En octubre 2024 Claudia Sheinbaum asumió la presidencia de México y comenzó su mandato con la misma actitud populista y polémica de su antecesor y probable actual asesor AMLO al no invitar, en la comitiva española, al Rey Felipe VI de Borbón porque no se retractó, en nombre de la corona, de que España colonizada matará indígenas y por la explotación de riquezas de su país.
El mismo mes, el canal español RTVE, transmitió un documental titulado ¨Colón ADN, su verdadero origen¨ en el cual un grupo de científicos que ha estudiado los restos del famoso navegante descarta su origen genovés y asegura que nació en Valencia, España y además fue judío.
Varios historiadores como Salvador de Madariaga y Simon Wiesenthal, entre otros, habían postulado la teoría de que Colón se convirtió al cristianismo para evitar la persecución de la Inquisición y mantuvo su identidad de origen en secreto para lograr su emprendimiento de viajar hacia las islas orientales a través del Océano Atlántico, antes de la expulsión de los judíos en el mismo año de su partida, 1492.
LIBRO PUBLICADO EN 1975
LIBRO PUBLICADO POR EL ¨CAZADOR DE NAZIS¨ E HISTORIADOR AFICIONADO SIMON WIESENTHAL
¿Qué tiene que ver el debate de los seguidores de la presidente Sheinbaum Pardo y los del Rey de España con la hipótesis de un Colón judío? Objetivamente nada, pero, en mi lúdica imaginación, estas dos historias se pueden vincular en una paradoja simbólica. AMLO, en 2020, exigió las disculpa de España por la colonización y sus consecuencias pero le contestaron que su apellido era López Obrador, una ¨seña¨ que, le guste o no, demuestra su ascendencia española de viajeros que no se mezclaron con indígenas de la civilización azteca, y por eso sus padres no lo llamaron Cuauhtémoc, por ejemplo.
LOS TIEMPOS CUANDO AMLO NO PEDÍA AL REY DE ESPAÑA RETRACTARSE, SI NO, RETRATARSE JUNTO A ÉL.
El revisionismo histórico, en este caso, juzgar con valores culturales occidentales del siglo 21 lo que en el siglo 15 era percibido como habitual, no le va a funcionar a Sheinbaum Pardo cuando comience su desgaste político pues le recordarán que es hija de padre lituano judío y una madre sefardita búlgara – descendiente de los judíos expulsados de España, – y, por lo tanto, su ADN tiene más en común con Colón que con los colonizados aztecas.
De hecho, por sefardita, la presidente como el mismo Rey Felipe VI son descendientes de españoles que nacieron fuera de la Península Ibérica porque el padre del monarca nació en el exilio italiano y su madre en Grecia.
La guerra comenzó el 7 de octubre de 2023, tras la masacre perpetrada por el grupo terrorista palestino Hamas, en la que más de 1,200 civiles israelíes fueron asesinados brutalmente.
Cuando las tropas israelíes entraron por tierra en Gaza con el objetivo de “liquidar” a Hamas, el grupo islamista libanés Hezbollah se sumó al conflicto, lanzando misiles semanalmente al norte de Israel. Esto provocó la evacuación de más de 60,000 personas, quienes aún no han podido regresar a sus hogares.
Desde hace meses, la mayoría de los gobiernos del mundo piden un alto al fuego en Gaza que incluya la liberación de más de 100 rehenes retenidos por Hamas. Además, el grupo utiliza a gran parte de la población como «escudos humanos» para frenar los ataques israelíes o causar la muerte de civiles palestinos, lo que beneficia sus objetivos propagandísticos. Esta situación ha contribuido al aumento del antisemitismo mundial. Sin embargo, esto no exime al gobierno israelí de críticas por los excesos y la aparente indiferencia frente a las bajas civiles en Gaza.
EL RECIÉN ASESINADO LÍDER DE HAMAS, YAHIYA SINWAR
En Israel, semanalmente, son masivas las protestas contra el gobierno de Netanyahu para que priorice el rescate de los rehenes, cuestión, que algunos expertos piensan que no hace o por las inaceptables condiciones que exige Hamas o porque le conviene mantener la guerra en Gaza por razones políticas.
