Si durante años prometiste que resolverías la guerra en Ucrania en un solo día, porque “eres más astuto que Biden” y todo era cuestión de saber negociar con Putin, y ya van seis meses de gobierno tuyo sin lograr nada —salvo que el ruso te manipule como el maestro del ajedrez geopolítico que es (sanguinario, sí, pero hábil)—, entonces tal vez te convenga buscar un enemigo más manejable. Uno más pequeño, gobernado por un payaso perverso, pero payaso al fin. Digamos…el de un país cercano.
Entonces revientas una embarcación cargada de drogas y le pones el sello de “lucha contra el terrorismo y el crimen organizado”, para demostrar músculo, firmeza y determinación. Y sí, millones de ingenuos aplaudirán pensando que por fin estás haciendo algo. Recuperas algo de popularidad. Punto para ti.
Seamos claros: cuando caiga el régimen “robolucionario” y traidor a la patria —ese que abrió las puertas a la invasión silenciosa del imperio ruso, cubano, iraní y chino—, habrá fiesta. Una feria sin fin para millones que llevan 25 años pagando por errores electorales con un castigo bíblico, pero no justo en cuanto a duración y sufrimiento porque nadie merece tanto dolor, hambre, exilio, tortura y muerte.

FUENTE: CARICATURA DE PINILLA EN https://www.instagram.com/p/Cgy0kq2Ooro/
Si el Cartel de los Soles —sí, el de los soles bordados en los uniformes de los generales bolivarianos enriquecidos a costa de su pueblo— cae por una lucha de poder, por un bloqueo naval que ahogue su negocio o por un misil que borre a uno de sus jefes, no importa. La Historia con H mayúscula ya tiene su relato: el de los demócratas venezolanos que arriesgaron todo en su más reciente intento liderados por una gran mujer: María Coraje. No el mito del 4 de febrero, cuando un coronel cobarde se escondió en la Casa Militar durante un golpe de estado mientras mandaba a morir a sus subalternos en nombre de una falsa revolución.

A los venezolanos ya no les importa cómo. Les importa que pase. Sin promesas vacías. Así que tú, que juraste poner en su sitio a Putin, Xi Jinping y Kim Jong-un —mientras tambaleas la democracia de tu propio país—, dinos la verdad:
¿Estás distrayendo a tu gente de tus líos internos? ¿Jugando a macho con dictadores? ¿O vas en serio y nos harás el favor de poner fin a esta pesadilla continental?
Porque no vaya a ser que, al final, todo quede en un barquito chiquitico.

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