Egipto elige a su presidente en las primeras elecciones no fraudulentas de su historia como república. Atrás quedarán sus regímenes monárquicos y dictatoriales en los cuales las sucesiones eran dinásticas o por ascenso militar, y el país árabe entra en un período emocionante, pero a la vez, de gran incertidumbre.
Con un 70% de los escaños parlamentarios en poder de los partidos islámicos Libertad Justicia de Hermandad Musulmana (HM) con 230 asientos, y el partido Al Nour (AN) con 21 puestos – la elección del presidente se vuelve más importante pues sus poderes determinarán el grado de conflicto entre el gobierno y la población secular y el ejército del país, dependiendo de si se trata de un hombre laico, religioso moderado o musulmán extremista. Los resultados de las elecciones parlamentarias no necesariamente denotan que la mayoría de los egipcios quiere un país regido por la shaaria (leyes del Corán) ya que la falta de democracia no permitió que fuera del partido militar gobernante se pudiesen formar a tiempo nuevas agrupaciones políticas conocidas por la población familiarizada con la HM (fundada en 1928) y con algunos miembros del recién creado AN, feligreses de una corriente fundamentalista llamada salafismo, que surgió en el siglo 19 en el nombre de un Islam que los acercará a sus ancestros (en árabe “salaf”). (Esta doctrina en Egipto es por el momento moderada a diferencia de sus pares en otros lugares del mundo como los wahabitas de Al Qaeda o los Talibanes de Afganistán y Pakistán).
Así las cosas, los egipcios se debatieron entre los únicos tres partidos que conocían: el de Mubarak, al cual rechazaron en gran mayoría; y los dos islámicos a los que se les permitió funcionar como entidades religiosas y de caridad a través de escuelas y mezquitas.
Durante la campaña la Comisión Electoral de Egipto inhabilitó entre otros, los candidatos de los tres partidos: Omar Suleiman, jefe de los servicios secretos del derrocado gobierno de Mubarak por no tener el suficiente número de firmas exigidas para optar a la presidencia; el millonario Khairat al-Shater de la HM una condena de diez años, aun en vigencia, que lo inhabilita para ejercer sus derechos políticos, y el candidato salafista Hasem Abu Ismail fue descalificado porque su madre tiene ciudadanía estadounidense y las leyes actuales impiden que un presidente tenga algún progenitor no nacido en el país. Esta sospechosa decisión salomónica de “cortar al bebe en tres partes”, da la impresión –más allá de los argumentos legales– de tratarse de una manera de forzar la victoria de un liderazgo moderado que divida al voto radical islámico.
Entre los 13 candidatos aspirantes a la presidencia Al Nour se decantó por Abdel Moneim Abol Fotouh, expulsado de los HM en agosto por lanzarse a la presidencia aun fuera del consenso del candidato del partido; en cambio el partido mayoritario apoyó a uno de sus principales miembros, Muhammed Mursi, mientras que dos aspirantes laicos aparecen con opciones de ganar: el periodista Hamdeen Sabahi oponente del régimen militar desde hace más de una década, y el ex secretario general de la Liga Árabe, Amre Mussa, quien apuesta al olvido de que fue designado a ese cargo por Mubarak.
¿Secularismo o religión?, ¿Libertad o sumisión a la fe? A la espera de un largo conteo de votos, millones de egipcios ensayan a Hamlet sin estar conscientes de ello.
ÁCTUALIZACIÓN:
La segunda vuelta de las presidenciales en Egipto enfrentaría al candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi, a un símbolo del régimen del presidente derrocado Hosni Mubarak, Ahmed Shafiq, según resultados preliminares anunciados el viernes por la hermandad islamista.
Este duelo, que podría llevar a un fin de campaña muy conflictivo, no pudo ser confirmado sin embargo por la comisión electoral, que anunciará los resultados oficiales a partir del domingo.
Tras el escrutinio en la mitad de las oficinas de votación, la hermandad afirmaba que Mursi encabezaba con 30,8% de los votos, seguido por Shafiq (22,3%), el candidato de izquierda Hamdeen Sabbahi (20%), el islamista moderado Abdel Moneim Abul Futuh (17%) y el ex secretario general de la Liga Árabe Amr Musa (11%).
PERDIERON LOS DOS QUE DEBATIERON:










