La humanidad se enfrenta a una nueva corriente del protestantismo, pero no parecido al de Lutero o Calvino, sino al de las protestas que, gracias a las redes sociales, se organizan con una rapidez inédita y con rasgos similares en países distintos, unidas por la denuncia de la corrupción, el abuso de poder y la incapacidad política.
El fenómeno no es nuevo, pero sí más frecuente y globalizado. En el siglo XX hubo movimientos emblemáticos: el Mayo Francés y la Primavera de Praga en 1968, las marchas contra la guerra de Vietnam o las luchas por los derechos civiles. En el XXI, el descontento se multiplicó: los indignados tras la crisis financiera de 2008, la Primavera Árabe, las protestas contra dictaduras en Venezuela, Cuba y la del alza de tarifa de transporte en Chile, entre muchas otras.

Hoy las movilizaciones responden a causas diversas —autoritarismo, desigualdad, precariedad institucional—, pero comparten un fondo común: la indignación ante la injusticia y la falta de futuro. Se las agrupa bajo un mismo rótulo: la “revolución de la Generación Z”.
En casi todas las protestas los protagonistas son jóvenes nacidos en la era digital, conscientes de un sistema político que no avanza al ritmo del mundo tecnológico. Ven la realidad desde la inmediatez, sin paciencia para esperar soluciones lejanas a problemas urgentes. Sin embargo, cada manifestación tiene su propio rostro. En Perú, la irrupción de grupos violentos distorsionó las causas originales; en Nepal, el detonante fue la prohibición de redes sociales, que dejó “en modo avión” a una generación que no concibe la vida sin TikTok o Instagram. Y también están las marchas pacíficas en Estados Unidos como las que hubo contra Trump, “No queremos un rey”, en donde la movilización no derivó en violencia.

FUENTE: BBC, Tessa WongAsia Digital Reporter–
Entonces, ¿podemos colocar en un mismo saco a todas estas revueltas tan dispersas geográficamente y diversas en sus causas? Quizá en los métodos de convocatoria y frustración ante el futuro inmediato sí hay un ¨ADN común¨, pero no necesariamente todos los que protestan son de la misma generación ni comparten la visión Z del mundo.

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