Después de más de un año y medio de intensas protestas y críticas —algunas sensatas y justificadas, otras claramente malintencionadas— contra Israel por su conducción de la guerra en Gaza, ahora que una frágil tregua se sostiene en esa región no se observa la misma obsesión por enviar flotillas de ayuda humanitaria, ni hay urgencia en ciertos gobiernos por colaborar en su reconstrucción. También se diluyó el entusiasmo por organizar manifestaciones o saturar los medios y redes sociales con denuncias sobre lo que ocurre en la supuesta “segunda fase” del plan de Trump.

Tras el intercambio de más de mil prisioneros palestinos por los últimos rehenes secuestrados en la masacre perpetrada por Hamas en el sur de Israel en octubre de 2023, y luego de la retirada parcial del ejército israelí de Gaza, el gobierno de Netanyahu abrió dos corredores para que organismos internacionales alivien la situación humanitaria. Por alguna razón, este hecho —que contradice la narrativa de un “genocidio”— no parece despertar interés.

Tampoco resulta relevante, para muchos medios y simpatizantes de la causa palestina, que los dirigentes de Hamas declaren abiertamente que no se desarmarán, pese a que este es un requisito básico del cese al fuego y una demanda respaldada incluso por la mayoría de países árabes y gobiernos islámicos como Pakistán, Indonesia o Turquía. Esta exigencia se encuentra estancada frente a la apatía de un mundo que ahora prefiere distraerse con la demagogia de Trump, Mandani y Maduro pidiendo un “Give Peace a Chance”, con los delirios de Petro Navaja o con los libros autobiográficos del ex rey Juan Carlos y de la ex “madrastra¨ Isabel Preysler.
Si no hubo reacción mundial cuando, tras la retirada parcial israelí, Hamas fusiló a rivales palestinos acusados de traición, no sorprende que tampoco exista mayor interés en la creación de una fuerza multinacional que proteja a los gazatíes de sus propios fanáticos y permita iniciar la reconstrucción del territorio.
¿Por qué nada de esto genera mayor atención? ¿Será porque no hay judíos involucrados en la prolongación del sufrimiento en Gaza? La respuesta es obvia y dolorosa para el pueblo judío que —y me incluyo— constata que, bajo el subterfugio del “antisionismo”, se camufla un viejo odio al judío alimentado por el islamismo radical y las ideologías extremistas de derecha e izquierda, todo ello fermentado en el vacío de ignorancia de un mundo tiktokiano.
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