país con una larga historia de azotes de la naturaleza y convulsiones políticas, es un archipiélago en el Pacífico, con más de 7000 islas, lo cual hace sumamente complicado gobernar y tener acceso a sus, aproximadamente 90 millones de habitantes, amén de ser sumamente heterogéneo en grupos étnicos, culturales y religiosos (incluso hay una región autónoma musulmana llamada Isla de Mindanao).

Gobernado por el cruel dictador Ferdinand Marcos desde 1965 hasta 1986 cuando tras un fraude el pueblo se levantó contra su tiranía, a partir de entonces ha vivido en una democracia estable inaugurada por Corazón Aquino y desde el 2010, su hijo, Benigno “Nonoy” Aquino, quien sucede a otra presidente, Gloria Macapagal-Arroyo.

Benigno, Corazón y Nonoy Aquino, tres generaciones de una dinastía política.

Es complejo para los líderes filipinos ayudar a las victimas e indigentes del tifón Hayián en un archipiélago tan grande y con problemas comunicación entre las islas. Es por eso que la ayuda internacional era imprescindible e inexcusable la tardanza para su llegada, pero también son muy acertadas la recientes palabras del secretario general de la ONU Ban Ki-moon al calificar este  tifón es una advertencia al mundo entero sobre los efectos del cambio climático, que la mayoría de las naciones industrializadas no terminan de aceptar como el problema global a mediano o largo alcance y que coloca una deja a la humanidad bajo una espada de Damocles.

Se entiende que muchos gobiernos en su lucha por mejorar las condiciones de vida de sus propios ciudadanos defiendan sus intereses nacionales (y partidarios) más que los del planeta y que algunos se aferren a científicos que aducen que la mayoría de los cambios que estamos presenciando en la naturaleza (deshielo de glaciares, calentamiento global, etc.), sean consecuencia de etapas cíclicas  que ocurren en el planeta, pero aun si fuera el caso (teoría muy cuestionada por la mayoría de la comunidad científica internacional), nunca está de más lo que el ser humano pueda contribuir para reducir la contaminación, el aumento de la capa de ozono en la atmósfera y tantos otros problemas que, sin dudas, son agravados por nosotros, los  tripulantes de La Tierra.

 

PODEROSO PUTIN

Putin desplazó a Barack Obama como la persona más poderosa del mundo según la revista Forbes, cuestión que tiene mucho sentido al plantear cómo se mide el “poder” cuándo se trata de comparar a mandatarios de sistemas democráticos con dictatoriales, y se incluye también a empresarios, líderes religiosos y hasta criminales.

“Forbes” plantea cuatro criterios  para su encuesta y éstos no lucen aplicables para personas con cargos tan disimiles. Las pautas son: el poder que ejerce una persona sobre otra (¿es lo mismo para un político o para el Papa que para un empresario o un traficante de drogas?); el dinero que maneja (¿cómo gerente público o para su propio bolsillo?), la cantidad de esferas en la que es poderosa (Obama lo es como líder de la mayor superpotencia bélica del planeta, pero no puede imponerse sobre grupo congresal que le pone trabas para pasar su reforma de salud y su plan de legalización de inmigrantes, a diferencia del número tres de la lista, el chino, Xi Jinping, quien lidera sin mayor contrapoder al país “capitalista -comunista”” – ¡que oxímoron!-  más poderoso del mundo), y finalmente, cómo los candidatos manejan activamente su poder.

Es en este último criterio la revista parece acertar al colocar a Vladimir Putin en el primer puesto ya que el autócrata ruso goza de ilimitado poder, sea tras bambalinas – cuando gobernó como primer ministro en un en enroque con Medvedev – o cuando retornó a la presidencia.  El ex director de la KGB soviética ha convertido a Rusia en un estado cada vez más represivo, en donde disidentes políticos como el ajedrecista Kasparov son intimidados o encarcelados; personas con información sobre masacres como las que Putin ordenó en Chechenia en 2000 son asesinados (casos Anna Politkóvskaya, ametrallada en 2005, el ex espía Aleksander Litvinenko envenenado con polonio en 2006, etc.), e incluso,  integrantes del irreverente grupo femenino punk-rockero, Pussy Riot, cumplen condenas de cárcel por denunciar su ventajismo electoral y censura a otros partidos políticos.

Putin representado como un Zar. De la web: http://www.fotolog.com/eloygarg/38289538/

“Forbes” acertó con Putin.

EN BUSQUEDA DE LA FELICIDAD

A propósito Nicolás Maduro y su creencia de que  la felicidad se puede decretar (en este caso con un “viceministerio para la felicidad” en Venezuela), vale la pena repasar la evolución del concepto de felicidad como principio y objetivo político.

Desde la antigüedad filósofos como Aristóteles propusieron que la felicidad  no solo es una aspiración personal, sino también, a la cual se podía aspirar colectivamente si todos los ciudadanos ejercían la virtud. Contrario a él, los seguidores de las escuelas del estoicismo y el cinismo, la comprendían como el logro de ser autosuficientes, por lo cual, la búsqueda de la felicidad  no debía estar en manos de quienes manejaban el poder, cuestión coincidente con las filosofías orientales, en las cuales también era una asunto de aspirar a la paz interna.

Por muchos siglos, el catolicismo propagó la idea de la felicidad luego de la muerte y no fue hasta el surgimiento de los movimientos protestantes, luego la Revolución Industrial, y el surgimiento del pensamiento humanista y liberal que esta percepción cambió.

En el siglo 17 el pensador inglés John Locke introduce el concepto de felicidad como objetivo que deben promover los gobernantes al facilitar a los individuos el derecho a la propiedad y de producir ganancias para su bienestar. Tiempo después Rousseau y Voltaire la analizan en términos más abstractos como un derecho a ser promovido por los gobernantes, pero es en la Declaración de los Derechos del Hombre – cuando se proclama la independencia de Estados Unidos, en 1776, –  cuando Thomas Jefferson incluye “la búsqueda de la felicidad”, junto a la libertad y la vida, como verdades “evidentes por sí mismas”, derechos inalienables de los hombres. Años después los revolucionarios franceses, en la Declaración de los Derechos del Ciudadano (1789), hacen énfasis en la igualdad, libertad y fraternidad, pero ese documento también establece el “derecho a la felicidad de todos”.

Por supuesto, estos principios, inicialmente no fueron aplicados para todos los seres humanos  hasta siglos después, porque como diría Orwell,  “algunos más iguales que otros” por mucho tiempo más.

En nuestros tiempos, la felicidad entendida como la satisfacción material, instantánea, de poder, prestigio y placer, es la que predomina en el mundo pero hay consenso en que se trata un equilibrio entre la satisfacción de las necesidades básicas del hombre junto a una mayor espiritualidad y acceso al conocimiento.

Un gobierno eficiente, que genere riqueza, garantice la libertad individual y busque la justicia social, puede promover la felicidad, pero ese no es el caso en donde un presidente cree poder decretarla.

Quino nos recuerda a través de Mafalda que no hay un solo modelo de felicidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

UN VIAJE, UN LIBRO

El libro que elegí para que me acompañará a mi reciente viaje a Venezuela fue el fascinante “Castellio contra Calvino: Conciencia contra Violencia” de Stefan Zweig, el escritor judío alemán que sufrió discriminación, persecución y optó por el exilio, antes de que el nazismo entrara en su etapa más sangrienta contra su pueblo. Ante estas experiencias Zweig escribió varias obras sobre el totalitarismo, la intolerancia y la sumisión de las masas ante figuras mesiánicas y autócratas.

