Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Así comienza una de las inmortales historias del fallecido premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, creador, arquitecto y recolector de cosmos como Macondo. “El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”, dice el mismo párrafo de inicio de “Cien Años de Soledad”, en una frase que rememora lo que fue el bíblico paraíso terrenal, y enmarca nuestra vida tan compleja, tan llena de mucho y tan vacía de tanto, que por momentos se hace difícil describirla al saturarnos de lo instantáneo, virtual, digital, global y multidimensional como se nos presenta.
En 1927, año cuando nació Gabo, se realizó la primera emisión de noticias de la BBC de Londres y se estrenó la primera película sonora que cambió a la estructura del cine, “El cantante de Jazz”, casi como premonición del excelente periodista colombiano quien luego se dedicaría a la ficción y transformaría la literatura y la crónica con nuevas técnicas narrativas.
En 1927 nacería una nueva narrativa cinematográfica (con la llegada del sonido) y un escritor que cambiaría la narrativa literaria.
En 1967, Gabo presentó la obra que lo haría conocido mundialmente, relatando la saga de la extensa familia Buendía, en un juego de tiempos cíclicos que avanzan y retroceden en la obra, que, para muchos, inició el realismo mágico del boom latinoamericano de literatura.
El día que el padre del coronel Aureliano Buendía lo llevó a conocer el hielo, el gitano alquimista que se lo enseñó, Melquíades, profetizó: “»La ciencia ha eliminado las distancias»…“Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa”. Y si bien, la televisión ya existía para la fecha de edición de “Cien Años de Soledad”, imaginar que los seres humanos podríamos ver lo que ocurre en todo lugar del planeta, resultó ser una exacta predicción de nuestros tiempos de redes sociales, Internet y medios audiovisuales que, si una persona lo deseará, podría manejar sus cuentas, su información y hasta su presencia, virtualmente, sin salir de su hogar.
Ese recuerdo del coronel Buendía se da el día que se encuentra en el paredón de fusilamiento y comienza rememorando algo tan simple pero asombroso, como su descubrimiento del hielo, y sin embargo, Aureliano se salva ese día, al igual que lo hizo de 14 atentados y 73 emboscadas en el contexto de tiempos de guerra civil, como las muchas que azotan a centenares de lugares macondianos del mundo.
El coronel, murió un día que llegó el circo a Macondo mientras orinaba en el castaño en donde descubrieron su cadáver al día siguiente. Gabo evitó el circo, se fue silente gracias al hermetismo de su familia y sus restos fueron cremados. Como el hielo, que es agua en estado sólido que al hervir se transforma en vapor los humanos, al diluirnos físicamente, quedamos como Gabo, a través de nuestras obras de vida.
Poco antes de la semana santa y de la celebración de la Pascua judía (del Éxodo de Egipto), la recreación fílmica de Noé despertó polémicas como en otros tiempos lo hizo la película La Última Tentación de Cristo entre muchos cristianos, porque presenta a un patriarca algo iracundo en un ambiente que pretende combinar elementos bíblicos con otros post-modernos o surrealistas. Se aúnan a la controversia del Noé épico en 3D, clérigos musulmanes fundamentalistas que no aceptan el principio de representar al ser humano (ni en dibujos, fotografías ni fotogramas), algunos sacerdotes y rabinos, y por razones muy diferentes relacionadas al argumento y a la estética del film, críticos de cine y periodistas.
Película «Noé»
En esa coincidencia de polémicas que vinculan a lo civil y lo religioso, una noticia poco difundida llamó la atención de coleccionistas de anécdotas, como quien esto escribe: el 1 de abril, un intelectual egipcio escribió en el diario “Al-Yawm al-Sabi” una columna en la cual anunció que demandará al estado de Israel por las diez plagas que afectaron a Egipto cuando Moisés los guió de la esclavitud a la libertad hacia la tierra de Israel.
El escritor Ahmad al-Gamal argumenta que los antepasados de los egipcios no merecieron pagar por lo que hizo un Faraón de turno, y por lo tanto, Israel debe indemnizar a su país por todos los daños causadas por las plagas que devastaron la tierra y las propiedades: “…echaron sobre nosotros plagas de langostas por la cual fue imposible desarrollar la agricultura. Otra plaga impidió que el agua del Nilo pudiera ser bebida durante mucho tiempo.
Cita del artículo de Ahmad al-Gamal
La plaga de la oscuridad constante fue un verdadero desastre…”opina Al Gamal, quien también exige que se calcule el valor actual en oro de lo que según la Torá (primeros cinco libros del Antiguo Testamento) los hebreos se llevaron de Egipto en piedras preciosas, telas, cuero, madera y pieles de animales utilizados para construir el arca sagrada que construyeron en el desierto (el que busca Indiana Jones en la primera película de ésta serie fílmica).
Es de suponer que si los españoles, ingleses, holandeses, franceses, rusos y tantos otros imperios devuelven las riquezas que se llevaron de tantas colonias que explotaron durante siglos de historia colonial, los gobernantes israelíes deberían considerar el pedido de Al Gamal, aunque también, habría que descontar de la suma total, el cálculo de horas-trabajo de décadas de esclavitud dedicadas por los hebreos en Egipto.
Por otra parte, le convendría al autor de la columna periodística cuidarse de Al Qaeda y otros grupos islamistas radicales puesto que, implícitamente, reconoce que los actuales pobladores de Israel son los descendientes de los hebreos bíblicos, a diferencia de lo que argumentan estos grupos fanáticos.
