El despliegue ordenado por Trump de una flota de buques de guerra con más de 4 mil efectivos militares cerca de la costa venezolana, en el Caribe, ha vuelto a generar esperanzas de que se acerca el fin de la dictadura chavista.
Somos muchos los escépticos que dudamos de que Estados Unidos lleve a cabo algún tipo de operación militar, incluso una intervención “quirúrgica” en Venezuela. Tal vez porque, emocionalmente, no queremos ilusionarnos otra vez con que “esta vez sí” caerá el régimen. También influye, quizá, que Trump, obsesionado con ganar el Nobel de la Paz y presentarse como un gran mediador internacional —aunque sus gestos no pasen de shows mediáticos o sesiones fotográficas con diplomáticos y gobernantes de India y Pakistán, Azerbaiyán y Armenia, la República Democrática del Congo y Ruanda, entre otros— considere que el uso de la fuerza contra la narcotiranía de Maduro podría alejarlo de ese ansiado premio.

Es probable que el despliegue naval sea una versión contemporánea de la doctrina del “Big Stick” (la zanahoria y el garrote) que Theodore Roosevelt aplicó en América Latina entre 1901 y 1909: usar el diálogo y la diplomacia mientras se exhibe el poder militar. Quizá a Trump le hayan recordado que, aun así, Roosevelt recibió el Nobel de la Paz en 1906 por mediar el fin de la guerra ruso-japonesa.

Este movimiento militar estadounidense en aguas cercanas a Venezuela se acompaña de otras acciones: el aumento a 50 millones de dólares de la recompensa por información sobre el paradero de Maduro —más que la ofrecida por Bin Laden o cualquier capo narco— y la inclusión de los políticos y militares del llamado Cártel de los Soles en la lista de grupos considerados terroristas por Washington.

Por ahora, se mantiene un bloqueo marítimo que busca frenar el narcotráfico, una vía que representa más del 30 % de los ingresos del chavismo. Veremos si esta estrategia logra resquebrajar la lealtad de los militares al régimen. Una operación militar limitada no está descartada, pero no parece inminente. Como dijo Chávez tras su fallido golpe de Estado en 1992: no “por ahora”.

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