¿Qué se puede aportar sobre el liderazgo de Ángela Merkel que aun no se haya analizado? Por eso, opto por publicar, con algunos cambios, mi artículo de 13-06-2007 “Ángela y los siete enanitos” cuando la canciller alemana ya demostraba su temple y bondad, incluso, antes de abrir las puertas de su país a casi un millón de refugiados iraquíes y sirios con un alto riesgo:
A propósito de la cumbre de los 7 + 1, los países más desarrollados del planeta y Rusia, escribí:
“Había una vez una mujer que dirigía el destino de los pobladores nacidos en la tierra de Blancanieves, Germania, que se llamaba Ángela, pero a diferencia de la doncella del cuento de los hermanos Grimm, fue ella quien hospedó a siete enanitos invitándolos a conversar sobre asuntos que ocurrían en un mundo lleno de tiranuelos a quienes les gustaba mirarse a los espejos de sus delirios.

Estos encuentros se conocían como “La Cumbre de los G-7 + 1” y, aunque no todos sus miembros se llevaban muy bien, sí tenían intereses en común y compartían felizmente un cuento de hadas en sus reinos comparado con los problemas y tragedias de los enanitos que representaban a otras comarcas.
Uno de los temas de sus debates solía ser el de los millones de cazadores que utilizaban sus armas contra todo blanco, negro y colorido personaje, a quien le ordenaran hacerlo. Hablaban sobre cómo evitar matanzas aunque todos sabían que luego seguirían vendiéndolas ya que las construían a granel para hacer negocios con cualquier forajido que se las comprara.

Ángela y los enanitos tenían una responsabilidad inversamente proporcional a las de la altura de sus colegas en la multiplicación de manzanas y otras frutas venenosas de la tierra, producto de los cambios climáticos e intereses económicos que por largo tiempo sus antecesores y ellos habían ignorado.
Ángela tenía intenciones de lograr un consenso entre los enanitos, en especial, el líder de la Confederación del Noroeste, Doc. George W – aquel que junto al líder del imperio rojo del Éste, el gruñón Vladimir, se sentían los mandamases del grupo, pero eso era muy difícil porque el primero no era muy brillante y el segundo, aunque astuto, era un tirano. El grupo hizo promesas que en su mayoría no cumpliría para así volver a hacerlas en un próximo encuentro a realizar en la isla del enanito samurái, territorio cercano a un gigante reino amarillo que permaneció dormido por largo tiempo pero despertó y hace temblar a todos los protagonistas de este cuento de nunca acabar.

La mayoría de los trovadores encargados de proclamar lo que allí se conversaba se limitaron a difundir la noticia de que el G-7 + 1 (hace un tiempo expulsaron al enano Vladimir por sus conquistas y maltratos), había acordado reducir las emisiones de sus gases.
¡Cómo habrán sido entonces los banquetes que disfrutaron!¨

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