Desde la década de 1990, los fundadores de la visión o ideología posmodernista, en su mayoría marxistas frustrados por la caída del comunismo en la Unión Soviética y sus países satélites de Europa del Este, así como por el giro capitalista de China, se cuestionaron por qué la visión de la lucha de clases y la dictadura del proletariado no tuvieron éxito en Occidente. Llegaron a la conclusión de que parte del problema era el factor cultural.
Algunos posmodernistas difundieron un pensamiento que cuestionó el predominio del método científico y su objetivo de enfocarse en el progreso en favor de lo que llamaron «la teoría del caos». Plantearon acabar con la herencia ética judeo-cristiana (con sus virtudes y defectos) y el legado de la política y el racionalismo greco-romano, para fomentar una visión fundamentada en nuevas construcciones de identidad: múltiples categorías de orientación sexual, género, etnicidad, raza, etc.

TRES FAMOSOS INTELECTUALES DEL POSMODERNISMO: JACQUES DERRIDA, QUIEN FUNDO LA CORRIENTE ¨DECONSTRUCCIONISTA¨; MICHEL FOUCAULT EL MÁS ICÓNICO INVESTIGADOR Y CRÍTICO DE LAS RELACIONES DE PODER, Y GILLES DELEUZE, UN FILÓSOFO QUE SIMPATIZÓ CON EL MARXISMO Y EL MAOÍSMO.
Nadie que crea en la democracia y la tolerancia puede oponerse a lo que desde entonces se denominó «multiculturalismo». Sin embargo, pocos comprendieron que tras esa visión de amplitud había grupos con agendas políticas, ideológicas y culturales que buscaban fomentar la división y fragmentación de la sociedad occidental. Por ejemplo, en nombre del pluralismo, muchas naciones europeas permitieron que extremistas musulmanes aprovecharan la apertura de sociedades abiertas y gradualmente dominaran barrios enteros en donde imponen a sus habitantes a vivir bajo las reglas de la sharía (ley islámica). Paradójicamente, a la vez, se multiplica la cantidad de identidades basadas en género y orientación sexual con las conquistas sociales del movimiento LGTBIQ+.
La «tribalización» de la sociedad provoca el crecimiento de grupos radicales nacionalistas de extrema derecha que van ganando fuerza política, aumentando la polarización, fragmentación y el nihilismo (doctrina que conduce al negacionismo, revisionismo histórico y anarquía) en muchos países. La victoria de la visión posmoderna – hoy reflejada en la cultura «woke» – parece imponerse.
El movimiento woke (del despertar) busca hacer olvidar que las conquistas cívicas, socioeconómicas, laborales e identitarias que permitieron a minorías discriminadas durante siglos alcanzar la igualdad ante la ley fueron logros graduales, producto de la evolución y no de revoluciones, ocurridas en el mundo capitalista democrático occidental.
Hoy, grupos de izquierda radical progresista intentan apropiarse de estas causas, proponiendo métodos radicales para fomentar los derechos de las minorías. Sin embargo, es importante recordar que la primera Convención Feminista de la historia, que luchó por derechos de la mujer como el sufragio, no se organizó durante la época de la Comuna de París, sino en la Nueva York de 1848. Asimismo, las primeras conquistas laborales, logradas por las protestas de sindicatos en 1886, que resultaron en la reducción del horario laboral de 18 a 8 horas, ocurrieron en Chicago y no en Moscú un 1 de mayo. Además, el primer matrimonio gay aceptado legalmente en la historia se celebró en Dinamarca y no en La Habana, en el año 1989.

FESTEJOS DEL DÍA DE LOS TRABAJADORES EN EEUU QUE CON EL TIEMPO INCORPORÓ LOS DERECHOS LABORALES DE LA MUJER EN CUESTIONES DE DESCANSO POST-MATERNIDAD, ETC.
Los «posmodernistas», antes y el movimiento woke, hoy, tratan de desprestigiar los grandes aportes del mundo occidental democrático capitalista en avances socioeconómicos e identitarios para las minorías sociales. Algunos intelectuales posmodernos, desde las aulas de clases, lograron propagar una visión tergiversada de la historia y la cultura occidental.
Por supuesto, el imperialismo, el neocolonialismo, la explotación laboral y muchos otros males surgieron con el capitalismo, pero no son ajenos a la historia y la ideología comunista del pasado y actual. Sin embargo, los posmodernistas lograron crear una narrativa para el siglo XXI que deconstruye todo intento de análisis racional de la historia y la transforma en una eterna y simplista lucha entre opresores (hombres blancos, occidentales, capitalistas, heterosexuales, judíos y cristianos) vs. oprimidos (comunidades identificadas por género, orientación sexual, mujeres, razas y grupos étnicos no blancos).
El posmodernismo se traduce una narrativa neo marxista que gana fuerza por no basarse en las siempre, defectuosas experiencias históricas, si no, en una visión idealista utópica.
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