La palabra ¨proxy se ha popularizado en el periodismo en referencia a conflictos cuales poderes internacionales emplean grupos para hostigar a sus enemigos sin una confrontación directa. Este concepto moderniza la noción de la «guerra fría» posterior a la Segunda Guerra Mundial, entre los aliados de Estados Unidos y la ex Unión Soviética (gobiernos, guerrillas, grupos terroristas, sicarios, etc.), utilizando un término común en la informática del siglo XXI. «Proxy» también se refiere a un programa, servidor o dispositivo que realiza acciones indirectas en representación de otro.
En Ucrania se especula que miembros que ex militares de países occidentales colaboran con la resistencia ucraniana contra las tropas rusas, que, a su vez, dependen del grupo mercenario Wagner, vinculado al fallecido Yevgeni Prigozhin. Además, reciben respaldo de los fanáticos islamistas liderados por el gobernador checheno Ramzan Kadyrov. Algunos analistas sugieren que las tropas ucranianas podrían considerarse proxies de la OTAN, interesada en frenar la expansión rusa. En cualquier interpretación, el conflicto ruso-ucraniano involucra a múltiples actores más allá de estos dos países.
En el Medio Oriente, el régimen iraní, con la intención de eliminar a Israel, utiliza cuatro proxies principales: Hamas en Gaza, Hezbollah en el sur de El Libano, los Huthies en Yemén y grupos islamistas en la frontera de Siria con Israel. Estos actúan como instrumentos en el conflicto directo o lanzan ataques desde ubicaciones estratégicas.
Aunque el concepto de proxies es antiguo, la palabra es relativamente nueva. A lo largo de este año, hemos conocido con más detalle a los proxies en conflictos mediáticos, pero esto no implica que no hayan existido anteriormente, en distintas formas y en otros conflictos.
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