Es difícil comprender el comportamiento de varios políticos, funcionarios públicos y gente con acceso al poder en Perú, Argentina y en otros países, al inmunizarse secretamente, sin respetar las reglas de juego de mínima solidaridad con el personal médico y las poblaciones vulnerables a quienes estaban destinadas las vacunas contra el Covid 19. Y sin embargo, afirmo esta contradicción: es difícil entender que aun no comprendamos que, justamente, en situaciones de alto riesgo y crisis, millones de personas son capaces de mostrar el lado más oscuro del ser humano como lo podemos comprobar a lo largo de la historia y en cualquier parte del mundo.

La falta de solidaridad, la maldad o la perversidad emergen en los momentos críticos de la historia como se ha estudiado a fondo en el caso de los millones que siguieron órdenes genocidas en la Alemania Nazi, en la China de Mao Tse Tung, en la Unión Soviética, sobre todo en tiempos de Stalin, y en muchos otros casos de autoritarismos de derecha o de izquierda.

La historia del mal y de la indiferencia hacia las víctimas de hambrunas, epidemias, represión o tortura sigue ocurriendo en nuestros tiempos en Corea del Norte; en la China que de “comunista” solo tiene el nombre y reprime a la población uigur (de origen musulmán) en la provincia de Xinjiang; en la budista Myanmar que sigue masacrando a la también población musulmana rohingya o a la vuelta de la esquina, en la Cubazuela chavista, cuyos funcionarios tienen mafias conectadas al narcotráfico, al terrorismo y hasta se han aprovechado para enriquecerse con el hambre del pueblo .

Entender que en tiempos de crisis la tendencia del ser humano es la de buscar beneficios personales y para sus «tribus», por encima del bienestar colectivo no implica excusar a quienes cometen abusos contra sus semejantes.
Parte de la paradoja de existir en nuestros tiempos cuando tenemos más acceso al conocimiento para coexistir mejor que otras generaciones es conocer mejor la naturaleza humana hasta el punto que un historiador optimista como Yuval Harari (autor, entre otros, de “21 Lecciones para el siglo 21”) nos recuerde que “jamás debemos subestimar la estupidez humana.
Mi amiga Ofelia Costa me recordó cómo el escritor Premio Nobel, José Saramago, profetizó mucho de lo que ahora ocurre, en su novela “Ensayo sobre la Ceguera” (1995), en la cual los protagonistas padecen de una pandemia que los deja ciegos. Iinicialmente, quienes supuestamente ven, crean centros de confinamiento para los ciegos hasta que ellos mismos caen víctimas de la enfermedad. Sumidos en la angustia de quedar invidentes, en la ficción de Saramago, se imponen los personajes más amorales aprovechando el pánico de la mayoría.

¿No se parece lo que está ocurriendo en la realidad del coronavirus a ese mundo de deshumanización y de “sálvese quien pueda” que se convierten en la regla, y no la excepción, creado por Saramago?
El “Ensayo” de Saramago es una parábola de la ceguera moral del ser humano, especialmente, en tiempos de crisis existencial como la de la pandemia que nos resquebraja.
terriblemente cierto!