Como se sabe, mezclar religión y política no es recomendable, y menos, en nuestros tiempos globalizados.
En octubre de 1993 el general retirado canadiense Roméo Dallaire fue invitado comandar una misión de paz de la ONU en Ruanda, luego de que los dirigentes de ese país africano llegaran a un acuerdo de paz que debía conducir a un gobierno de transición entre el clan de los hutus y el de los tutsis. Dallaire debió estudiar la historia de Ruanda y a Burundi (antiguo reino de Ruanda-Urundi) para comprender el contexto del rencor entre hermanos de un mismo grupo étnico en el país al cual iría destinado con los cacos azules belgas y africanos.
Los belgas, que colonizaron Ruanda en 1916, creían en teorías raciales de su época y convencieron a los tutsis que eran superiores que los hutus a pesar de que no son si quiera etnias diferentes pues no tienen diferencias raciales ni lingüísticas. Tras la independencia del país en 1962, el legad belga determinó que la minoría tusi dominó sobre la mayoría hutu haciendo difícil la confianza entre ambos grupos, En los 90, la situación se complicó el surgimiento de un grupo extremista llamado Interahamwe, que llamaba a “fumigar a los tusis”.
En abril de 1994, el derribo del avión en el que viajaba el entonces presidente hutu Habyarimana, dio excusa al Interahamwe y a sus aliados del gobierno a ejecutar matanzas sistemáticas que acabaron con la vida de 800 mil personas en 100 días. La ONU decidió evacuar a las tropas de paz para no exponer sus vidas y Dallaire, más un Hamlet que un Romeo – no con una, sino miles de calaveras rodeando el dantesco paisaje a su alrededor – se planteó el “ser o no ser” de quedarse en Ruanda solo con 250 soldados que lo acompañaron en su decisión y colaboraron a que miles de ruandeses pudiesen sobrevivir al peor genocidio de nuestros tiempos.
Libro sobre Ruanda de Romeó Dallaire: Estrechando la mano del diablo.
A 20 años de estos sucesos, cuando el mundo que hoy hace un mea culpa por Ruanda y se lava las manos con lo que ocurre en Siria y otros lugares, es preferible atender a las críticas de Dallaire que retórica del “nunca más” de organismos internacionales que en su momento, acusaron a Dallaire de no cumplir con las ordenes de retirada.
Dallaire en el décimo aniversario del genocidio de Ruanda en 2002.
La clave con la que tocan los sumisos ejecutantes de la OEA desentona, con su propia Carta Democrática firmada en Perú el 11-9-01, que estipula la condena a golpes de estado pero también, a gobiernos que no respetan derechos humanos, y no sigue a la mayoría de los pueblos allí representados, a quienes les es claro que en Venezuela hay una dictadura.
Dada esta situación, se hace más valido que nunca, lo que el ex embajador de Panamá en la OEA, Guillermo Cochez planteó enero de 2013 cuando acusó al régimen venezolano de abuso de poder por la falta absoluta de independencia de poderes del estado y por mentir sobre la salud, del entonces, ¿paciente, agonizante o ya fallecido? Chávez.
En ese entonces, a diferencia de ahora, el gobierno de Martinelli decidió suspender a Cochez de la OEA para no confrontar a un Maduro proclamado presidente con tufo de fraude, a diferencia de ahora cuando el presidente de Panamá, a pocos meses de terminar su mandato, tomó la batuta para denunciar los atropellos contra la libertad de expresión, manifestación y protesta pacífica del régimen castrista-chavista contra estudiantes y opositores. (Es cierto que algunas protestas son ahora violentas a raíz de la represión de las manifestaciones pacíficas que radicalizaron a un pequeño sector de la oposición).
Venezuela, que durante décadas no mantuvo relaciones diplomáticas con dictaduras y ayudó a varios perseguidos de todo el continente a refugiarse en su territorio, hoy pide un S.O.S y recibe la vergonzosa respuesta de una mayoría de gobiernos del continente vendidos a los petrodólares o al interés de que su neo-dictadura mantenga al país sin industria nacional para vender casi todo lo que consume el pueblo venezolano.
A la OEA no hay ya que pedirle un SOS, sino estamparle un Q.E.P.D.
En 1975 muere Francisco Franco y culmina así, su dictadura de 36 años. Entonces, bajo una Ley de Sucesión aprobada por el mismo caudillo y ratificada por su sumiso congreso en 1969, Juan Carlos I se convierte en el jefe de estado de España, sorteando el turno de su padre, Juan de Borbón, tras un acuerdo entre el entonces joven príncipe y el viejo caudillo. Sin embargo, el flamante rey sorprende a los españoles cuando, luego de dos breves períodos de mantener como jefe de gobierno a personajes vinculados al franquismo duro, nombra en junio de 1976 a un político casi desconocido, pero moderado, para el cargo: un tal Adolfo Suarez.
El hombre que falleció el pasado 23 de marzo, a quien la actual juventud española apenas reconoce, cuando llegó al poder resultó también ser un perfecto desconocido para la mayoría de sus contemporáneos. Pero pronto,Suarez demostró una gran habilidad para conciliar a enemigos históricos y conducir a España a una transición a la democracia. Suarez convenció a la derecha moderada a votar para auto-liquidar a las cortes (el parlamento) – confrontando a los franquistas más extremistas eincomodando a las Fuerzas Armadas – y así , legalizar a los partidos políticos, incluso al comunista, convocando a elecciones generales, en 1977.
