En las escuelas de Comunicación Social se repite mucho el famoso refrán chino de que “una imagen vale más que mil palabras” (en su original es “una imagen puede expresarse en diez mil palabras”); pero en un mundo de programas de computación sofisticados con los cuales es muy fácil hacer montajes fotográficos y fílmicos esta frase pierde vigencia, pues como lo demuestran famosos casos de fotomontajes, no podemos confiarnos en lo que vemos. El siglo 21 ha impuesto como nunca la cultura de la imagen, pero a la vez, la del escepticismo.
Valga esta reflexión por la exigencia que hacen algunos al gobierno de Estados Unidos para que muestre las fotografías del cadáver de Osama Bin Laden y así creer si realmente fue ubicado y ejecutado por sus comandos, o de lo contario, asumen que se trata de un truco demagógico para subirle la popularidad a Barack Obama, a quien por cierto, aun le falta casi año y medio para medirse en las próximas elecciones presidenciales. Seguramente, de haber mostrado imágenes de un Bin Laden desangrado, los mismos que critican la falta de evidencia visual de su muerte hubiesen dicho – como en el caso de la filmación y divulgación de fotos del ahorcamiento de Saddam Husein – que se trata de una muestra de la arrogancia y la falta de sensibilidad de la potencia norteamericana hacia el mundo árabe y musulmán. Como suele ocurrir, Estados Unidos, para sus detractores a tiempo completo, es culpable por acción o por omisión, de casi todo lo que ocurre en el mundo.
Con todos sus defectos, Obama y sus políticas centristas (que no pueden ser más de izquierda dado el fuerte poder del partido republicano, lobistas y corporaciones), es uno de los presidentes que más se ha cuidado de no imponer la hegemonía estadounidense a toda costa: negoció con la ONU, La Liga Árabe, la Unión Africana y la OTAN para las operaciones militares en Libia y ha delegado en Francia y Gran Bretaña el liderazgo en ese conflicto; permite que sea China el gran mediador del conflicto entre las dos Coreas; estimuló que Brasil fuera el país que intercediera para conseguir una salida a la crisis de Honduras y ante la torpeza de la diplomacia de Lula al recibir en su embajada al derrocado ex presidente Zelaya, se buscó la mediación de Oscar Arias; y con Rusia, ha accedido a desmantelar el proyecto de misiles estratégicos en Polonia y el País Checo a cambio de colaboración para enfrentar al régimen iraní que busca, y no para fines pacíficos, la manipulación del átomo.
Hay mucho que criticar a Obama, y sobre todo, su fracaso en cerrar la prisión de Guantanamo, si bien la responsabilidad es compartida por gobiernos europeos que la critican y se niegan a recibir a sus presos, y si bien decretó el fin del uso de torturas, queda pendiente cumplir la promesa de acabar con esta zona de excepción en la más extrema ilegalidad. Y sin embargo – y si no hubiese embargo estadounidense al imperio de los Castro – el gobierno de Obama tiene el merito de, no solo haber cumplido con ubicar y atrapar “vivo o muerto” a Bin Laden, sino también, como escribió recientemente el politólogo y humorista venezolano Laureano Márquez en su artículo “Evasión”, de haberlo hallado, curiosamente, porque “no tenía ni celular, ni teléfono, ni Facebook, ni cuenta de Twitter, ni correa electrónico”.
¡Que ironía y contradicción para nuestro mundo tecnológico en donde las imágenes suplantan a la reflexión hasta el punto en que no se cree en nada si no lo vemos, y tampoco sí lo vemos!
Me gusta, se llee claramente y bien, y cuan de cierto tiene el contenido. Antes decian como Santo Tomas hasta no ver no creer claro ahora eso es imposible existe mucho esceptisimo a veces adecuado a veces inadecuado quien puede saberlo ahora y como decia mi mamà «hasta no ver no creer porque ni atentando (que es una expresiòn de la gente del campo en Mèxico y que significa que ni tocando a veces se cree». Cosas de la Tecnologia. Gracias Ariel como siempre tan puntual. Saludos