Desde la caída del Imperio Turco Otomano, tras la Primera Gran Guerra (1914-1918), británicos y franceses se repartieron el Medio Oriente y los territorios que hoy conforman los países árabes del norte de África (Magreb). Los nuevos imperios establecieron de manera artificial las fronteras de lo que hoy son Israel, Jordania, Arabia Saudí, Irak, Siria, Líbano y los pequeños feudos del Golfo Pérsico, con excepción de Irán.

Tras la Segunda Gran Guerra, a partir de 1945, Francia determinó las fronteras de Siria y Líbano de manera caprichosa, obligando a coexistir en un mismo territorio a diversos grupos étnicos, religiosos y subramas del Islam.

Desde 1971, una familia y la comunidad religiosa a la que pertenece, los alauitas, han gobernado con mano dura a una mayoría de musulmanes sunitas y otros grupos más numerosos. Ese año, Hafez al-Assad dio un golpe de Estado y estableció el régimen más totalitario de la región. Tras su muerte en 2000, su hijo Bashar al-Assad heredó el poder y hasta diciembre de este año dominó el país.
Los alauitas, que representan a menos del 20% de la población siria, son una comunidad surgida de una escisión de la rama chiíta en el siglo IX, influenciada por el cristianismo y religiones paganas. Esta mezcla les ha otorgado un carácter laico y tolerante desde el punto de vista religioso. Sin embargo, su dominio ha marginado a otras comunidades, como los kurdos—un grupo étnico de origen asiático no árabe, disperso entre Turquía, Irán, Irak y Siria—así como a la comunidad religiosa de drusos y diversas minorías cristianas, incluidas las Iglesias ortodoxa griega, armenia y caldea.


En 2012 Al Qaeda se infiltró en Siria a través de su filial al-Nusra y luego un grupo disidente formó el Estado Islámico (ISIS). La guerra devastó Siria con la participación de aliados de al-Assad como Irán, Hezbolá y Rusia, así como de los islamistas radicales apoyados por Turquía. Por su parte, Estados Unidos y la OTAN brindaron apoyo al grupo étnico no árabe de los kurdos. Ahora, en una sola semana, otro grupo disidente de Al Qaeda, Hayat Tahrir al-Sham, acabó con 53 años de dominio de los al-Assad, una especie de ¨muro de Berlín¨ para los sirios que apenas dan credibilidad a lo ocurrido.

Cuando cayó el Muro de Berlín creímos que el mundo sería más estable, y en el caso sirio, mejor ser escépticos con lo que ocurra en ese país y en la región.
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