El partido de centro-derecha de Suarez ganó los comicios y convocó al resto del parlamento para discutir y aprobar una Constitución que los españoles refrendaron en 1978.
Un apretón de manos que simboliza la mayor pesadilla que hubiese tenido Francisco Franco: el presidente Suarez se saluda con el líder del Partido Comunista Español, Santiago Carrillo.
Suarez volvió a ganar las elecciones generales de 1979 – aunque muchas ciudades importantes españolas quedaron bajo el dominio de la coalición de izquierda Partido Socialista Obrero y el Partido Comunista,- y superados los tres años más críticos de la transición, no logró hacer un buen gobierno. Entonces, reconociendo su debilidad política, renunció en enero de 1981, despidiéndose de la nación en 12 minutos: “Yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la Historia de España” – sentenció.
Su país le debe mucho al hombre al que subestimó en su momento más difícil, y muchos políticos pueden aprender de él, que para lograr grandes cambios históricos, más que aferrarse al poder, es vital arriesgarse a perderlo.
En 1977 Rubén Blades y Willy Colón lanzaron el álbum “Metiendo Mano” (Fania Records) que incluye la canción “Plantación Adentro”, una denuncia histórica del maltrato de los capataces de las plantaciones (mayorales) a los esclavos. El coro cuenta cómo, para los amos del poder, sus trabajadores eran gente sin nombre: “Camilo Manrique falleció /por golpes que daba el mayoral /y fue sepultado sin llorar ¡Ja! /una cruz de palo y nada más”.
Blades y Colón que han dedicado muchas de sus canciones a temas humanitarios, se mantienen coherentes a la hora de criticar a tiranos de derecha o izquierda que violan derechos humanos en América Latina, y por criticar severamente al régimen chavista-castrista han entrado en el amplio entorno de demócratas insultados por Maduro y sus vasallos.
Periodista Mávila Huertas entrevista a Rubén Blades sobre el arte y la política
Para leer la carta de Rubén Blades a Maduro y a los venezolanos, ver:
Hoy son varios los Camilo Manrique que en Venezuela mueren por los golpes que reciben por protestar para que se cumplan los derechos consagrados en la constitución bolivariana, y a quienes les sucede que: “…el médico de turno dijo así/ Muerte por causa natural”…”Claro si después de una tunda e´palo/que te mueras es normal”.
Para los Castro es vital que los chavistas sigan sus instrucciones porque dependen, económicamente, de los políticos y militares corruptos y neo-ricos del régimen venezolano, por lo cual diferencian a los muertos “buenos” (guardias nacionales, paramilitares a su mando, milicias bolivarianas, etc), de los desarmados “malos golpistas” (estudiantes, amas de casa, miembros partidos de oposición, etc), porque para el poder: “Plantación adentro camará/ sombra son la gente y nada más”.
Prohibido Olvidar
Y mientras, a la flamante diputada comunista chilena, ex lideresa de las protestas estudiantiles de su país, que por ideología apoya a Maduro, se le podría cantar: “A Camila Vallejo le falleció, el estudiante de adentro, camará”
Camila Vallejo, a la derecha, con su gran héroe Fidel (la comunista imperó y la estudiante falleció)
Por casualidad o causalidad, leo el libro de ficción histórica de Javier Moro, ‘El imperio eres tú’, sobre la historia del emperador luso en el exilio, Pedro I, que independizo a Brasil de Portugal, y el nombre me evoca a Rusia en el caso de Ucrania y Cuba en Venezuela.
Ciertamente, Estados Unidos ha hecho varias invasiones durante el siglo 20, pero se retiró de todos los países conquistados (este año lo hará de Afganistán) y en todo caso, es una potencia hegemónica, porque domina con gobiernos aliados y en algunos casos, con permiso de éstos, tiene bases militares.
El caso de Rusia con Ucrania es largo y complejo. Ucrania fue una entidad dominada por un grupo étnico de eslavos orientales (Rus de Kiev) que al desintegrarse fue anexado por el principado de Moscú, en el siglo 10 DC, para convertirse, gradualmente, junto con Bielorrusia en el centro del imperio ruso en el siglo 16, con el zar Iván ‘El Terrible’.
Dado que la población occidental ucraniana fue dominada en la segunda mitad del siglo 19 por el imperio Austro-Húngaro, y la oriental, por el ruso, ese territorio está dividido en un bloque pro-europeo y uno pro-ruso.
El conflicto ucraniano se complica, porque si bien cayó un gobierno corrupto y autócrata, el gobierno de facto, inmediatamente, canceló una ley que permitía que el ruso, y otros idiomas minoritarios, fueran oficiales en las regiones multiculturales, y ahora solamente lo es la lengua ucraniana.
La península de Crimea está situada al sur de Ucrania, en la costa norte del Mar Negro, y por siglos fue centro de batallas de muchos imperios, incluyendo, el ruso y el turco que se enfrentaron en dos guerras del siglo 19.
En Crimea viven muchos descendientes de súbditos de varios imperios: griegos, tártaros y ucranianos, pero en 1917 con la Revolución Rusa, Ucrania y Crimea se unieron a la Unión Soviética y régimen comunista, eventualmente, solo se anexó la ciudad de Sebastopol para construir un importante puerto y una base militar que le otorgara salida y presencia en el Mar Negro para controlar la región del Cáucaso.
