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Archive for noviembre 2025

QUE SERÁ LO QUE QUIERE RUBIO

La supuesta propuesta de paz de Trump para poner fin a la guerra en Ucrania parece haber sido redactada en Moscú para imponer al país invadido una capitulación disfrazada de negociación diplomática.

 FUENTE: THE NETHERLAND. CARICATURA DE TOM JANSSEN. WEBSITE: https://www.cosmopolitics.news/p/ukraine-on-a-platter

El 25 de febrero se hizo evidente, en La Casa Blanca, que Trump impondría su agenda, por la fuerza, a Zelensky. En ese momento el presidente ucraniano explicaba que ya se habían hecho acuerdos pasados con Putin para cese al fuego que el dictador ruso no cumplió y tanto el vicepresidente J. D. Vance y su jefe lo acorralaron: ¨…no estás en una buena posición. No tienes las cartas ahora mismo. ¨ – le dijo Trump enojado.

Esta tensa escena que, nos permitió a los simples mortales que no vemos lo que sucede tras las bambalinas del poder mundial, pero lo que no percibimos fue el resonante mutismo de del secretario de Estado Marco Rubio. Y es que él podría ser el único miembro del gabinete de Trump que no ve la geopolítica solo como un asunto de negocios. Como senador con experiencia en el comité de defensa del congreso Rubio estuvo de acuerdo con la entrega de dinero, armas e inteligencia a Ucrania y mostró una visión estratégica sobre el Medio Oriente, el Pacífico y Latinoamérica (es probable que es el principal estratega de acorralar al chavismo).

En estos días, mientras negoció con los europeos lo que el mismo podría percibir como un acuerdo de saqueo económico a Ucrania y premios a Putin a cambio de inversiones con EEUU, Rubio lució algo avergonzado y tuvo que poner la mejor cara. Su posición es difícil porque debe competir con el protagonismo de Vance y del empresario Witkoff.

Rubio es para mí el termómetro de este gobierno. Si renuncia debemos preocuparnos sobre la dirección que está tomando este gobierno¨. Creo que Zelensky y los venezolanos, entre otros, apostamos a Rubio.

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Y AHORA, ¿POR QUÉ NO ES NOTICIA?

Después de más de un año y medio de intensas protestas y críticas —algunas sensatas y justificadas, otras claramente malintencionadas— contra Israel por su conducción de la guerra en Gaza, ahora que una frágil tregua se sostiene en esa región no se observa la misma obsesión por enviar flotillas de ayuda humanitaria, ni hay urgencia en ciertos gobiernos por colaborar en su reconstrucción. También se diluyó el entusiasmo por organizar manifestaciones o saturar los medios y redes sociales con denuncias sobre lo que ocurre en la supuesta “segunda fase” del plan de Trump.

Tras el intercambio de más de mil prisioneros palestinos por los últimos rehenes secuestrados en la masacre perpetrada por Hamas en el sur de Israel en octubre de 2023, y luego de la retirada parcial del ejército israelí de Gaza, el gobierno de Netanyahu abrió dos corredores para que organismos internacionales alivien la situación humanitaria. Por alguna razón, este hecho —que contradice la narrativa de un “genocidio”— no parece despertar interés.

Tampoco resulta relevante, para muchos medios y simpatizantes de la causa palestina, que los dirigentes de Hamas declaren abiertamente que no se desarmarán, pese a que este es un requisito básico del cese al fuego y una demanda respaldada incluso por la mayoría de países árabes y gobiernos islámicos como Pakistán, Indonesia o Turquía. Esta exigencia se encuentra estancada frente a la apatía de un mundo que ahora prefiere distraerse con la demagogia de Trump, Mandani y Maduro pidiendo un “Give Peace a Chance”, con los delirios de Petro Navaja o con los libros autobiográficos del ex rey Juan Carlos y de la ex “madrastra¨ Isabel Preysler.

Si no hubo reacción mundial cuando, tras la retirada parcial israelí, Hamas fusiló a rivales palestinos acusados de traición, no sorprende que tampoco exista mayor interés en la creación de una fuerza multinacional que proteja a los gazatíes de sus propios fanáticos y permita iniciar la reconstrucción del territorio.

¿Por qué nada de esto genera mayor atención? ¿Será porque no hay judíos involucrados en la prolongación del sufrimiento en Gaza? La respuesta es obvia y dolorosa para el pueblo judío que —y me incluyo— constata que, bajo el subterfugio del “antisionismo”, se camufla un viejo odio al judío alimentado por el islamismo radical y las ideologías extremistas de derecha e izquierda, todo ello fermentado en el vacío de ignorancia de un mundo tiktokiano.

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¿EN QUÉ MOMENTO SE JODIÓ LA FRANCE?

Desde una puerta del Palacio del Elíseo con vista al número 5 de la rue du Faubourg Saint-Honoré, en el VIII Distrito de París, Emmanuel Macron miraba al vacío hasta que, de pronto, dirigió la mirada hacia el joven peruano al que había conocido en la Catedral de Notre Dame: un tal Saint-Jaques Zavala.

Este le había pedido al presidente francés que lo llamara “Petite Zavala” o Zavalita.  Entonces Macron, como si hablara consigo mismo, lanzó la pregunta: “¿En qué momento se había jodió La France?”.

Algunos dirán que nada de esto ocurrió y que es solo una adaptación del célebre inicio de Conversación en la Catedral de Mario Vargas Llosa, trasladada a la realidad parisina para interrogar, con ironía literaria, el estancamiento político, la crisis económica y el desencanto social que atraviesan los franceses. Pero el paralelismo no es gratuito porque Perú ha tenido ocho presidentes en diez años y Francia, en apenas dos años del segundo mandato de Macron, ya ha visto pasar cinco primeros ministros.

Reelegido en 2022, Macron perdió lo que más necesitaba: una mayoría parlamentaria. La Asamblea Nacional quedó dominada por dos bloques enfrentados —la ultraderecha de Marine Le Pen (Agrupación Nacional) y la izquierda del Nuevo Frente Popular de Jean-Luc Mélechon— obligando al presidente, líder del partido Renacer, a pactar coyunturalmente con socialistas y republicanos, los partidos que durante décadas sostuvieron la Quinta República.

Pero la debacle en las elecciones al Parlamento Europeo lo llevó a tomar una decisión arriesgada em 2024: disolver la Asamblea y convocar nuevos comicios. El tiro salió por la culata, que, en este caso, aunque nada tiene que ver con los sants-culotses, – aquellos militantes extremistas de clase baja de la Revolución Francesa – de los 577 escaños, 143 fueron para Le Pen y 182 para Mélechon, quienes representan a los extremistas de derecha e izquierda de hoy. Los partidos tradicionales, apenas sobrevivientes, pasaron raspando la valla electoral.

Quizá La France empezó a resquebrajarse cuando se vio obligado a enfrentar un déficit fiscal desbordado y una deuda que bordea los 67 mil millones de euros, impulsándolo a aprobar una reforma previsional impopular pero inevitable, elevando la edad de jubilación de 62 a 64 años y desatando furia en las calles.

 También tuvo la mala fortuna de gobernar en medio de un mundo revuelto: los costos de apoyar a Ucrania en su guerra de supervivencia frente a Rusia, los golpes de Estado en el Sahel —Mali, Burkina Faso, Níger, Chad— territorios cuyas materias primas y economías han orbitado París desde la época colonial, y cuyos nuevos gobiernos militares hoy prefieren los brazos de Moscú y Pekín.

¿O comenzó la hecatombe antes, cuando decidió subir el precio de la gasolina y el diésel para financiar políticas climáticas, encendiendo la chispa que dio vida al movimiento de los chalecos amarillos? Tal vez el tiempo pasa factura y los franceses, cansados de promesas incumplidas, buscan soluciones más extremas para la inmigración, la pobreza enquistada en las banlieues (barrios periféricos pobres). Incluso el derrumbe británico y la fatiga alemana terminan salpicando al ánimo nacional.

Lo cierto es que Macron no deja de preguntarse ¿cuándo “ça a a foiré La France? ¨imaginando una conversación imaginaria con un Petite Zavala al estilo de «Conversation à la Cathédrale». Y, como Zavalita en París, busca un interlocutor —un amigo, un confidente — a quien contarle que solo intenta llegar entero al 2027, cuando la ley francesa lo obliga a dejar el poder.

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GEN Z: ¿MISMO ADN?

La humanidad se enfrenta a una nueva corriente del protestantismo, pero no parecido al de Lutero o Calvino, sino al de las protestas que, gracias a las redes sociales, se organizan con una rapidez inédita y con rasgos similares en países distintos, unidas por la denuncia de la corrupción, el abuso de poder y la incapacidad política.

El fenómeno no es nuevo, pero sí más frecuente y globalizado. En el siglo XX hubo movimientos emblemáticos: el Mayo Francés y la Primavera de Praga en 1968, las marchas contra la guerra de Vietnam o las luchas por los derechos civiles. En el XXI, el descontento se multiplicó: los indignados tras la crisis financiera de 2008, la Primavera Árabe, las protestas contra dictaduras en Venezuela, Cuba y la del alza de tarifa de transporte en Chile, entre muchas otras.

Hoy las movilizaciones responden a causas diversas —autoritarismo, desigualdad, precariedad institucional—, pero comparten un fondo común: la indignación ante la injusticia y la falta de futuro. Se las agrupa bajo un mismo rótulo: la “revolución de la Generación Z”.

En casi todas las protestas los protagonistas son jóvenes nacidos en la era digital, conscientes de un sistema político que no avanza al ritmo del mundo tecnológico. Ven la realidad desde la inmediatez, sin paciencia para esperar soluciones lejanas a problemas urgentes. Sin embargo, cada manifestación tiene su propio rostro. En Perú, la irrupción de grupos violentos distorsionó las causas originales; en Nepal, el detonante fue la prohibición de redes sociales, que dejó “en modo avión” a una generación que no concibe la vida sin TikTok o Instagram. Y también están las marchas pacíficas en Estados Unidos como las que hubo contra Trump, “No queremos un rey”, en donde la movilización no derivó en violencia.

FUENTE: BBC, Tessa WongAsia Digital Reporter

Entonces, ¿podemos colocar en un mismo saco a todas estas revueltas tan dispersas geográficamente y diversas en sus causas? Quizá en los métodos de convocatoria y frustración ante el futuro inmediato sí hay un ¨ADN común¨, pero no necesariamente todos los que protestan son de la misma generación ni comparten la visión Z del mundo.

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