El pasado 21 de noviembre los chilenos eligieron, de entre siete candidatos, al izquierdista Gabriel Boric y al conservador José Antonio Kast para la segunda vuelta electoral.

Las opción del joven abogado y aun diputado, Boric, de llegar a la presidencia no sorprende en un país en donde fue notorio el crecimiento de grupos sociales que demandan más participación del estado sobre las “fuerzas del mercado” durante las violentas manifestaciones de 2019 y que eligió para la asamblea constituyente a un mayor número de asambleístas de partidos y colectivos de izquierda que de derecha. Por eso, el candidato de la coalición progresista, Apruebo Dignidad, que incluye al partido comunista, Boric, tiene la oportunidad de capitalizar el descontento de los dos últimos años.
La opción de Kast de ser presidente es la que sorprende ante el contexto anterior. ¿Cómo se explica que una sociedad que en el último año y medio se ha volcado a preferencias de izquierda un abogado y ex diputado católico de larga trayectoria, católico, proveniente de un partido pequeño, quien luego fue independiente y en 2019 fundó al derechista Partido Republicano? La respuesta está, quizá, en que muchos de los votantes dispersos en partidos de centro, como el Social Cristiano y del oficialista Renovación Nacional temen que la izquierda radical llegue al gobierno o tenga mucho poder.
La comparación de Kast con los delirantes mandatarios de Estados Unidos y Brasil la han hecho sus rivales, y si bien tiene propuestas similares, como crear una zanja para impedir entrada de refugiados ilegales y posturas anti aborto o matrimonio gay, el candidato chileno no luce delirante. También, millones de chilenos sienten que se perdió el orden y la autoridad a partir de las protestas de 2019 y ven en Kast al hombre duro que necesita ahora el país.
Breve pero certero