El Cáucaso es una región montañosa que abarca el sur de Rusia y tres países: Georgia, Armenia y Azerbajian, entre el Mar Negro y el Mar Caspio.
La reciente revuelta popular que derrocó al gobierno pro-ruso de Yanukovich despierta conflictos atávicos en la ex URSS, producto de los desplazamientos poblacionales hechos por Josef Stalin para rusificar a ese imperio (se expulsaba a decenas de miles de habitantes originales de las repúblicas soviéticas conquistadas o anexadas, y se enviaba a rusos para que, con el paso del tiempo, toda la población solo se educara bajo el idioma y la cultura rusa).
Aunque el sucesor de Stalin, Nikita Krushov, le otorgó Crimea a Ucrania en 1954 (dejando de ser una republica autónoma), la cantidad de ruso parlamentes que viven allí los hace identificarse con el régimen de Moscú.
La política de desplazamiento de poblaciones ejecutadas por Stalin es la raíz de todos los conflictos entre Rusia y sus vecinos, incluyendo a Ucrania, desde la desintegración de la URSS. (PARA COMPLEMENTAR ESTE CONTEXTO RECOMIENDO LEER MI ARTÍCULO: Rusia, Georgia, Stalin, Kosovo, Márai, Amis y Más, pero sobre todo Marx en:
En un país tan dividido como Ucrania, con un gobierno temporal moderado pero con grupos radicales nacionalistas y xenófobos que quieren el poder, y una Rusia imperialista liderada por un ex líder de la KGB, sin escrúpulos (véase la masacre de Chechenia), esa zona rica en gas, es literalmente, un barril explosivo.
No olvidar a Venezuela, luego del artículo, material sobre la lucha por la democracia allá.
En el tomo II del “Don Quijote”, el caballero de la triste figura le ofrece a su fiel acompañante Sancho Panza, algo que seguramente lo hizo bailar: ser el gobernador de una pequeña ínsula, una pequeña entidad. Como le sucedió al mismo Quijote, la gente le siguió la corriente a Sancho para que éste sintiera que realmente detentaba el poder. Sin embargo, el ingenuo escudero sorprendió a todos haciendo de juez ecuánime y eficiente (Cap. 45, 51) y logró expulsar a todos los criminales (Cap. 49).
Cuando los habitantes simularon que el reino era atacado por enemigos, lo armaron con dos escudos pesados para hacerlo caer y fue así pisoteado por su propio ejército (Cap. 53). Por esta experiencia, Sancho prefirió regresar con Don Quijote para así, evitar la responsabilidad de un líder y limitarse a las de un leal seguidor de su Señor.
En una entidad mucho más grande, de unos 5 millones de habitantes, el parlamento eligió a un gobernante de transición en un intento por controlar la escalada de violencia interétnica e interconfesional que padece. Se trata de la Republica Centroafricana (RC) que espera que su nueva presidente interina, la ex alcaldesa de su capital Bangui, Catherine Samba-Panza, pueda, como Sancho, expulsar a varios criminales (en este caso, mercenarios) de países vecinos como Chad, Sudán y Níger, colaboradores de la milicia islámica Seleka vinculada al renunciante ex presidente Michel Djotodia, contra un grupo armado de cristianos conocidos como los anti Balaka (“anti machete”, en referencia al arma de destrucción masiva en esa región africana).
Desde su independencia en 1960, la RC ha sufrido cinco golpes de estado y largos periodos de gobiernos dictatoriales. Djotodia, primer presidente musulmán de la RC, la gobernó desde marzo de 2013 tras derrocar a la dictadura de 10 años de François Bozizé. Desde entonces la mayoría cristiana del país (más del 50%) ha clamado por ayuda internacional ante las milicias Seleka (los musulmanes representan a un 15% de la población), indicando que Djotodia perdió el control de sus antiguos compañeros de batalla causando miles de muertes, y el desplazamiento de más del 10% de la población de sus hogares y del país.
En ese contexto, la Sra. Samba-Panza debe marcar pasos rítmicos como los de la samba, para no ser pisoteada por los guerreros de su ínsula, o como le pasó al otro Panza, comprenderá que las tareas quijotescas son para unos pocos delirantes, inusualmente, exitosos.
Daniel Cohn-Bendit se declaró solidario con las protestas populares en Venezuela luego de hacer una crítica demoledora del régimen de Maduro a quien calificó de alguien capaz de traicionar a su patria y a sus compatriotas, cuando acertadamente afirmó que “es el hombre de Cuba, como Yanukovich en Ucrania era el hombre de Moscú”. (Europe 1, À l’ombre de l’Ukraine, le Venezuela, 24/02/2014). El otrora “Dany el rojo”, líder estudiantil de la Revolución de Mayo de 1968 y actualmente diputado en el Parlamento Europeo, también apunta sus baterías contra esos grupúsculos de la izquierda francesa que aún apoyan al chavismo: “Parece no molestarles que la prensa sea atacada, la libertad confiscada y que la corrupción campee. Frente a ese nuevo alzamiento popular de las últimas semanas hacen como si no existiera”. Esto no debe extrañarnos, pues lo mismo ocurrió luego de las revelaciones de Khrushchev en 1956 sobre los horrores del estalinismo, produciendo en muchos dirigentes e intelectuales de izquierda una negación psicótica de la realidad, avalando por igual el sojuzgamiento de los países del Pacto de Varsovia a la URSS, la invasión de Hungría (1956), el aplastamiento de la Primavera de Praga (1968) o la invasión de Afganistán (1980), por mencionar algunas reincidencias. Esa izquierda francesa a la que se refiere Cohn-Bendit está representada en el Front de Gauche, que engloba al Partido Comunista Francés y a una diversidad variopinta de organizaciones e individualidades. Los que se despojaron de esa distorsión cognitiva sobre Stalin corrieron presurosos a cantarle alabanzas a un nuevo tirano comunista, tal fue el caso de Sartre, quien en 1960 viajó a Cuba a rendirle pleitesía a Fidel Castro a los catorce meses de instaurada la revolución.
