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Archive for septiembre 2025

PODCAST DE POCO UN TODO

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EL ENREDO DE NEPAL

Esta semana, la crisis política y social de Nepal —un país poco presente en los titulares globales— alcanzó un punto de ebullición.

Gurkha, nombre original de ese país en nepalés, se remonta al fundador de la dinastía que dominó ese territorio —hoy enclavado entre China e India— desde el siglo VIII. Pasarían mil años antes para que se consolidara como un reino unificado, que hoy, ya transformado en república, conserva un rasgo singular: junto con la India, es el único país del mundo que mantiene al hinduismo como religión oficial.

La transición de una monarquía hereditaria a un sistema parlamentario democrático, con un primer ministro como jefe de gobierno y un presidente como jefe de Estado, culminó en 2008 tras una sangrienta guerra civil que duró una década.

Nepal, conocido por albergar el Everest —la montaña más alta de la Tierra— y, según la tradición, el lugar de nacimiento de Buda, no siempre refleja la calma de sus paisajes montañosos ni el silencio de sus templos.

La chispa del descontento actual fue la decisión del primer ministro Khadga Prasad Oli de bloquear temporalmente Facebook, Instagram y TikTok. La medida fue justificada como un intento de frenar la proliferación de cuentas falsas que —según el gobierno— difunden odio, rumores y desinformación. Pero para muchos, especialmente para la juventud urbana, fue un claro intento de silenciar las voces críticas contra la corrupción y el abuso de poder.

Lo que comenzó como una protesta digital se transformó rápidamente en una revuelta callejera. Las manifestaciones escalaron a niveles alarmantes: se incendió la casa de un ex primer ministro, causando la muerte de su esposa, hubo linchamientos de políticos y ataques a cárceles que terminaron con la liberación de presos.

En un país golpeado por el desempleo, las brechas sociales y la frustración con la clase dirigente, esta «revolución de la Generación Z» deja abierta una pregunta crucial, no solo para Nepal, sino para el mundo: ¿están las nuevas generaciones dispuestas a luchar por la libertad, la justicia y la democracia… o solo por el derecho a estar conectadas a las redes? Enredado el asunto, ¿no?

EL PENSADOR SIMON SINEK SOBRE LA GENERACIÓN Z. FUENTE:
Chris Williamson

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BARQUITO CHIQUITICO…

Si durante años prometiste que resolverías la guerra en Ucrania en un solo día, porque “eres más astuto que Biden” y todo era cuestión de saber negociar con Putin, y ya van seis meses de gobierno tuyo sin lograr nada —salvo que el ruso te manipule como el maestro del ajedrez geopolítico que es (sanguinario, sí, pero hábil)—, entonces tal vez te convenga buscar un enemigo más manejable. Uno más pequeño, gobernado por un payaso perverso, pero payaso al fin. Digamos…el de un país cercano.

Entonces revientas una embarcación cargada de drogas y le pones el sello de “lucha contra el terrorismo y el crimen organizado”, para demostrar músculo, firmeza y determinación. Y sí, millones de ingenuos aplaudirán pensando que por fin estás haciendo algo. Recuperas algo de popularidad. Punto para ti.

Seamos claros: cuando caiga el régimen “robolucionario” y traidor a la patria —ese que abrió las puertas a la invasión silenciosa del imperio ruso, cubano, iraní y chino—, habrá fiesta. Una feria sin fin para millones que llevan 25 años pagando por errores electorales con un castigo bíblico, pero no justo en cuanto a duración y sufrimiento porque nadie merece tanto dolor, hambre, exilio, tortura y muerte.

FUENTE: CARICATURA DE PINILLA EN https://www.instagram.com/p/Cgy0kq2Ooro/

Si el Cartel de los Soles —sí, el de los soles bordados en los uniformes de los generales bolivarianos enriquecidos a costa de su pueblo— cae por una lucha de poder, por un bloqueo naval que ahogue su negocio o por un misil que borre a uno de sus jefes, no importa. La Historia con H mayúscula ya tiene su relato: el de los demócratas venezolanos que arriesgaron todo en su más reciente intento liderados por una gran mujer: María Coraje. No el mito del 4 de febrero, cuando un coronel cobarde se escondió en la Casa Militar durante un golpe de estado mientras mandaba a morir a sus subalternos en nombre de una falsa revolución.

A los venezolanos ya no les importa cómo. Les importa que pase. Sin promesas vacías. Así que tú, que juraste poner en su sitio a Putin, Xi Jinping y Kim Jong-un —mientras tambaleas la democracia de tu propio país—, dinos la verdad:


¿Estás distrayendo a tu gente de tus líos internos? ¿Jugando a macho con dictadores? ¿O vas en serio y nos harás el favor de poner fin a esta pesadilla continental?

Porque no vaya a ser que, al final, todo quede en un barquito chiquitico.

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Bloqueo, “por ahora”

El despliegue ordenado por Trump de una flota de buques de guerra con más de 4 mil efectivos militares cerca de la costa venezolana, en el Caribe, ha vuelto a generar esperanzas de que se acerca el fin de la dictadura chavista.

Somos muchos los escépticos que dudamos de que Estados Unidos lleve a cabo algún tipo de operación militar, incluso una intervención “quirúrgica” en Venezuela. Tal vez porque, emocionalmente, no queremos ilusionarnos otra vez con que “esta vez sí” caerá el régimen. También influye, quizá, que Trump, obsesionado con ganar el Nobel de la Paz y presentarse como un gran mediador internacional —aunque sus gestos no pasen de shows mediáticos o sesiones fotográficas con diplomáticos y gobernantes de India y Pakistán, Azerbaiyán y Armenia, la República Democrática del Congo y Ruanda, entre otros— considere que el uso de la fuerza contra la narcotiranía de Maduro podría alejarlo de ese ansiado premio.

Es probable que el despliegue naval sea una versión contemporánea de la doctrina del “Big Stick” (la zanahoria y el garrote) que Theodore Roosevelt aplicó en América Latina entre 1901 y 1909: usar el diálogo y la diplomacia mientras se exhibe el poder militar. Quizá a Trump le hayan recordado que, aun así, Roosevelt recibió el Nobel de la Paz en 1906 por mediar el fin de la guerra ruso-japonesa.

Este movimiento militar estadounidense en aguas cercanas a Venezuela se acompaña de otras acciones: el aumento a 50 millones de dólares de la recompensa por información sobre el paradero de Maduro —más que la ofrecida por Bin Laden o cualquier capo narco— y la inclusión de los políticos y militares del llamado Cártel de los Soles en la lista de grupos considerados terroristas por Washington.

Por ahora, se mantiene un bloqueo marítimo que busca frenar el narcotráfico, una vía que representa más del 30 % de los ingresos del chavismo. Veremos si esta estrategia logra resquebrajar la lealtad de los militares al régimen. Una operación militar limitada no está descartada, pero no parece inminente. Como dijo Chávez tras su fallido golpe de Estado en 1992: no “por ahora”.

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