¿Cuáles son las consideraciones políticas de Netanyahu? Postergar la creación de un comité de investigación que estudie las fallas de inteligencia, militares y políticas que condujeron a la masacre del 7 de octubre de 2023. Dicho comité podría determinar su responsabilidad como primer ministro, lo que podría derivar en elecciones anticipadas o incluso en su inhabilitación política.
La responsabilidad de Netanyahu en la guerra de Gaza es mínima en comparación al peligro que plantea el eje islamista chiíta manejado por Irán.
Desde la revolución islámica de Irán a finales de los 80, el régimen teocrático de la minoría chiíta (en contraste con el islam sunita, practicado por más del 80% de los musulmanes y la mayoría de las naciones árabes) ha expandido su doctrina en países del Medio Oriente con significativas minorías chiítas. De este modo surgieron Hezbollah en Líbano; milicias chiítas en Irak tras la caída de Saddam Hussein; grupos proiraníes en Siria postguerra civil, incluidos miembros de la Guardia Revolucionaria Iraní, y los Hutíes, empoderados por la guerra civil en Yemen.
Este eje chiíta se ha convertido, con el tiempo, en una amenaza para Israel, pero también para regímenes árabes como Arabia Saudí, Jordania, y el propio Líbano, cuyo ejército es mucho menos poderoso que Hezbollah. Tras un año de ataques de Hezbollah, el gobierno de Netanyahu decidió intensificar los ataques contra esta guerrilla chiíta proiraní. En las últimas semanas, se han registrado importantes éxitos tácticos: la destrucción de los sistemas de comunicación de Hezbollah mediante explosiones selectivas; asesinatos de su cúpula militar, incluyendo a su líder, Hassan Nasrallah; y la eliminación de varias instalaciones militares de la organización, lo que ha generado una oportunidad que el ejército israelí está aprovechando para debilitarlos.
Estas acciones, junto con ataques israelíes contra objetivos iraníes en Líbano, Siria e Irán (como el asesinato del líder político de Hamas, Ismael Haniyeh), han provocado que Irán responda, no solo autorizando a sus aliados del eje chiíta a atacar a Israel, sino también lanzando misiles de largo alcance contra zonas civiles israelíes en dos ocasiones.
En resumen, somos testigos de una guerra entre Israel e Irán, que durante años fue indirecta, con los aliados chiítas de Teherán y Hamas (aunque sunita) uniéndose en su objetivo de destruir a Israel. Más recientemente, el conflicto ha escalado a ataques directos entre ambos países.
Se cumple un año del Pogrom (masacre) perpetrado por el grupo terrorista Hamas en Israel. Como analista internacional, sería lógico escribir sobre las repercusiones de lo sucedido durante un año de conflicto, sin embargo, como la mayoría de israelíes y judíos del mundo, hacemos una tregua en nuestras críticas al gobierno de Netanyahu y todos recordaremos y lloraremos a los más de 1200 civiles asesinados por Hamas en territorio israelí; a los más de 4 mil heridos y en especial, anhelamos el retorno de unas cien personas, vivas o muertas, que aun están secuestradas en Gaza.
A pesar de las fallas de inteligencia y militares que permitieron la mayor masacre de judíos desde el Holocausto, mañana no debatiremos las responsabilidades del primer ministro ni sus implicaciones políticas (Así como hay que felicitarlos por sus éxitos recientes contra Hezbollah e Irán). No será el día para discutir si la respuesta de Israel en Gaza ha sido adecuada, ni si el ejército, bajo un gobierno con ministros extremistas, se ha excedido en sus ataques. Tampoco abordaremos si Netanyahu no ha negociado un cese al fuego por razones estratégicas o personales, como evitar enfrentar acusaciones de corrupción.
Mañana no habrá debates sobre quién causa más muertes en Gaza: si Israel con sus bombardeos o Hamas, al usar a la población civil como escudos humanos en hospitales, escuelas, y mezquitas. Lo que debe quedar claro es que este conflicto actual comenzó con una masacre que fue una clara declaración de guerra por parte de Hamas.