El mal de la inacción
Junto con los “guardianes del templo” comunista que representan un débil y marginal 11% del electorado francés, convive una liga de intelectuales desprovistos de toda ética política. Escudados en las banderas de la deconstrucción colonial, el tercermundismo y el antiimperialismo, sin mencionar su odio a Israel, colocan en la mesa del juego político una desatinada apuesta de todas sus fichas a una marea de fondo antidemocrática y antioccidental en Latinoamérica, orquestada por regímenes dictatoriales como el de Cuba y Venezuela, liados en una danza de la muerte con la nueva internacional comunista que es el Foro de Sao Paulo, grupos terroristas como Hezbolá y narcoguerrilleros como las FARC, que campean en esos tristes trópicos.
Son capaces de rasgarse las vestiduras, marchar y protestar contra la globalización, pero incapaces de mencionar una palabra sobre los crímenes cometidos por el régimen chavista, los presos de conciencia de la aberrante dictadura cubana, los campos de concentración de las FARC o el desastre ecológico y humanitario en la Amazonia brasileña durante el gobierno de Lula, entre otros desmanes.
Sin duda, el tercermundismo, que según Pascal Bruckner es la “militancia de la expiación”, hoy se ha convertido en una apuesta temeraria por el “se vale todo” del socialismo del siglo XXI.
En la compleja geopolítica del presente, algunos promotores del tercermundismo llegan a traicionar sus propios valores, mientras otros mantienen un silencio cómplice dentro del political correctnessde los sistemas democráticos donde viven, sin temor a ser perseguidos por expresar sus ideas en libertad.
Amancebados con los regímenes de Cuba y Venezuela, lo que ha privado es la transacción, el utilitarismo, el cinismo o la simple perversidad, pues nos negamos a creer que se trata de idealismo o miopía, pues la llamada “revolución bolivariana” está a mucha distancia de la práctica del socialismo democrático moderno del que tanto disfrutan, debaten y conversan cobijados puertas adentro en los bistrots o desde sus púlpitos en prestigiosas universidades.
Es una pulsión que florece y da sus frutos en el terreno del cinismo o de la psicología clínica, pues apoyan a regímenes que han borrado los límites entre partido, gobierno, Estado y nación, tomando por asalto las instituciones y demoliendo todo concepto de democracia, entre otros desgarramientos que ocurren en esas latitudes a las que viajan de vez en cuando en sus “tours revolucionarios”, eso sí, con boleto de regreso.
Seducidos por la fascinación hacia sus líderes carismáticos y sus mesiánicos desvaríos, avalan toda clase de crueldades.Como bien lo afirmaMark Lilla (La seducción de Siracusa): “Las doctrinas del comunismo, del marxismo en todas sus barrocas mutaciones, del nacionalismo, del tiers mondisme, en ocasiones animadas por el odio contra el poder despótico, fueron todas capaces de generar feroces dictadores, pero también de cegar a los intelectuales ante sus crímenes”.
Si bien el régimen chavista se muestra hoy en su naturaleza totalitaria sin ningún pudor, no menos funesto es el silencio cómplice ante su despotismo. Como bien apunta el psiquiatra Philip Zimbardo (The Lucifer Effect: Understanding How Good People Turn Evil, Random House, 2007): “El mal de la inacción o del silencio es una nueva forma del mal, que apoya a aquellos que perpetran el mal”.
Canciòn de Ilan Cester en este link: http://confirmado.com.ve/oye-el-mensaje-que-le-envio-ilan-chester-a-maduro/
(apretar la flecha bajo la foto)
Entrevista a habitante del barrio pobre màs grande de Latinoamerica, Petare, en Caracas, en
PLOMO EN EL ALA
Sergio Dahbar, El Naciona, 1 de marzo, 2014.
En el terreno de la polarización, demonizados unos y otros, ganan los violentos y la vida cotidiana se nos escapa de las manos. Hay grises que dejamos de ver para mirar la realidad como los pobladores de Pingelap y Pohnpei, dos diminutas islas de Micronesia (Oceanía, en el océano Pacífico), donde una proporción muy elevada de sus pobladores es completamente ciega al color. Ven la vida en blanco y negro.
Los extremistas se roban los grises: los que nos quieren convencer de que la única salida es la sangre derramada (mientras sea de otros); los que desean que creamos que darle la mano a un presidente o reunirse con un empresario es ser un traidor; los que buscan salidas definitivas a la vuelta de la esquina; los que no pueden reconocer que la oposición ha cometido errores pero también ha evolucionado.
