Oswaldo Guillén fue un jugador venezolano de beisbol, y como todos los latinoamericanos soñó con sobresalir en las Grandes Ligas de Estados Unidos. Jugó casi toda su carrera con los Medias Blancas de Chicago (¡sí, nombre peculiar para un club!), y los condujo a la victoria en 2005 ya en faceta de entrenador. Sin embargo Ozzie, como lo apodan los comentaristas deportivos, suele ser muy lenguaraz y eso lo ha metido en más de un problema, incluyendo el más reciente que casi le cuesta su nuevo puesto como entrenador de los Marlins de Miami.
Los Marlins eran antes de Florida”, y luego de muchas ligas sin buen rendimiento, sus empresarios movieron su estadio a la llamada “pequeña Habana” de Miami, contrataron a Guillén como su manager (instructor) y convocaron a varios jugadores caribeños al plantel. Ozzie concedió una entrevista a la revista Time y cuando el periodista le preguntó su opinión sobre Fidel Castró, Guillén contestó: “I love Fidel”. Era de esperar, entonces, que los más recalcitrantes fanáticos cubanos y latinos de Miami se enojaran y anunciaron boicotear la asistencia al estadio de los Marlins.
En un áspero debate por medios de prensa y otros alternativos – Facebook, Twitter, – centenares de personas atacaron o defendieron a Guillén bajo el ángulo de su derecho a la libertad de expresión vs el de los dueños de los Marlins a ceder a la presión de sus seguidores – por más que sean excesivamente sensibles, hasta la majadería.- para suspenderlo por unos días. Lo triste es que Ozzie aseguró que fue malinterpretado, pues él “solo” admira la capacidad de resistencia de Fidel en el poder, aunque no comprende cómo alguien que “ha hecho tanto daño, que matado tanta gente y que ha hecho sufrir a millones de personas, pueda dormir tranquilo y esté vivo todavía”.
Guillén llora, pero, ¿se arrepiente sinceramente?
Ciertamente muchos latinos de Miami no se comportan como demócratas cuando se trata del derecho de opinión de los admiradores de la dictadura caribeña, y en un mundo ideal, los accionistas de un equipo deberían ser firmes defendiendo a sus empleados a expresarse libremente, y sin embargo, para ser “políticamente correctos”, decidieron suspender a Guillén por unos juegos como, seguramente lo hubiesen hecho los del Barcelona F.C si Guardiola o el mismo Messi dijeran que admiran a Franco o a Videla, respectivamente.
Así las cosas, ni los anti-castristas fanáticos son demócratas ni muchos comunistas o socialistas como Guillén son lo que dicen, pues si Ozzie realmente admira a Fidel no hubiese desmentido, cínicamente, lo que dijo para defender su sueldo de diez mil dólares diarios. Y es que en estos tiempos de medias tintas, a la hora de ser coherentes con supuestos valores y principios, ¡qué se le puede exigir al idolatra cuando sus ídolos se pasean por el mundo, de lo más capitalistas ellos, engalanados en trajes de marca, y que patrocinan conocidas marcas deportivas cuando convalecen de sus enfermedades, mientras critican que Obama vista una sencilla guayabera en una cumbre en el trópico!


Diste en el clavo. En el primer momento defendí el derecho a la libertad de expresión de Guillén, pero que cínico, ni siquiera el mismo tuvo la firmeza de defender sus palabras. Aunque también creo que un ídolo deportivo, aunque tiene el derecho a expresarse libremente, debería abstenerse de opinar sobre política por el bien del deporte y de los niños que lo siguen.