 

Desconocía que Calvino fue un tirano cuando los líderes de Ginebra, prácticamente, le entregaron el poder de la ciudad para que “la purificara en base a su visión fanática del protestantismo”, y que logró transformar un “Estado de miles de ciudadanos hasta entonces libres, en una férrea maquinaria de obediencia capaz de exterminar cualquier iniciativa, de impedir cualquier libertad de pensamiento en beneficio de su doctrina exclusiva”.

Como ocurre con los autócratas más poderosos de la historia, la mayoría de los intelectuales de la época evitaron enfrentarlo como Erasmo de Róterdam, Rebeláis y Montaigne, quien a lo máximo, fueron ambiguos en sus sutiles referencias contra Calvino. Solo el teólogo Sebastián Castellio se atrevió a confrontarlo frontalmente.  La obra de Zweig es plena en reflexiones muy vigentes para las dictaduras (con o sin elecciones) de hoy, y se centra en los debates entre Calvino y Castellio por el caso del juicio y sentencia a la hoguera de Miguel Servet, un español que también cuestionó la doctrina religiosa del caudillo de Ginebra.

Herejes del calvinismo quemados en la hoguera.

Estando en Venezuela, me estremecieron frases como ésta: “El desencanto inequívoco (al régimen de Calvino), está en marcha: la resistencia se extiende cada vez con mayor fuerza y en círculos cada vez más amplios. Pero por suerte para Calvino, sólo se extiende, no se reúne, pues en eso consiste la ventaja temporal de una dictadura, lo que asegura su dominio cuando hace ya tiempo que numéricamente se encuentra en minoría: el que su voluntad militarizada aparece cerrando filas y organizada, mientras que la contraria procede de distintos frentes y obra por distintos motivos…”

Lo importante, para Zweig, es que en Ginebra y en toda Suiza, no prevaleció en el futuro la visión tiránica de Calvino, sino la pluralista de Castellio, y esa es la esperanza que tengo para “la pequeña Venecia”.

 

Stefan Zweig.

               

ÉRASE UNA VENEZUELA

Subiendo del aeropuerto de Maiquetía a Caracas abruman las grandes vallas con la figura del Chávez, que gradualmente se van mezclando con otras publicitarias de marcas prestigiosas., en una muestra de las contradicciones del “socialismo” venezolano.

Escena cotidiana de Caracas, a la cual no se la ha construído ninguna vía importane en 14 años: trafico y motorizados.

A medida que pasan los días noto la desesperación de una clase media empobreciéndose por la mayor crisis económica a pesar de la mayor bonanza petrolera en la historia de Venezuela ($981.000 millones en los primeros 10 años del régimen del finado).

La devaluación de la moneda crea desabastecimiento e inflación.

Varios recién graduados con quien converso, que el año pasado estaban dispuesto a dar la lucha contra los abusos de un régimen corrupto y autoritario ahora quieren marcharse a cualquier parte del mundo para ejercer sus profesiones. Los periodistas están aterrados con un régimen débil que ahora domina casi todos los medios de comunicación social y para los pocos independientes que quedan, están por aprobar la creación un ente dirigido por un general de inteligencia, llamado Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria», para censurar información en nombre de “la seguridad nacional”.

Me encuentro con la nana de mi vecino en Valencia, y me cuenta que si no fuera por él, que viven el exterior, no podría tener lo más básico, y ceno con mi querida “fulana de tal” (una empleada a quien mi madre entrevistó para ejemplificar el drama de los pobres en Venezuela en su libro “Entrevistados en carne y hueso” de 1977), quien salta de alegría por la platita que le regalo y añora los tiempos cuando votaba por los gobiernos anteriores a la “involución bolivariana”. Todos pagan del clientelismo que Chávez llevó hasta el paroxismo (lo cual demuestra que empeoró los defectos de los tiempos democráticos), y de los regalos que aun con la cifra de inflación más alta de Sudamérica  sigue haciendo el desgobierno de Maduro a países del ALBA, con el país hipotecado a los chinos por un mínimo de 20 años que el finado transó irresponsablemente,  dinero, para su campaña electoral de 2012, a sabiendas que tenía una enfermedad terminal.

