Todo comenzó cuando en un suburbio pobre de la periferia de París, un policía mató a un joven de ascendencia magrebí (el Magreb son los países árabes del norte de África excluyendo a Egipto), provocando una ola de violencia que conduce a una guerra civil entre el estado francés y sus habitantes blancos vs. la nueva Francia de los desheredados que tienen pasaportes, pero no el sentimiento de pertenencia a ese país. Palabras más palabras menos es como se reseña la película ¨Atenea¨ (2022) del director Romain Gavras estrenada por la plataforma Netflix hace varios meses.
En este film Atenea es el nombre ficticio de un banlieue (barrios que se edificaron en grandes urbes como París, Toulouse, Marsella, etc.), en donde viven la mayoría de los descendientes de inmigrantes – en su mayoría de ex colonias árabes y africanas – y es casi la predicción de lo que ocurrió con el joven Nahel, de origen magrebí, quien recibió un disparo de un policía al intentar huir luego de que su carro fuese parado en un control de tráfico.
¿Exceso policial? Definitivamente sí. ¿Racismo, como acusan las masas de personas que salieron a quemar y destrozar patrimonio público en varias ciudades francesas? Puede ser, pero no sabemos a ciencia cierta si el policía se sintió amenazado en las fracciones de segundo en que ocurrió el hecho. Lo definitivo es que este no fue un caso como el de aquel policía que asesinó al ciudadano afroamericano George Floyd aplastando hasta asfixiarlo en una acera en la ciudad de Minneapolis, en 2020.

¿Hay descontento social de la población más pobre de Francia, cuya mayoría viven en los banlieue repletos de árabes y musulmanes? (más del 12% de la población en ese país es descendiente de extranjeros). Sí, y lo vimos en 2005 cuando tres jóvenes murieron accidentalmente, electrocutados por un cable de alta tensión, mientras eran perseguidos por la policía. En ese entonces la masa violenta enardecida quemó y destruyó vehículos y propiedad pública. Con eso lidió Chirac, Sarkozy y en menor medida Hollande.
Francia es un país con tradición de protestas desde el siglo 18 (la Revolución Francesa), del 19 (Revolución Liberal y La Comuna de París, que, por cierto, es este episodio el contexto en el cual ocurre buena parte de la obra de Víctor Hugo ¨Los Miserables¨. También está el precedente, en el siglo 20, de ¨El Mayo Francés¨ de 1968.
A partir de los 1950s sucesivos gobiernos franceses implementaron políticas de puertas abiertas para la reunificación de familias – principalmente del Magreb y otras ex colonias francesas de la ¨África negra¨ – sobre todo de Argelia, lugar que fue transformado en provincia lo cual produjo que hasta el 5 de julio 1962, cuando logró su independencia, más de un millón de argelinos emigraran a la metrópoli porque mantenían sus pápeles de ciudadanía francesa.

Luego se construyeron barrios periféricos (banlieue) con edificios en mal estado y escasa infraestructura para alojar a esa masa de personas cuyos hijos, nietos y bisnietos aun habitan y viven, en su mayoría, sin la posibilidad de mayor progreso ni interacción con la población blanca.
REPORTAJE SOBERE LOS BARRIOS MARGINALES DE PARÍS Y LA VIOLENCIA. FUENTE CBS. 2019.
Como sus inmediatos antecesores Macron, quien ya confrontó las protestas de los ¨chalecos amarillos¨ por medidas impopular de aumento de precios de combustibles (2018) y este año, por su reforma de sistema de pensiones, ahora lidia con la violencia tras el asesinato de Nahel, el joven magrebí que intentó escapar de la policía. Esto vuelve a colocar a Francia en el epicentro de un problema europeo: ¿está fracasando el multilateralismo? ¿No funcionó el estado de bienestar social? ¿Es el incremento del islamismo radical o el racismo lo que más determina la violencia social?
El problema es complejo y es una combinación de todo lo anterior.
Quizá es tiempo de hacer cambios en el himno, la famosa Marsellesa, y extraer frases como: ¨A las armas, ¡ciudadanos! ¡Formad vuestros batallones!¡Marchad, marchad! ¡Que la sangre de los impuros riegue vuestros campos!
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