Es importante que aquellos que, a lo largo del año, han alzado pancartas con lemas como «Del río al mar Palestina será libre» comprendan el verdadero significado de esas palabras. No abogan por un Estado palestino junto a Israel, sino por la destrucción de Israel, ya que el río Jordán y el mar Mediterráneo enmarcan la total aniquilación de su territorio. La crítica a Israel puede ser válida, pero negar su derecho a existir es antisemitismo disfrazado de anti sionismo.
Mañana será un día de tristeza para todos los judíos y palestinos que han sido víctimas de Hamas.
CANCIÓN INTERPRETADA POR EDEN GOLAN EN UNA MANIFESTACIÓN PRESIONANDO AL GOBIERNO DE NETANYAHU PARA NEGOCIAR TODO LO QUE SE PUEDA POR LOS REHENES QUE AUN PERMANECEN EN MANOS DE HAMAS. LA CANCIÓN OCTUBER RAIN FUE LA CANDIDATA DE ISRAEL EN EL FESTIVAL DE EUROVISIÓN.
Aclaración a los lectores: este artículo no trata sobre la supuesta capacidad de Israel para lograr que varios buscapersonas (beepers) y walkie-talkies explotaran casi simultáneamente en las manos, bolsillos o maletas de miembros del grupo islamista radical libanés Hezbollah. Ese tema seguirá siendo objeto de especulación y debate por mucho tiempo. Tampoco entraremos a analizar el efecto de este golpe psicológico en Hezbollah que ya había reemplazado el uso de teléfonos celulares por beepers, con el fin de evitar que sus comunicaciones fueran interceptadas por los servicios secretos israelíes.
Más bien, propongo algunas reflexiones que podemos extrapolar a otros conflictos y tensiones globales:
El primer antecedente significativo de un ataque cibernético a distancia fue el virus Stuxnet, desarrollado por Israel y Estados Unidos. En 2010, este «malware» tomó control de unas mil centrifugadoras nucleares en el reactor atómico iraní de Natanz, emitiendo instrucciones para que se autodestruyeran. Fue un hito en la evolución de las ciberarmas.
Desde la llegada de la inteligencia artificial, la guerra ha experimentado una transformación. Se han desarrollado métodos y tecnologías muy distintos a los de los conflictos convencionales de antaño. El uso de drones no tripulados que detectan al enemigo con una precisión casi infalible; sistemas antimisiles capaces de interceptar múltiples cohetes en el aire, o dispositivos como el Xaver 1000, que permiten detectar objetos y personas a través de paredes o en el subsuelo, son ejemplos de esta nueva era. Si bien estas invenciones han permitido reducir el riesgo para las vidas de los soldados, también han incrementado, en ciertos casos, las bajas civiles, a pesar de su precisión.
En cuanto a Hezbollah, que ahora instruye a sus miembros a no utilizar ningún dispositivo de comunicación, surge la pregunta: ¿cómo se las arreglarán para comunicarse? ¿Volverán a usar telégrafos, palomas mensajeras o heraldos? La célebre frase de Albert Einstein parece más apropiada que nunca: «No sé con qué armas se luchará la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta Guerra Mundial será con piedras y garrotes». Inevitablemente, a mayor tecnología pareciera que nos adentramos a una especie de prehistoria.
En mayo de este año, la Corte Suprema de Brasil dictaminó la anulación de todos los casos que implicaban a Marcelo Odebrecht, el principal responsable del escándalo de corrupción «Lava Jato», que comprometió tanto a su país como a gobiernos y empresas de todo el continente americano. Si bien los magistrados pueden haber tenido razones jurídicas para absolver a Odebrecht y a varios de sus exfuncionarios, resulta llamativo que esta decisión se produzca tras el regreso de Lula da Silva al poder.
No debemos olvidar que fue en gran parte por los testimonios del ahora absuelto empresario que Lula pasó más de 500 días en prisión, acusado de lavado de dinero.
Otra decisión reciente de la Corte Suprema de Brasil ha sido la suspensión temporal de la red social X (antes Twitter) por «reiterado incumplimiento de órdenes judiciales». Esta medida fue tomada por el juez más influyente del país, Alexandre de Moraes, quien mantiene vínculos con Lula.
MORAES VS LA RED DE ELON MUSK.
A esto se suma al cierre de otras cinco redes sociales utilizadas por partidarios del expresidente Jair Bolsonaro.
