Ante el reciente ciclo de violencia entre Israel y Hamas que implica que familias israelíes y palestinos estén expuestos a misiles, valgan estos comentarios:
– Cuando organismos internacionales y la prensa enfilen sus críticas contra Israel, no olvidar que la actual crisis comenzó con el secuestro y asesinato de tres estudiantes israelíes por parte de extremistas radicales palestinos cerca de Hebrón por miembros de Hamas, o por un grupo no controlado por la cúpula de éste movimiento islamista que hace poco participa en un gobierno de unidad nacional con el Fatah de Mahmoud Abbas.
– Hacen bien las fuerzas de seguridad de Israel en haber ubicado y arrestado con premura a los seis responsables del asesinato de un menor palestino quien, por venganza por lo ocurrido con los adolescentes israelíes, fue quemado vivo en un acto repudiable. Dos conclusiones. 1) Se confirma que, aunque en menor escala, hay fanáticos judíos y son tan crueles como cualquier otro. 2) Se ratifica que Israel es un estado de derecho en el cual ninguno de sus ciudadanos puede tomar la justicia- y menos venganza – por sus propios medios sale impune.
– Ante las críticas de la “desproporción” de los ataques israelíes vs. los de Hamas a territorio israelí, la carta de la ONU reserva el derecho a toda nación a la defensa contra ataques armados (eso incluye cohetes como los que lanza Hamas). La situación se complica porque este texto fue concebido para guerras entre países y no entre un estado y una guerrilla o grupo terrorista .(Ver “El Odio Desproporcionado” en el artículo de abajo del 2011 luego del otro titulado «Irán, Sudán y Gaza»en https://arielsegal.wordpress.com/2012/11/24/iran-sudan-y-gaza/)
– La posibilidad de un acuerdo de paz entre palestinos e israelíes está, hoy más que nunca, ligada a lo que ocurra en todo el Medio Oriente (guerras civiles de Iraq y Siria, conflicto entre radicales sunitas y chiitas, etc.) y a que Hamas renuncie, explícitamente, al terrorismo y a su intención, expresa, de destruir a Israel y su uso de su propia población civil como escudos humanos.
Solo así será claro si Netanyahu y varios de sus compañeros de coalición gubernamental están o no dispuestos a concluir un tratado de paz que implique la entrega de territorios de Cisjordania a la Autoridad Palestina.
Ver también: Shimon Peres, en una conferencia en Davos, Suiza, contesta las acusaciones de ataques desproporcionados de Israel a Gaza al Primer Ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan durante un conflicto Israel-Hamas en 2009:
http://www.youtube.com/watch?v=vkJ-zgOIrNA

Es un real privilegio poder “opinar” desde aquí, desde nuestra realidad medio sacudida por un alud de situaciones –a veces hasta risibles-, pero que en modo alguno nos colocan frente a aquello a lo que el Estado de Israel hoy por hoy –y como parte de un proceso mucho más largo- debe dar respuesta. Nosotros, en el mejor de los casos tan sólo alcanzamos a atisbar la punta del iceberg… y sobre esa visión, -lamentablemente con frecuencia algo borrosa-, nos ubicamos con cierta comodidad en posturas “pacifistas” o en críticas superficiales a las acciones Israelís. Siento que esto no es lo que merece la situación, porque en principio contemplarla nos puede ayudar individualmente mucho, no es poca cosa tener ocasión de reflexionar sobre la fuerza, la violencia, el sentido de la guerra, las dinámicas subyacentes en los conflictos, porque todo ello es parte de construir la Paz, en este mundo.
Por eso la PAZ es el SUMO BIEN, porque es algo hacia lo que propendemos, algo por lo que nos esforzamos, las más de las veces a la imperfecta manera humana -¡bendita sea!-, en la que hay que tomar decisiones y estar preparados para responder por ellas. La motivación que subyace a las decisiones que generan acciones, es creo yo, aquello en lo que uno se podría enfocar para una “opinión”, una “crítica”, una “toma de posición”. Es demasiado sencillo –porque nuestras fuentes suelen ser los “medios masivos”- caer en la dicotomía “buenos” vs. “malos”, “débiles” vs. “fuertes”… e identificarnos rápidamente con alguno de los “dos bandos”. Ciertamente en un conflicto hay dos partes que miden fuerzas, pero si nos descubrimos denostando uno en favor del otro… es casi seguro que hemos caído en la vieja trampa de la conmiseración fácil… la que no levanta peso… la que es humo de paja, y gracias a la cual nos desconectaremos prontamente de la situación sintiéndonos “más buenos y nobles” por desear la paz –con minúsculas-. Pero si nos atrevemos a dar un paso más, descubriremos que cuando ese contrapunto terrible de fuerzas toma lugar, las consecuencias para ambas partes implicadas son de mucho dolor y mucho sufrimiento, temor, sensación de impotencia, angustia… empatizar genuinamente con ellas, nos puede abrir un camino hacia una comprensión mayor.
Me parece que cuando un ejército regular ha de enfrentarse a una amenaza terrorista, de una manera y otra sabe que tarde o temprano deberá asumir el pasivo de ser visto por muchos como el “villano” de la historia. Requiere coraje tomar decisiones difíciles con plena consciencia de las consecuencias, los gobernantes que lo hacen merecen respeto y hasta admiración. Hay momentos y circunstancias en las que políticas como la del señor Neville Chamberlain (el apaciguamiento que facilitó el crecimiento de Hitler) son altamente nocivas. Tomar decisiones claras dentro de un marco de libertad responsable, siempre ayuda a materializar acciones limpias y eficaces, que a la larga hasta podrían ayudar a la supuesta “víctima” a aprender a hacerse cargo de sí misma, de su dolor, de su rabia, de su agresividad mal canalizada… de todo aquello que subyace en los fenómenos de terrorismo.
Ser gente de paz implica tener el coraje necesario para defender los límites que hacen posible la vida para todos, y hacerlo sin odio en el corazón hacia el eventual contrincante -el adversario-, porque el arte en una situación tan dramática, tan dura como esta, se encuentra –creo yo- en no asumir que la fuerza nos da un poder omnímodo, es tan sólo un instrumento para proteger lo que Amamos, lo que Valoramos… para llegar a equilibrios mínimamente saludables. Siento que aquí, por parte del Estado de Israel, la cosa camina en ese sentido. Y personalmente, ruego que el fondo profundo de Misericordia y de sabiduría al tratar con realidad terrena de manera humana y humanizante desarrollado por el pueblo de Israel a lo largo de su historia milenaria –y que de alguna manera, nos ha nutrido a los Cristianos y a los Musulmanes- siga guiando sus pasos.