Esta caricatura de Weill que tiene unos cuantos años mantiene aun, en la actual crisis venezolana, una gran vigencia. De la web: http://imageshack.us/photo/my-images/481/weilnov25i0xq.jpg/

Hay una generación perdida por la demagogia y el rencor sembrado por un gobierno que ha armado a milicias y creado una cultura de anarquía por sus mensajes de odio social.

Advertencia que en 2007 hizo el recién fallecido periodista Don Óscar Yanez sobre el tema de la violencia, el vandalismo y el autoritarismo.

Caricatura de Pedro León Zapata en El Nacional.

Solo la belleza de la naturaleza del país atenúa mi tristeza por un país saqueado.

Lindo anochecer caraqueño, con el Avila protegiendo a una ciudad ánárquica.

Canción al Avila de Ilan Chester con fotografías del cerro que rodea al valle de Caracas:

Canción llanera de Reynaldo Armas quien apoyó a Chávez durante años, prohibida en las radios y televisoras del país desde el 2012 cuando fue compuesta para la campaña Chávez vs. Capriles:

EL DISCURSO DEL REY

El pasado mes el rey Guillermo Alejandro de Holanda anunció nuevas medidas de austeridad del gobierno de su país, pero más allá de los detalles sobre asuntos presupuestales y financieros, los titulares de muchos diarios y noticieros se centraron en el énfasis que hizo sobre  la transformación del País Bajo de un estado de bienestar a “una sociedad participativa”. Esta afirmación, según el monarca, implica más responsabilidad de cada ciudadano en asuntos políticos y económicos (dícese, menor dependencia del estado).

 

El rey de Holanda en el parlamento.

 

El discurso del rey holandés no representa su visión personal  puesto que como jefe de estado es el portavoz de las directrices legislativas del gobierno de turno, en este caso, del primer ministro Mark Rutte y su gabinete. El concepto del estado de bienestar, abierto a la economía de mercado, es una creación europea que se inició en Gran Bretaña y los países nórdicos (Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia), en la década de los 30 del siglo pasado como respuesta a la Gran Depresión.

 

 

Tras el fin de la II Guerra Mundial, gradualmente, el resto de los países europeos del bloque capitalista establecieron sistemas que garantizaron a sus ciudadanos asistencia social para desempleados, pensiones justas para jubilados y eficientes seguros de salud para todos los habitantes de estas naciones, en las cuales, con los impuestos de los más pudientes se cubrían las necesidades de los más pobres.

 

¿Así camina Europa?

 

El estado de bienestar era para las democracias de Europa un fundamento tan importante como el sistema parlamentario y las elecciones, pues combinaba lo mejor del liberalismo político con la búsqueda de la justicia social, pero tal como el rey holandés afirmó, ese sistema de seguridad social está colapsando tras la crisis que desde 2008 ha causado que la Comunidad Europea estimule un cambio radical de políticas económicas.

 

 

Con una población muy alta en edad de vejez, problemas para incorporar a millones de inmigrantes y ahora, altas tasas de desempleo, el gran contrato social creado por los europeos, se estremece ante el impotente liderazgo de la Europa de hoy.

 

 

Y MIENTRAS…IRAK

Mientras la atención mundial de lo que ocurre en el mundo árabe se ha concentrado en los violentos acontecimientos ocurridos en Egipto y Siria, apenas reparamos en los frecuentes atentados terroristas que ocurren en Irak, que para septiembre de este año han causado cerca de 5 mil y miles de heridos en el contexto del conflicto entre radicales islamistas de las dos ramas principales del Islam:  sunitas – en su mayoría miembros o simpatizantes de Al Qaeda – y chiítas fanáticos aliados del régimen fundamentalista iraní.