¿Está Lula utilizando al sistema judicial de Brasil? No podemos afirmarlo con certeza, pero si estas mismas decisiones hubieran ocurrido durante el mandato de Bolsonaro muchos estarían discutiendo si la separación de poderes en la democracia brasileña está en peligro.
Además, el comportamiento de Lula genera interrogantes en el plano internacional. ¿Actúa como un verdadero demócrata cuando se abstiene de denunciar el mega fraude electoral de Nicolás Maduro en Venezuela y se niega a denunciar que el regimen de su amigo es un brutal dictadorua?
¿o cuando Lula apoya a Vladimir Putin en la guerra contra Ucrania y critica los ataques de Israel en Gaza, sin mencionar el terrorismo de Hamas ni la utilización de civiles como «escudos humanos»?
Lula parece estar en una búsqueda por redefinir su legado. Aspira a ser recordado como el fundador del socialismo democrático en América Latina, pero esa ambición parece chocar con su «corazoncito” comunista que lo vincula a sus orígenes. No es fácil para Lula desvincularse de su pasado cuando, junto a Fidel Castro, fundó el Foro de São Paulo, una organización que conectaba a partidos de centroizquierda, como el suyo, con otros no democráticos, como el Partido Comunista Cubano, el Sandinista y el PSUV de Chávez.
Ahora, el líder brasileño enfrenta el desafío de equilibrar su deseo de construir un legado democrático con las sombras de su pasado y las contradicciones que esto conlleva, un reto que le cuesta más que el precio de su famoso departamento tríplex en Guarujá, financiado con dinero de Odebrecht.
El fascismo es una ideología y una forma de gobierno que, originalmente, se asocia con la extrema derecha, ya que el término proviene del movimiento creado por Benito Mussolini. Su definición fue esbozada junto a Giovanni Gentile en «La Doctrina del Fascismo» (1932), donde se establece que «para el fascismo, todo está dentro del Estado y nada humano o espiritual existe o tiene valor fuera del Estado». En ese sentido, es la primera ideología totalitaria, luego replicada, con diversas variaciones, por el nazismo en Alemania, el comunismo bajo Lenin y Stalin en la ex Unión Soviética, y más tarde en China con Mao Tse Tung, en Corea del Norte con Kim Il-Sung, en Cuba con Fidel Castro, y en Camboya con Pol Pot entre 1975 y 1979.
El escritor y periodista George Orwell, quien se decepcionó del comunismo tras su participación en la guerra civil española (1936-1939), fue uno de los primeros intelectuales en vincular el comunismo con el fascismo, señalando que ambas ideologías son totalitarias. En un artículo periodístico publicado en Tribune, Orwell advirtió: «el pecado de casi todos los socialistas desde 1933 (año del ascenso de Hitler al poder) es haber querido ser antifascistas sin ser antitotalitarios».
En su fabula ¨Rebelión en la Granja¨ (1945), que precedió a la gran novela sobre el totalitarismo, ¨1984¨, Orwell se inspiró en la revolución rusa de 1917 para presentar la historia de los animales que derrocan al patrón de una hacienda y luego de tomar el poder en nombre de la igualdad, los cerdos se convierten en los amos que, progresivamente, explotan y amenazan a los otros animales.
La lucha por el liderazgo entre los puercos Snowball y Napoleón es una clara alusión a la disputa por la sucesión del régimen comunista entre el heredero natural de Lenin, Trotsky, quien como Snowball marchó al exilio.
Retornando al manifiesto “La Doctrina Fascista” (1932) de Mussolini y Gentile, ambos establecen que: ¨el Estado fascista reclama gobernar el campo económico no menos que los otros; hace recaer su acción a través de lo largo y ancho del país por los medios de sus instituciones corporativas, sociales y educativas, y todas las fuerzas políticas, económicas y espirituales de la nación, organizadas en sus respectivas asociaciones, circulan dentro del Estado¨.