Hemos vivido 17 días que no olvidaremos fácilmente, con toques de queda no oficializados y 15 venezolanos muertos. Hay cerca de 700 detenidos: algunos han sido procesados, otros torturados…
Hay una impunidad desembozada: criminaliza y utiliza el poder para agredir a jóvenes estudiantes que protestan. Y se hace la loca con los motorizados que disparan a mansalva, que asaltan automercados y centros comerciales, imponen el terror y controlan las protestas populares.
Los hechos sucedidos en estos 17 días, anatematizados por el gobierno como un golpe de Estado, cuestionan sus políticas económicas, su desastre administrativo y su secuestro de los poderes de la nación. Sin embargo, las protestas no han sido fácilmente procesadas por el estamento político tradicional.
Mucha gente ha reclamado ausencia de Política con mayúscula, impaciencia juvenil, falta de liderazgo… Otros detectaron en las protestas un camino errático que le daba aire al gobierno al polarizar la sociedad como en los tiempos de Chávez. Todos estos cuestionamientos se vinieron abajo ante un país con focos de protesta que crecían en barrios populares de la capital y en el interior, y que no terminan de apagarse.
La violencia extrema (guardias bolivarianos disparando a la cara de gente indefensa), la violación de derechos humanos (una mujer a la que le destrozan la cara con un casco y termina imputada de cinco cargos), la brutalidad (estudiantes violados o rociados en gasolina) horadó una de las joyas de la corona chavista: la imagen internacional de gobierno democrático y responsable.
Hasta el 12-F el chavismo era oscuridad para la casa y luz para la calle. Las muertes y los excesos policiales y de los colectivos armados hirieron lo que el comandante se empeñó en cuidar de manera religiosa. No en vano los periódicos más prestigiosos del planeta han comenzado a enviar tropas de periodistas para cubrir el incendio inesperado que desataron unos estudiantes.
Una primera consecuencia de estos hechos debería ser libertad para los presos políticos (Simonovis, López…), amnistía para los estudiantes detenidos e investigación de la violación de los derechos humanos. Hay muertos y heridos que merecen justicia. La otra derivación que se desprende de la reunión el miércoles pasado en Miraflores es la reorientación de la política económica y de seguridad ciudadana de este gobierno.
Fueron apropiadas algunas intervenciones del sector privado, pero dejaron en el ambiente la sensación de que era más quítame la guarimba y hacemos el teatro del diálogo. Habrá que ver si el gobierno ha comprendido el país que tiene enfrente, que quiere menos represión y más desarme. Un día después de la reunión, continuar con la persecución a Carlos Vecchio es una provocación.
Nadie puede ignorar que la fuerza demoledora de la ciudadanía se encuentra en la calle, organizada como puede, en marchas y concentraciones, con un teléfono celular como única herramienta, exigiendo más democracia y tolerancia. Que quiere decir menor inflación, menos escasez y menos muertes en manos de criminales.
Esta ciudadanía cuenta con un arma letal: las redes sociales, donde ocurren excesos y también fluye quizás la única libertad de expresión que queda. El que tenga dudas que mire Youtube. A la gente común habría que recordarle el consejo de Joseph Pulitzer: “El crimen solo prospera en el secreto. Expongan los hechos, descríbanlos, atáquenlos, ridiculícenlos, y tarde o temprano la opinión pública los barrerá del mapa”. ¿Alguna duda?
El hombre fallido
Carlos Raùl Hernandez
El Nacional, 2 de marzo, 2014.
Uno de los más pertinentes pensadores del momento, Ian Buruma hace un análisis existencial de la figura del gamberro político, válida para el miembro de un colectivo bolivariano, camisa negra italiano, camisa parda alemán,paramilitar o guerrillero colombiano: un sujeto incapaz de construir una vida decente y que por eso odia a quienes lo logran. Los regímenes fascistas o comunistas rescatan fracasados de su letrina moral, los hacen distribuidores de violencia y con eso dan una razón a sus existencias. Son así aporreadores, torturadores, saqueadores, asesinos, violadores, dispuestos a cualquier crimen «revolucionario», reptantes porque su condición moral lo es, y su oficio la máxima expresión de la ruindad, abusar de gente indefensa. Ejemplo es D’Elia, piqueteroy extorsionista argentino que pidió fusilar a Leopoldo López. En Venezuela, según aclara un ministro, el gobierno empobrece a la gente para envilecerla. Ahí la cantera.
Son el rostro del fascismo. Kenzaburo Oe lo describe como un masturbador obsesivo, atormentado por los flashes eróticos de la calle, jóvenes en faldas cortas y aromas de los que se considera privado por siempre, rechazado por su oscuro objeto de deseo. La belleza, el confort, la aparente felicidad, transitan por las calles en la sociedad abierta, pero cada quien debe construir la suya con sacrificios, trabajo, estudio, imposibles para el hombre fallido. En su cabeza los «otros» son los culpables de su fracaso y hay que castigarlos. En los comandos de «acción directa» se refugian esos perturbados feroces que odian la dignidad humana, solo tienen la violencia, el rasgo más animal de los hombres, el que lo pone más cerca de las bestias. Asesinar una mujer bella, un profesional, comerciante, universitario, trabajador, es su venganza. Lo único que los hace «importantes» es matar y causar terror en defensa de causas nauseabundas.
