Aun si el régimen ruso logra apropiarse de una porción significativa del territorio ucraniano mediante un acuerdo forzado por Trump, cada pérdida de influencia geopolítica del dictador ruso la celebraré con la imagen de un helicóptero transportando, suspendida por una cuerda, la estatua del primer zar del siglo 20, Vladímir I. Esta escena me evoca el icónico momento del filme Good Bye, Lenin, en el que un monumento a Lenin es trasladado en Berlín Oriental hacia algún museo o basurero.
Por ahora, peligra la posibilidad de que Putin mantenga su puerto y aeropuerto en Siria tras el colapso estrepitoso de su aliado Bashar al-Asad. Desde el inicio de la guerra civil siria, el dictador garantizó el control de las bases militares en su territorio y acceso seguro al Mediterráneo. Sin embargo, Putin intentara ahora negociar con el nuevo gobierno islamista sunita. No obstante, es improbable que estos olviden el apoyo de la alianza Rusia-Irán-Hezbollah para mantener en el poder, durante años, al régimen de al-Asad.

Simultáneamente, Putin pierde terreno en Georgia, la exrepública soviética de la que se apropió de Abjasia y Osetia del Sur en 2008. Aunque el primer ministro pro-Kremlin, Irakli Kobajidze, retrasó la discusión del ingreso a la Unión Europea hasta 2028, las movilizaciones masivas en rechazo a esta decisión reflejan un descontento que podría desembocar en una revuelta social. La situación se agrava por un cambio constitucional impulsado por la mayoría prorrusa del Parlamento, que luego de alterar el sistema electoral, nombró a un nuevo presidente aliado de Rusia, en elecciones indirectas no reconocidas por la presidenta prooccidental Salomé Zourabichvili.
A esto se suma la reciente decisión del Tribunal Constitucional de Rumanía de anular la primera vuelta de las elecciones de noviembre. La medida se tomó tras confirmar que el candidato ganador recibió apoyo masivo en redes sociales coordinado desde Rusia, además de ciberataques contra la oposición. Mientras se organizan nuevos comicios, una coalición pro europea busca formar un gobierno de transición.
Pase lo que pase, las mayorías lo tienen claro: “Good bye, Putin”.

FUENTE: NEWSWEEK.
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