Los primeros fascistas se declararon opuestos a la democracia y a la economía liberal, se autoproclamaron antiindividualistas, nacionalistas y militaristas. Aunque se oponían al socialismo marxista, en específico, eran nacional-socialistas. De hecho, ¿qué diferencias hubo entre el fascismo italiano y el nacional-socialismo alemán (nazismo) o el imperialismo soviético, que obligaba a adoptar el comunismo y la cultura rusa a las repúblicas sometidas? En la práctica, todos los totalitarismos han utilizado métodos fascistas para controlar el pensamiento y las almas de sus ciudadanos-súbditos.
La filósofa Hannah Arendt analizó en su antología «Los orígenes del totalitarismo» (1951) cómo los experimentos nacional-socialistas de Alemania y de la URSS fueron «hermanos gemelos». También Umberto Eco, en su texto «El Fascismo Eterno» (2006), aseguró que «el término fascista se adapta a todo porque es posible eliminar de un régimen fascista uno o más aspectos y siempre podremos reconocerlo como fascista». Eco destaca algunas características de estos regímenes: rechazo al pensamiento crítico, nacionalismo y xenofobia, obsesión por el complot, heroísmo y culto a la muerte, populismo, neolengua (utilizar términos que se aplican a quienes están en el poder y atribuirlos al «enemigo», el oponente).
En «1984», George Orwell introduce un término muy adecuado para definir el tipo de discurso utilizado por los regímenes de este tipo: «neolengua».
El objetivo del dirigente totalitario es sustituir la vieja lengua por una nueva o invertir el significado original de las palabras para controlar el pensamiento. En la novela, existen cuatro ministerios: el de la Paz, que se ocupa de la guerra; el de la Verdad, encargado de propagar mentiras; el del Amor, que administra los castigos y la tortura; y el de la Abundancia, cuya misión es planificar la economía para que la gente viva al borde de la subsistencia. El lema de los funcionarios del Gran Hermano – líder único – es «la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud y la ignorancia es la fuerza».
Cuando Orwell anticipó la neolengua del fascismo en 1947, pudo haber citado a estos personajes:
«No tenemos que avergonzarnos de las impúdicas calumnias contra la revolución, ya que tenemos un sistema electoral que no tienen otros países» – Fidel Castro (1989).
«Esta revolución es pacífica, pero armada» – Hugo Chávez (2008).
«El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar» – Che Guevara (1967).
El neo comunismo, llamado en neolengua ¨socialismo del siglo 21¨, ha utilizado la técnica de la inversión del lenguaje para demonizar a sus oponentes. Para el chavismo son ¨fascistas¨ María Corina Machado y los millones de venezolanos que votaron por Edmundo González. También Maduro y su mafia utilizan la neolengua cuando tildan a Zelensky de ¨neo nazi¨ y Gabriel Boric de ser pinochetista porque acusan a su régimen de no respetar la voluntad popular y por violaciones a los derechos humanos de todo aquel que los adversa.
La asamblea nacional chavista-fascista ha votado por una ley contra el fascismo y neofascismo que, justamente define, la visión excluyente y violenta de ellos para endilgárselo a sus oponentes. Lo que ocurre en Cuba y Venezuela de 2024 con el castro-chavismo debería inmunizar a la izquierda latinoamericana de las ideas fracasadas y totalitarias del comunismo, pero lamentablemente, el fascismo – diestro y siniestro – parece una enfermedad incurable.
MADURO ATRIBUYE CARACTERÍSTICAS DE SU REGIMEN A MARÍA CORINA MACHADO, SU EQUIPO Y SUS ELECTORES.
No hay que creer todo lo que circula en redes sociales y otros medios de comunicación sobre la posibilidad de que el régimen castrista-chavista negocie una salida con Estados Unidos para que su cúpula se retire sin pagar por sus crímenes de lesa humanidad, narcotráfico, corrupción y por entregar la soberanía venezolana autocracias como Rusia, Irán, Turquía y China. El escepticismo y el descreimiento son justificados ya que en estos 24 años ningún intento pacífico por sacar a la mafia enquistada en el poder de Venezuela ha logrado su objetivo.