El diseñador de la violencia
Las sociedad ofrece cosas que solo obtendremos muy limitadamente. Por eso toda revolución es el levantamiento del fracaso contra la decencia, y el marxismo la ideología de la envidia. Mussolini creó los «camisas negras» en 1919 -Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional se llama a partir de 1923- que organizan las excrecencias humanas del naufragio italiano, paramilitares que hicieron infernal la vida común. La incapacidad para conquistar temprano la unidad nacional, y superar la ruina de la economía crearon un lumpen de resentidos animados por el rencor contra su mala ventura y la buena de otros: abogados, médicos, oficinistas, obreros, profesores, comerciantes, delincuentes comunes, todos desempleados, arruinados. En las tribunas el discurso psicopático de Mussolini enloquecía las hordas, e instigaba a despanzurrar, aplastar, patear, matar, a los adversarios.
Doscientos mil criminales de los «colectivos» emprendieron la Marcha sobre Roma, colocaron al monstruo en el gobierno, e inspiraron el sexualmente retorcido Hitler para formar los camisas pardas o S.A, sus propios «colectivos». El partido compró a baratos remanentes de las camisas de kaki de los contingentes alemanes en África, y con ellos los uniformó estilo militar. Y Hugo Boss, joven costurero que iniciaba su carrera profesional entre los nazis, le dio su mágico glamour. También se encargará de vestir las SS y las Wehrmacht. Los colectivos no podían faltar en la pesadilla de la Revolución Cultural china. Mao creó la Guardia Roja con cientos de miles de jóvenes convertidos en perseguidores de maestros, profesores, artistas, escritores, comerciantes, incluso sus padres.
Los derechos gusanos
El objetivo fue recuperar el poder y liquidar a Liu Sao Chi, Lin Piao y Deng Xiaoping que lo habían defenestrado. Esta oleada bárbara asesinó más de un millón de personas y destruyó casi cinco mil de los cerca de siete mil templos antiguos que se conservaban. América Latina ha tenidos muchos «colectivos» en cada una de sus miserables revoluciones, los intentos de caudillos para convertir los países en gigantescas cárceles. En Panamá de Noriega se llamaban Batallones de la Dignidad y Codepadis que sádicamente se dedicaban a ensangrentar las ropas claras que usaba la oposición panameña en las movilizaciones contra Noriega a finales de los ochenta. Olor a resaca de caña barata, adrenalina, sudor rancio, halitosis de las tropas de asalto, y sangre de los manifestantes en las calzadas. Corrieron como conejos a la entrada de los gringos en 1989 y una matona notable de las filas, Balbina Herrera, llegó a ser candidata -y derrotada- en recientes elecciones presidenciales.
Daniel Ortega tenía sus turbas divinas, aguardentosas, mercenarias y astrosas, también para aterrar adversarios políticos, menos a Violeta Chamorro que le desbarató el comunismo en las narices. El régimen cubano utiliza sus grupos de respuesta rápida para «actos de repudio» en los que rodean por horas o días las casas de los héroes indefensos que piden vigencia de los derechos humanos, a los que gritan «desechos humanos» y «mueran los derechos gusanos». Fidel Castro fue uno de los protagonistas de esa etapa de la historia cubana, entre los 40 y 50, cuando las calles de La Habana eran propiedad de pandillas de gángsters, los «gatillo alegre» (Emilio Tro, Manolo Castro, Rolando Masferrer, Fidel Castro, Alfredo Yabur, Eduardo Corona) hasta que en 1959 él acabó con las demás y quedó sólo la suya.
Nadie puede discutir que esta semana los venezolanos atravesaron una línea –invisible o no– que por catorce años el gobierno del presidente Hugo Chávez no se atrevió a cruzar. No por bueno ni por santo. Era astuto. Diosdado Cabello ha confesado que el presidente frenaba muchas locuras suyas. Vaya uno a saber cuál es la verdad.
Estratega de la destrucción de un país carcomido por muchos males históricos, el Eterno sabía cómo arrasar personas, instituciones, empresas, pero también conocía el momento en que debía retroceder. Así gobernó hasta su muerte.
Articulador de muchas fuerzas perversas, Chávez fue el creador de una causa sagrada (el chavismo), energía capaz de anestesiar la sensibilidad de muchos seres humanos ante el sufrimiento de los otros.
Lo vimos en estas noches cuando GNB y colectivos ilegales motorizados disparaban –amparados por el caos– contra individuos que corrían por diferentes zonas de la ciudad. Dos cayeron asesinados. Y el país chavista siguió adelante, como si nada.
La idea de una causa superior, capaz de minimizar las preocupaciones por la muerte de otro ser humano, no es mía, sino del filósofo esloveno Slavo Zizek. Lo recuerdo ahora porque la experiencia de los Balcanes merece ser atendida por Venezuela en estos días que corren. Hay allá lecciones que aquí interesan sobremanera.
Uno de los nombres claves para entender el conflicto de los Balcanes es el de Radovan Karadzic, responsable de la limpieza étnica atroz que arrasó la antigua Yugoslavia. Psiquiatra de profesión, militar sanguinario y político audaz, también era poeta. Escribió las líneas que siguen.
“Convertíos a mi nueva fe, muchedumbre./ Os ofrezco lo que nadie ha ofrecido antes./ Os ofrezco inclemencia y vino./ El que no tenga pan se alimentará con la luz de mi sol./ Pueblo, nada está prohibido en mi fe./ Se ama y se bebe./ Y se mira al Sol todo lo que uno quiera./ Y este dios no os prohíbe nada./ Oh, obedeced mi llamada, hermanos, pueblo, muchedumbre”.
