El Kremlin, que en ruso significa ¨ciudad fortificada¨ es la sede de varias instituciones políticas, militares y religiosas (catedrales) desde que fue fundado en el siglo 14, pero no pasó a ser la sede principal del estado ruso hasta la revolución comunista de 1917.

A esa ciudad fortificada, que debe ser uno de los lugares más vigilados y protegidos del mundo, según la dictadura de Vladimir Putin hubo un intento de asesinarlo con dos drones que causaron pequeños daños sin mayor consecuencia que el anuncio de que Moscú se reserva el derecho de eliminar físicamente al presidente ucraniano Zelensky y a su círculo más cercano.
El gobierno ucraniano ha desmentido cualquier intento de ataque contra Putin e incluso, en territorio ruso, cuestión que obviamente no le conviene porque solo les daría excusas a sus agresores para que su agresión en la ex república soviética sea más cruel y mortífera. Además, las imágenes de un pequeño incendio en algún lugar no conocido que los medios estatales rusos muestran como ¨pruebas¨ del supuesto atentado contra Putin no son convincentes y en nuestros tiempos, son fáciles de recrear natural (en un ambiente ficticio) o artificial, con efectos especiales.

Desde entonces muchos gobiernos han inventado o tergiversado historias para inducir o agudizar conflictos.
Es propicio recordar que, históricamente, también se han dado informaciones falsas o dudosas tanto para justificar conflictos desde la guerra hispano-estadounidense en Cuba, en 1898, cuando la prensa amarillista llegó a su apogeo con dos diarios sensacionalistas, el New York Journal del magnate William Randolph Hearst y el New York World de Joseph Pulitzer, quienes, al no recibir información confiable sobre lo que ocurría en la isla caribeña, propalaron la información de que el buque de guerra Maine fue hundido con bombas colocadas por el ejército español. Nunca se supo la verdad sobre lo que la mayoría considera que fue una explosión accidental que ocurrió en el Maine.

Pulitzer vs. Hearst y el periodismo amarillista.
Otro ejemplo más vinculantes para el caso ruso y de Putin:
En 1999 cuando Putin era presidente interino varias explosiones sacudieron a edificios de tres ciudades causando la muerte de más de 250 personas y más de 651 heridos. Entonces, el gobierno ruso acusó a fuerzas separatistas de la provincia de Chechenia de perpetrar los atentados por lo cual, por sugerencia de Putin se rompió el acuerdo de paz y autonomía de esa provincia del sur de Rusia y comenzó la llamada Segunda Guerra Chechena (26-08-99 hasta 16-04-2009).

Ya con Putin como presidente, gracias a una guerra con pocas bajas rusas y con discursos de alto contenido nacionalista, su popularidad incrementó a más del 60% lo cual le permitió en 2000 ganar las elecciones presidenciales de manera cómoda. El otro lado de la moneda es que más del 20% de la población civil chechena murió por los bombardeos aéreos y ataques de artillería rusa.
¿Fueron terroristas chechenos los responsables de los atentados de 1999?
No de acuerdo al ex agente del servicio de inteligencia ruso (FSB), Aleksandr Litvinenko, quien se atrevió a declarar que las bombas fueron colocadas en los edificios por miembros de su agencia, por órdenes de Putin, para justificar una nueva invasión a Chechenia. Litvinenko murió en Londres por envenenamiento de una sustancia nuclear tóxica (Polonio-210) colocado en su comida por espías rusos.
Según la periodista Anna Politkkóvskaya quien hizo varias crónicas sobre el genocidio en Chechenia y quien murió baleada en Moscú en octubre de 2006, lo ocurrido en 1999 fue un auto- atentado. Dos miembros del congreso, opositores a Putin, pidieron una comisión para investigar los atentados de 1999 y también murieron baleados.
Estos y otros extraños indicios no demuestran fehacientemente que Putin ordenó los atentados de 1999 pero como mínimo siembran la duda. ¿Y ahora, podemos creerle a Putin de que hubo un intento ucraniano de asesinarlo a él?
FUENTE: INSIDER BUSINESS
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