La Caja de Pandora la abrió Hamas el 7 de octubre de 2023 cuando perpetró la peor masacre contra judíos desde el Holocausto en localidades del sur de Israel. No actuó solo: una operación de tal magnitud llevaba la marca del régimen iraní, su principal aliado en Medio Oriente, con quien comparte el objetivo de destruir al Estado de Israel.
Los ideólogos de la masacre sabían que Israel respondería con furia. Es parte del manual del terrorismo: provocar una reacción desproporcionada que cause miles de muertes y destrucción masiva —en este caso en Gaza— para que, con el tiempo, la comunidad internacional olvide el detonante y condene la respuesta.
FUENTE: CNN-News 18
Desde el inicio, la batalla por la opinión pública estaba perdida si el gobierno ultranacionalista de Netanyahu no priorizaba la vida de los más de 200 rehenes — aún hay unos 50 aún en manos de Hamas— ni manejaba el conflicto con gradualidad. Pero Netanyahu también buscaba silenciar las críticas por el mayor fallo defensivo en la historia de Israel en inteligencia, estrategia y liderazgo político.
Con Gaza en llamas, el libreto siguió. Irán dio luz verde a sus proxies: Hamas, Hezbollah, milicias proiraníes en Irak y Siria, y los Hutíes de Yemen, todos armados y entrenados durante años por Teherán.

En paralelo, Irán avanzó durante dos décadas en su intento de enriquecer uranio. En Israel hay un consenso unánime: ese programa debe ser detenido, pues sus líderes no ocultan su deseo de borrar del mapa al Estado judío.

Hoy, el conflicto entre Israel e Irán amenaza con escalar a una guerra regional o incluso global. Tres líderes podrían evitarlo: un Netanyahu desacreditado por los excesos en Gaza, un ayatolá, Khameiní fanático y cada vez más impopular en una Irán que quiere vientos de cambio hacia una mayor libertad y un presidente estadounidense errático, con políticas económicas que los desprestigian, pero, sobre todo, impredecible.

Para lograr una desescalada del conflicto los tres dirigentes necesitan articular un discurso de victoria, aunque sea falso, que calme a sus pueblos, aunque ninguno de ellos tenga la cualidad de la mesura para lograrlo.
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