Entonces, ¿hay razones para creer que esta vez sí podría haber una pequeña oportunidad de transición hacia la democracia? Con muchas reservas, considero que el contexto actual ofrece una esperanza mayor que en el pasado:
Las pruebas del golpe de Estado del mismo Estado: El deseo de cambio de modelo y de gobernantes se ha manifestado de manera clara. Las actas de votación verificables muestran que la gran mayoría de los venezolanos ya no quieren al régimen dictatorial. Incluso, para aquellos que alguna vez simpatizaron con Chávez, el progenitor del proyecto totalitario que ahora ahoga al país en miseria y persecución, el recuerdo de su legado se ha desvanecido. Además, misiones de observación electoral que Maduro permitió, como la del Centro Carter, han ratificado la victoria de Edmundo González.
El factor María Corina Machado: Una líder indiscutible no solo a nivel político, sino también espiritual. María Corina merece el Nobel de la Paz. Es una estratega brillante que logró imponerse a pesar de la inhabilitación política, una campaña completamente favorable al régimen y las trampas del fraude institucional.
El contexto internacional: Rusia está distraída tras la invasión ucraniana y la situación en Kursk, Irán está enfocada en su conflicto con Israel, el régimen cubano está debilitado por una crisis socioeconómica sin precedentes y cada vez es más odiado por su propio pueblo, mientras que China atraviesa serios problemas económicos que la mantienen ensimismada. En América Latina, el socialismo democrático de Boric, la dificultad de Petro y Lula para justificar su apoyo a la oveja negra de la izquierda, y la presencia de gobiernos de centro y derecha en varios países, limitan las alianzas significativas que el chavismo podría conseguir en la región.
Las elecciones en Estados Unidos: Biden, en busca de éxitos en política exterior que le ayuden a atraer más votos hispanos para la candidatura de Harris, y un Trump que también puede utilizar el peligro que representa el chavismo como una carta electoral, crean un escenario donde ambos partidos estadounidenses podrían estar interesados en un cambio en Venezuela.
El factor militar: Las fuerzas armadas venezolanas, que colaboraron con el comando de María Corina entregando las actas de votación, podrían estar dispuestas a retirar su apoyo al régimen de Maduro. Esta sublevación política, con el apoyo de la comunidad internacional, podría ser el catalizador para un cambio definitivo.
Si con todo este contexto no ocurre pronto un cambio en Venezuela, el país corre el riesgo de convertirse en una segunda Cuba, enquistada en el continente americano.
Venezuela ha visto cómo miles de personas valientes han luchado por la libertad y la democracia tanto en la era del reino de Hugo I como en la de Nicolás I. En 2007, cuando el autoproclamado «Bolívar» socialista intentó, a través de un referéndum, hacer cambios en la constitución «bolivariana» que sus subordinados redactaron para que encajara en la horma de su bota militar, el movimiento estudiantil y la sociedad civil lograron que la mayoría de la población votara en contra de la reforma que, entre otras cosas, buscaba insertar un artículo para permitir la reelección presidencial indefinida.
Chávez fracasó gracias a la movilización de la población civil encabezada por jóvenes universitarios, pero al poco tiempo introdujo, sin importar la voluntad popular, los cambios de ley rechazados en esa ocasión sin que aquella entelequia llamada «comunidad internacional» protestara.
Eran tiempos cuando los ingenuos pensaban que Chávez era un adalid de la justicia social y un excéntrico mandatario, sin calcular que era el comienzo de una dictadura feroz.
Luego vinieron otros héroes que lideraron a multitudes, exponiendo sus vidas, para sacar del poder al heredero de Hugo I, con aspecto y conducta de Stalin tropical: Maduro. Capriles y Guaidó hicieron lo que pudieron; Leopoldo López intentó que Venezuela se sublevara y lo pagó con torturas y cárcel. En 2017 hubo masivas protestas que provocaron una cruenta represión con miles de muertos, heridos y personas encarceladas.
Y llegó María Corina, quien, con coraje, inteligencia y demostrando ser una gran estratega se ganó el corazón de la inmensa mayoría de los venezolanos. El régimen castro-chavista se robó de nuevo las elecciones, pero esta vez de manera más grotesca que en el pasado.
María Corina, Edmundo González y sus más destacados colaboradores ahora corren peligro mientras algunos falsos demócratas como Lula, AMLO y Petro dilatan tiempo valioso para reconocer la victoria de los valientes. Ellos no solo son tibios y cobardes, sino cínicos, que solo creen en la democracia cuando les favorece.
