La Iglesia Católica comenzó a adquirir poder político con la unificación del Imperio Romano bajo Constantino, quien, en su lecho de muerte, se bautizó en Bizancio (actual Estambul). En el año 379 d.C., Teodosio I estableció el cristianismo como la religión oficial. La intersección de religión y política ha sido una constante desde que el ser humano se organizó socialmente, y continúa siendo relevante, especialmente, en el mundo musulmán.

Durante la Edad Media, la Iglesia Católica se convirtió en un escenario de intensos conflictos internos, originados por disputas doctrinales y luchas por el poder. Un ejemplo ilustrativo es la «querella de las investiduras» en el siglo XI, que enfrentó a los Papas de Roma con los monarcas europeos, quienes empezaban a resistir la intromisión de la Iglesia en asuntos políticos. Todo comenzó cuando el Papa Gregorio VII, conocido por introducir el celibato, proclamó que la autoridad papal estaba por encima de reyes y príncipes, otorgándole el derecho de nombrar y destituir obispos en el Vaticano y en iglesias locales.
El emperador Enrique IV del Sacro Imperio Germánico se opuso a esta doctrina. La historia, compleja y extensa, culminó cuando Enrique expulsó a Gregorio de Roma, y el Imperio Germano consiguió imponer a los Papas posteriores, lo que sentó un precedente que politizó la Iglesia de una manera sin precedentes.

Esta tensión fue un precedente de otros conflictos como ¨el Cisma de Occidente¨ cuando dos obispos se dividieron la jurisdicción de la Iglesia con Clemente V residiendo en la ciudad francesa de Aviñón (y 6 de sus sucesores) y Urbano VI quien regía en Roma.

FUENTE: HISTORIA UNIVERSAL PARA PRINCIPIANTES
Este breve resumen, aunque simplificado y muy incompleto, subraya que las divisiones internas entre los sectores conservadores y reformistas de la Iglesia han sido, desde que la Iglesia se independizo de Italia como el estado independiente más pequeño del mundo, en 1929, (Tratado de Letrán entre el Papa Pío XI y Benito Mussolini), resueltas civilizadamente en cónclaves. Desde entonces el Vaticano no ha podido tener mayor influencia política y fue (¿cómplice o neutral?) durante los regímenes de Mussolini y el Nazismo y quizás, gracias a Juan Pablo II, algo más comprometida en la lucha por la libertad, contra el comunismo soviético y de Europa Oriental.
FUENTE: EWTN Norge – St Rita Radio
Hoy en día, muchos de los cristianos del mundo no siguen las doctrinas eclesiásticas en su vida cotidiana, excepto en cuestiones específicas como el divorcio o los derechos de las comunidades LGBTQ+. Para muchos católicos, el cambio en la doctrina vaticana tiene escaso impacto en su vida.
Desde mi perspectiva, el Vaticano, como estado, actúa como una «voz» simbólica en un escenario saturado de intereses políticos, organizaciones internacionales, corporaciones, incluyendo su propio banco, y la cacofonía de redes sociales. No es mucho lo que pueda hacer por el mundo un Papa hoy, pero al menos, por decencia y simbolismo, defender los principios de tolerancia, luchar contra el antisemitismo, denunciar la pederastia en la Iglesia, y evitar ser manipulado por dictaduras como las de Cuba o Venezuela.

Todo lo demás tiende a reducirse a lo milagroso o lo mediático.
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