Comencemos por mi identidad: soy un historiador especializado en Medio Oriente, con una identidad compleja y multicultural: venezolano, residente en Israel y Perú, judío laico y de valores occidentales. Soy ¨alérgico¨ a Netanyahu y crítico severo sobre el manejo de su gobierno de la tragedia humanitaria de los palestinos de Gaza, aunque nunca olvido (¡prohibido olvidar es ahora!) que el grupo terrorista Hamas inició la actual guerra con su sangrienta y brutal masacre del 7 de octubre de 2023 y que aún mantiene a más de cien civiles israelíes secuestrados.
La Corte Penal Internacional de La Haya (CPI) puede tener fundamentos legales para acusar al primer ministro israelí Netanyahu, al exministro de Defensa, Yoav Gallant y al dirigente de Hamas Mohamed Deif por crímenes de guerra y lesa humanidad. Sin embargo, considero que su decisión es esencialmente política dado el contexto histórico del conflicto en Gaza, por los precedentes de la CPI, y porque el grupo terrorista palestino tiene la responsabilidad directa de lo que le ocurre a su propio pueblo por el uso de población civil como escudos humanos.
Hasta ahora, todas las acusaciones de la CPI contra jefes de Estado han recaído sobre dictadores. Charles Taylor, condenado a 50 años por promover la guerra civil en Sierra Leona y reclutar niños soldados fue el primero tras los juicios de Núremberg. Casos de masacres, torturas, desplazamientos masivos y otros crímenes de lesa humanidad incluyen a ex dictadores con Gbagbo (Costa de Marfil), Milosevic (Serbia vs. Bosnia Herzegovina, Croacia y Kosovo), Gadafi (Libia), Omar al-Bashir (Sudán) y Jean Kambanda (Ruanda). A ellos se suma el pedido de detención de Putin por los crímenes en Ucrania.

Netanyahu, en cambio, sería el primer líder democrático acusado por la CPI. ¡Que extraño!, La CPI no ha procesado a dictadores criminales como el sirio Al Assad de Siria; a los ayatolás iraníes, a Xi Jinping por masacres en la provincia de Xinjiang, a Maduro y el régimen cubano, entre otros.
«Algo huele mal en Dinamarca», dice un centinela en Hamlet tras ver al fantasma del rey asesinado, quien revela a su hijo que su hermano Claudio lo traicionó para tomar el trono y a su reina. Esa frase resuena hoy ante la decisión de la Corte Penal Internacional (CPI) de acusar a Netanyahu y a su exministro de Defensa, Yoav Gallant, por crímenes de lesa humanidad, incluyendo también a tres miembros de Hamas.

Cuando la Corte Internacional Penal de La Haya (CPI) acusó Netanyahu y a Gallant por crímenes de lesa humanidad el fiscal también incluyó a tres miembros de la organización islamista y terrorista Hamas. Entonces, un fantasma shakesperiano se me apareció y me aclaró que, si bien personalizar una acusación contra un político israelí no es antisemitismo, esto en el futuro se sumará a la creciente demonización del Estado de Israel, lo que sí alimenta el antisemitismo global.

El anti israelismo se manifiesta claramente en la equiparación de las acciones bélicas de una democracia con los atentados deliberados contra civiles perpetrados por un grupo terrorista como Hamas. La CPI no solo debía considerar el contexto que originó esta guerra –la masacre de Hamas contra civiles israelíes en 2023–, sino también debatir cómo los ejércitos modernos deben enfrentarse a grupos terroristas, guerrillas, narcotraficantes y mafias que usan a civiles como escudos humanos. No existe aún una doctrina militar ni legal que aborde adecuadamente las guerras asimétricas.
Mientras tanto, el fiscal Karim Khan parece haber priorizado el caso contra Netanyahu y Gallant por encima de otros, como el de Maduro y sus colaboradores. A pesar de las numerosas denuncias de crímenes de lesa humanidad en Venezuela –asesinatos, torturas y violaciones sistemáticas–, la CPI ha mostrado una dilación preocupante.

Karim Khan, fiscal de la Corte Penal Internacional y el dictador venezolano Nicolás Maduro.Del website:
¿Por qué actúa con tanta rapidez en ciertos casos y tanta lentitud en otros?
Porque huele a hedor político en La Haya.