Se mira al espejo y trata de encontrar movimientos y gestos que delaten su debilidad. Observa su rostro envejecido mientras se abotona, temblorosamente, el traje. ¡Es verdad! No puede negar que el peso de la edad se le ha manifestado en las recientes semanas, pero sabe que está perfectamente lúcido. Por eso no había cejado en su lucha por mantenerse en el liderazgo. Sus subordinados saben con qué precisión maneja todos los escenarios posibles a la hora de tomar decisiones.
Rechazó ser candidato presidencial en 2016 porque el dolor de la muerte de su hijo Beau por cáncer no le permitía concentrarse con claridad. Pudo haber buscado distraer el sufrimiento con los avatares de una compleja campaña electoral y luego, si ganaba la presidencia, permitir que el aroma y sabor del poder, así como el tiempo que consume, lo distrajera del recuerdo doloroso reciente y el más lejano como la muerte de su primera esposa y una de sus hijas en un accidente de tránsito.
En ese momento su partido tenía una candidata natural que parecía que derrotaría al contrincante desbocado y agresivo que cambió al partido republicano. Lamentablemente, Hillary no logró el objetivo y el fantasma de la intolerancia, la división y del egocentrismo como ideología germinaron y, aunque él logró domesticarlo durante cuatro años, aún persiste.
Por eso, esta no era una elección más, sino un asunto existencial para la democracia. Sin embargo, ya firmado su anuncio de retirarse de la contienda electoral, ahora lo llamaba su esposa: «Joseph, Joe… es hora de dirigirse a la nación».
Y así Biden se dirigió al podio triste, pero confiado en que sus ¨hermanos¨ de partido avalaran a su candidata Kamala, y así se están dando las cosas. Su objetivo no es el poder por el poder mismo porque, se trata de una misión de detener las faraónicas metas de control que buscan atravesar un Nilo de Mar-a-Lago a Potomac. Joseph interpreta el sueño y se sacrifica por quienes tiene miedo a perder la libertad.
¿Ganará las elecciones presidenciales de Venezuela el candidato del partido de María Corina Machado, Edmundo González?
La respuesta parece ser un rotundo sí, según todas las encuestas y las manifestaciones populares durante la campaña electoral, a pesar de la censura del chavismo a los medios, las amenazas a empleados públicos para que voten por Maduro y muchas otras trampas, incluido el fraude del Consejo Electoral.
Sin embargo, ¿será reconocido González como el presidente electo? Esa es una pregunta diferente y hay diversos escenarios, algunos de los cuales no se abordan en este artículo:
Lo más probable es que el chavismo consolide su fraude sin ninguna vergüenza y declare una victoria ajustada para Nicolás Maduro. No obstante, existen otras opciones que los herederos del estilo dictatorial de Hugo Chávez podrían emplear para perpetuarse en el poder:
El chavismo podría buscar impugnar o convocar nuevas elecciones después del 28 de julio, utilizando alguna estrategia que impida a Edmundo González asumir en enero de 2025.
El chavismo podría otorgar poderes especiales a la Asamblea Constituyente – que no ganó las últimas elecciones parlamentarias – para que el futuro presidente no pueda gobernar, precipitando su caída antes o después de enero de 2025.
El chavismo podría crear, al igual que hizo con la Asamblea Constituyente, un nuevo poder ejecutivo con mayor autoridad que el presidente, transformando el cargo del gobernante electo en una figura simbólica. Este sería un modelo similar al de Erdogán en Turquía, quien cambió el sistema parlamentario al presidencialista y gobernó su país primero como primer ministro (2003-2014) y luego como presidente con más poderes desde 2014.
REPORTAJE DEL MODELO ¨ERDOGÁN¨ DE 2027.
El escenario más óptimo: el chavismo se fragmenta y reconoce la victoria de la oposición con un gobierno de transición encabezado por Edmundo González. Esto sería lo ideal, pero es más probable una situación parecida a la transición chilena a la democracia cuando Patricio Aylwin asumió la presidencia en 1990, mientras Pinochet continuó como ministro de Defensa hasta 1998.
En el caso venezolano, el pérfido Vladimir Padrino, encargado de las fuerzas armadas desde 2014, se mantendría en su cargo en un gobierno de transición.