Como bien anota Slavo Zizek, estudioso de la obra de Jacques Lacan y del cine contemporáneo, en las líneas de este poema se percibe “el llamamiento obsceno y brutal a suspender todas las prohibiciones y disfrutar de una orgía permanente destructiva”. Así ocurrió allá. Y aquí ocurre ahora.
Quizás unas de las iluminaciones más notables sobre esta turbulenta época venga de un periodista, Aleksandar Tijanic, director de Radio Televisión Serbia, personaje que fue amado y odiado hasta 2013, cuando murió de un ataque al corazón. Él reflexionó sobre la curiosa simbiosis que se dio entre Milosevic y su pueblo.
“Milosevic resultó apropiado para los serbios. Durante su gobierno, los serbios abolieron las horas de trabajo. Nadie hacía nada. Permitió que florecieran el mercado negro y el contrabando. Se podía aparecer en la televisión estatal e insultar a Blair, Clinton o cualquier otro de los ‘dignatarios mundiales’.
“Además, Milosevic nos otorgó el derecho de llevar armas. Nos dio derecho de resolver todos nuestros problemas con armas. Nos dio también el derecho de conducir coches robados. Milosevic convirtió la vida diaria de los serbios en una gran fiesta y nos permitió sentirnos como estudiantes de bachillerato en un viaje de fin de curso; es decir, que nada, pero verdaderamente nada de lo que hacíamos se castigaba”.
Estos dos párrafos se han quedado grabados en mi cabeza desde la primera vez que los leí. No podía creer que hubiera realidades que se parecieran tanto, siendo tan opuestas y lejanas.
Slavo Zizek reconoce que Milosevic manipuló las pasiones nacionalistas de su pueblo, pero se apoyó en el trabajo que habían hecho los poetas de los años setenta y ochenta, quienes inocularon el nacionalismo agresivo que desembocó en la letal limpieza étnica. Y en la muerte masiva.
Al oír en estos días las cadenas del presidente Nicolás Maduro, donde ubica la palabra paz entre epítetos violentos y adjetivos desintegradores, como derecha, burguesía, delincuentes, fascistas, especuladores, no puedo dejar de recordar los maratónicos Aló, Presidente donde Chávez se entregaba al festín del resentimiento sin nadie que lo contuviera.
Y vuelvo a preguntarme, sin tener una respuesta que alivie, si estos catorce años no van a desembocar en una mala noticia internacional de esas que una vez que empiezan ya no pueden parar. Ojalá me equivoque.
“Caballo le dan sabana porque está viejo y cansao
pero no se dan ni cuenta que un corazón amarrao
cuando le sueltan las riendas
es caballo desbocao…”
La rabia, como el amor, puede desencadenar pasiones extremas, y si no hay quién los guié con cierta ecuanimidad puede convertirse en violencia extrema.
En Venezuela, algunos líderes de la oposición decidieron unirse a las protestas estudiantiles – algunos, probablemente haciendo cálculos políticos a futuro – pero fueron ellos quienes impidieron y no forjaron, como el gobierno de Maduro los acusa, que grupos exaltados de jóvenes pudieses recurrir a una confrontación directa con los grupo paramilitares del régimen (eufemísticamente denominados “colectivos”), y contra la guardia nacional.
Uno de los «colectivos» creados, armados y amparados por el gobierno: «La PIedrita». La imagologìa muestra la mezcla de religiosidad-ideologìa y violencia.
Que Henrique Capriles decidiera que tomar la calle, ahora no es estratégicamente lo mejor, y que Leopoldo López y María Corina Machado piensen lo contrario, no implica una división de la oposición, pues todos están claros que el régimen Chávez-Maduro-Hermanos Castro, ha sido un desastre, no solo para la economía y la libertad de Venezuela sino en la destrucción de la paz social creada durante los 40 años previos a los diferentes gobiernos del país.
El fascismo, para cualquiera que desee ahondar en el término, tal como es descrito por sus estudiosos más serios, desde Hannah Arendt hasta Umberto Eco, tiene como algunas de sus características el culto a la personalidad, la toma de todas las instituciones de un estado, la creación de grupos paramilitares para sembrar miedo a la población, la glorificación mítica de una época o un personaje del pasado y la deslegitimación política, de todo tipo de disidencia y oposición (en algunos casos, luego se pasa a la criminalización y en otros, a algo peor, la destrucción física del rival). Estas características son afines al régimen de Maduro y no al comportamiento y mucho menos al discurso de la mayor parte de la oposición venezolana, incluyendo a Capriles, López y Machado, a quienes se les ha acusado, orwellianamente, de ser lo que los líderes del régimen son.
Niños adoctrinados y armados por el colectivo La Piedrita.
Mientras muchos venezolanos reaccionan ante el satélite de La Habana que los gobierna, falleció, justamente, uno de los hombres más queridos por todos los venezolanos: Simón Díaz, el compositor canta-autor, entre muchas canciones, de “Caballo Viejo” (http://www.youtube.com/watch?v=6-5Vtcdcz1U), y él dijo adiós, cuando decenas de miles de venezolanos se dicen a sí mismos, por su futuro: “quererse no tiene horario, ni fecha en el calendario cuando las ganas se juntan…”
Como se inspiro para Caballo Viejo
http://www.youtube.com/watch?v=6-5Vtcdcz1U
Simòn Dìaz con Placido Domingo cantando «Caballo Viejo». Ver al llamado «Tìo Simòn» en los videos (links) de abajo: