La decisión de algunos escritores talentosos, como Laura Restrepo —ganadora del Premio Alfaguara en 2004 por Delirio—, y de otros autores, de cancelar su participación en el Hay Festival de Cartagena el próximo enero, en protesta por la invitación a María Corina Machado (MCM), es una señal de que incluso personas inteligentes pueden caer en una profunda intolerancia frente a quienes piensan distinto.
El Hay Festival es una organización sin fines de lucro que realiza encuentros culturales internacionales enfocados en la literatura, las ideas, el arte y el pensamiento crítico. Originado en 1988 en el pequeño pueblo galés de Hay-on-Wye, conocido por sus numerosas librerías, el evento se ha expandido globalmente para convertirse en un referente de diálogo e intercambio intelectual. En América Latina destacan el Hay Festival de Arequipa, Quéretaro y Cartagena de Indias.

Los organizadores del festival respondieron con sobriedad: “Respetamos la decisión de quienes han optado por no participar en esta edición, porque entendemos la cultura y el pensamiento como territorios donde el disenso, la reflexión crítica y la escucha respetuosa son fundamentales para la ciudadanía”.
Sin acusarlos directamente, dejaron al descubierto la contradicción de quienes rechazan un espacio plural por la presencia de alguien a quien acusan de “promover el imperialismo y la violación de la soberanía”. Machado, por su parte, ha explicado reiteradamente que Venezuela ya fue invadida —con el consentimiento del chavismo— por cubanos, rusos, iraníes, chinos y guerrillas colombianas, entre otros actores.

Quienes hoy boicotean el Hay Festival repiten un patrón conocido. Así actuaron miles de intelectuales que apoyaron a la Unión Soviética pese a su imperialismo, sus masacres internas y su pacto con Hitler para repartirse Polonia. Durante décadas, la izquierda rancia solo identificó como enemigo al imperialismo yanqui, hasta que unos pocos — como André Gide y Albert Camus en Francia; Arthur Koestler y Sándor Márai en Hungría; Octavio Paz y Mario Vargas Llosa en América Latina— comprendieron que comunismo y fascismo eran, en esencia, dos caras de la misma moneda.
EL ESCRITOR ERNESTO SÁBATO EN ENTREVISTA CON RADIO TV ESPAÑOLA, EN 1977, COMENTA SOBRE SU ALEJAMIENTO DEL ANARQUISMO Y EL COMUNISMO.
https://www.youtube.com/watch?v=QhAa8pocyoc
Al preguntarme por qué gran parte de la izquierda europea nunca condenó —salvo honrosas excepciones— a las tiranías totalitarias de izquierda, intenté comprender algo que aún me resulta insondable: ¿cómo tantos intelectuales simpatizaron con el comunismo a sabiendas de los crímenes de Stalin? ¿Cómo explicar la ceguera — y la complicidad— frente a las atrocidades de la China maoísta, Camboya, y hasta hoy de Corea del Norte, Cuba o de la Venezuela chavista-madurista?
ANTONIO ESCHOTADO FUE UN FILÓSOFO, JURISTA Y SOCIOLOGO ESPAÑOL QUE LUEGO DE SER COMUNISTA, A TRAVÉS DE LA INVESTIGACIÓN PARA HACER SU GRAN OBRA: LOS ENEMIGOS DEL COMERCIO (2008), SE VOLVIÓ UN DEFENSOR DEL LIBRE MERCADO Y POR SUPUESTO, DE LA LIBERTAD.
En “Totalitarismo, dictadura y autoritarismo: definiciones y redefiniciones”, texto académico de mi autoría publicado en 2013 por la revista del Instituto de Gobierno de la USMP del Perú, advertí que la Venezuela de Hugo Chávez ya se había convertido en un régimen autoritario con una clara deriva totalitaria.
Allí subrayé una idea incómoda pero fundamental: el fascismo y el totalitarismo son ambidiestros. Recordé que George Orwell, autor de 1984, fue uno de los primeros en vincular comunismo y fascismo en un artículo publicado en Tribune en el cual Orwell advirtió que “el pecado de casi todos los izquierdistas a partir de 1933 es haber querido ser antifascistas sin ser anti totalitarios”. Añadí, además, la tesis de Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo (1951), según la cual los experimentos nazi y soviético eran “hermanos gemelos” por su culto al colectivismo y la supremacía del Estado sobre el individuo.

Vuelvo a preguntarme por qué una izquierda “pensante” critica el Nobel otorgado a María Corina Machado acusándola de promover un ¨golpe¨ y una intervención internacional tras haber conducido a Edmundo González a una victoria electoral demostrada con actas que, con un golpe desde el poder, le fue robada a casi el 80% de los venezolanos.
MCM se atreva a proponer que países democráticos —aunque los lidere Trump— ayuden a los venezolanos, del mismo modo en que brigadas internacionales y Stalin acudieron a defender a los republicanos durante la Guerra Civil española, luego que los franquistas abrieron las puertas de su país a los Nazis y a las tropas de Mussolini. Si hasta el día de hoy el mundo democrático comprende la alianza de los republicanos españoles, incluso con tropas de una nación totalitaria y guerrilleros con ideologías nada libertarias, por qué negarle el mismo derecho a los legítimos representantes de los venezolanos que son González, Machado y su equipo
La explicación: una vez más son los viejos delirios de la incoherencia.
Salvo la excepción de Boric, el silencio o las críticas de la izquierda latinoamericana frente a Machado y a millones de venezolanos solo se explican con esta frase de Orwell: “En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”. Y la verdad es que Venezuela, sin ayuda internacional, difícilmente podrá expulsar a un régimen sostenido por potencias y grupos imperialistas que lo mantienen en el poder.
El Nobel de la Paz de María Corina es el de una gran mayoría de venezolanos que votaron en masa por lo que ella representa, cuando en junio de 2025 Edmundo González ganó con casi el 80% del apoyo del pueblo.


