Esta semana, la crisis política y social de Nepal —un país poco presente en los titulares globales— alcanzó un punto de ebullición.
Gurkha, nombre original de ese país en nepalés, se remonta al fundador de la dinastía que dominó ese territorio —hoy enclavado entre China e India— desde el siglo VIII. Pasarían mil años antes para que se consolidara como un reino unificado, que hoy, ya transformado en república, conserva un rasgo singular: junto con la India, es el único país del mundo que mantiene al hinduismo como religión oficial.

La transición de una monarquía hereditaria a un sistema parlamentario democrático, con un primer ministro como jefe de gobierno y un presidente como jefe de Estado, culminó en 2008 tras una sangrienta guerra civil que duró una década.
Nepal, conocido por albergar el Everest —la montaña más alta de la Tierra— y, según la tradición, el lugar de nacimiento de Buda, no siempre refleja la calma de sus paisajes montañosos ni el silencio de sus templos.

La chispa del descontento actual fue la decisión del primer ministro Khadga Prasad Oli de bloquear temporalmente Facebook, Instagram y TikTok. La medida fue justificada como un intento de frenar la proliferación de cuentas falsas que —según el gobierno— difunden odio, rumores y desinformación. Pero para muchos, especialmente para la juventud urbana, fue un claro intento de silenciar las voces críticas contra la corrupción y el abuso de poder.

Lo que comenzó como una protesta digital se transformó rápidamente en una revuelta callejera. Las manifestaciones escalaron a niveles alarmantes: se incendió la casa de un ex primer ministro, causando la muerte de su esposa, hubo linchamientos de políticos y ataques a cárceles que terminaron con la liberación de presos.

En un país golpeado por el desempleo, las brechas sociales y la frustración con la clase dirigente, esta «revolución de la Generación Z» deja abierta una pregunta crucial, no solo para Nepal, sino para el mundo: ¿están las nuevas generaciones dispuestas a luchar por la libertad, la justicia y la democracia… o solo por el derecho a estar conectadas a las redes? Enredado el asunto, ¿no?
EL PENSADOR SIMON SINEK SOBRE LA GENERACIÓN Z. FUENTE:
Chris Williamson
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