 

 

El conflicto de Siria también está sujeto a la rivalidad entre islamistas sunitas y chiítas que comenzó luego de la muerte del fundador y profeta del Islam, Mahoma, en el siglo 7, por razones dinásticas-políticas,  que durante 13 siglos ha enfrentado a las minorías radicales de ambos grupos en búsqueda de dominar imperios pero en ese país es la minoría alawita (una escisión de chiismo hace más de 10 siglos), la que gobierna desde que el padre del actual dictador, Hafez al-Assad, llegó al poder en 1970 y le otorgó grandes privilegios  negándose a compartir el poder con la mayoría sunita (60% de la población). Esa es la razón por la cual Bashar al-Assad lucha sangrientamente por el poder y por la supervivencia de su comunidad religiosa como la elite siria.

En este contexto  países sunitas del Medio Oriente como Turquía apoyan a los rebeldes moderados sunitas (Arabia Saudita y Qatar también asisten a islamistas),  mientras que Irán y los radicales chiítas libaneses de Hezbolah, apoyan al dictador Bashar al-Assad para mantener su influencia en la zona.

 

 

En Irak ocurría una situación similar a la siria: un régimen monárquico y luego dictatorial de una minoría – en este caso sunita – que dominó a la mayoría chiíta desde la fundación del país. Luego de la invasión estadounidense que derrocó al régimen de Saddam Hussein, el partido en el poder es de mayoría chiíta moderada, lo que ha causado que radicales  de las dos principales doctrinas del Islam busquen derrocar al gobierno, cada uno para expandir su influencia en el Medio Oriente.

 

 

La retirada de las tropas norteamericanas en 2011 dejó al frágil gobierno iraquí expuesto a atentados de extremistas de lado y lado, en lo que podría convertirse en la próxima guerra civil en otro país árabe.

En 1939 Franz Capra dirigió el film Mr. Smith Goes to Washington (tituilada en español con el curioso título: “Caballero sin Espada”), en el cual un honesto e ingenuo joven reemplaza a un recién fallecido senador en el congreso de Estados Unidos y descubre cómo los políticos están sujetos a lobistas que “secuestran” a esa institución al servicios de ambiciosos y, a veces, corruptos, intereses.

 

En “Mr. Smith…”, el protagonista se familiariza con un extraña atribución que los parlamentarios utilizan  para prevenir que un proyecto sea sometido a votación y consiste en dar larguísimos discursos sin otorgar el permiso de palabras a los demás. Este recurso legislativo se conoce como filibuster y se introdujo en el siglo 19 para garantizar el derecho de las minorías parlamentarias a debatir sin que la  mayoría los obligue a aprobar leyes sin profundizar sobre sus contenidos y consecuencias.

Como suele ocurrir en política, lo que se creó con un fin positivo se tergiversó y hoy se ha convertido en un instrumento abusivo, como lo demuestran varios republicanos que aplican el filibuster para no aprobar el presupuesto de la reforma de salud de Obama, (Obamacare),  sancionado hace dos años por  el congreso y senado, y luego ratificado por la Corte Suprema de Justicia. La semana pasada el senador republicano Ted Cruz, decidió bloquear esta votación hablando  durante 21 horas Acercándose al record de Strom Thurmond, con más de 24 horas, quien se oponía a la reforma de la ley de los Derechos Civiles de 1960.

 

 

De acuerdo a la ley, la única manera de detener a un filibuster es cuando un 60% de los representantes de la Cámara así lo deciden, pero todos los republicanos aprobaron la jugada de Cruz. Así las cosas, los filibusteros republicanos han logrado votar más de 30 veces para derogar, retrasar o eliminar la financiación del “Obamacare”.

 

 

Jimmy Stweward como Smith que usa el filibuster por la causa de desmontar un caso de corrupción en el congreso en el film Mr Smith Goes to Washington.