Dr. Frank Stuart enseñaba Historia de la Civilización Occidental en la Universidad de Miami. Su fervor por el conocimiento no tenía límites y lo demostraba cuando se desenvolvía entusiastamente en los grandes auditorios repletos con estudiantes que aprendían con su pedagogía sencilla; lo irradiaba en sus conversaciones de diversos temas buscando comprender – desde los procesos sociales y la fe humana hasta el misterio del alma de las mujeres (no era un mujeriego, era un romántico), – y “devorando” libros, incluyendo textos de asuntos o autores británicos porque Dr. Stuart era un apasionado anglófilo.

Dr. Stuart y el gato Tuxedo
Desde que lo conocí tuvo la mala memoria de quien se olvida de sí mismo para dedicarse a los demás; de quien no recuerda lo cotidiano porque su mente divaga por los mundos de los recuerdos por reconstruir de la Historia o por las pasiones por imaginar, como el cultivo de amistades, de grandes amores y de proyectos académicos. Si tuvo éxito o no en la mayoría de sus objetivos, es intrascendente porque Dr. Stuart estaba tan enamorado de la vida, incluyendo de su cotidianidad, que éstos se volvían difusos ante un buen documental en la TV; una pequeña fiesta entre amigos – siempre con buen vino y mejores conversaciones – y cuestiones tan simples como relajarse mientras acariciaba a sus gatos, perros o limpiar la jaula de su loro.

Dr. Stuart durante su cumpleaños 87 en junio de 2017, junto a Lenny del Granado quien fue secretaria del Departamento de Historia de la Universidad de Miami durante muchos años (¡y de quien todos dependimos para que todo funcionara cuerdamente!) y Dr. Johnson.
¡Cuántas conversaciones sobre acontecimientos en el mundo, de temas personales y de sueños a futuro tuvimos el privilegio de compartir con Dr. Stuart, mi vecina de habitación, Quelia, y yo, quienes tuvimos la fortuna de ser sus inquilinos (con estatus de familia), durante los años que estudiamos nuestros posgrados de Historia!

Dr Stuart con mi roommate Quelia durante su graduación en 1998
Y ahora que falleció Dr. Stuart, aunque hace mucho no lo veía y sé que sufría de senilidad, siento que se explica aún mejor por qué el mundo se ha hecho más cínico, más superficial y menos romántico.

Con mi amigo y profesor de profesores, Frank Stuart
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