En este Mundial, más que en otros, se perciben ciertos ejemplos de cómo selecciones son influidas por conflictos y tendencias globalizadas que afectan a las sociedades que estas representan.
Tres ejemplos:
Para bien, el caso de la selección belga que a pesar de su eliminación en primera fase llegó de tercera en Rusia 2018 y ha sido, quizá, la mejor de su historia futbolística de la mano del entrenador español Roberto Martínez por su consideración de extranjero dirigió, a un país dividido por movimientos separatista de Flandes, de habla neerlandesa, y Valonia, de habla francesa además de la capital bilingüe Bruselas. Martínez hizo saber a sus jugadores que sus consideraciones eran puramente futbolísticas y no vinculadas a los conflictos de ese país.

El llamado ¨método de Sablón¨, el encargado por la Federación Belga de Futbol de hacer una ¨revolución¨ de infraestructura, clubes y convivencia entre los futbolistas tuvo éxito logrando, cómo el mismo Michael Sablón expresó como metáfora, que ¨Hazard (valón) y De Bruyne (flamenco) fueran jugadores de conflicto que Bob (Martínez) hizo cohabitar.

EDEN HAZARD Y KEVIN DE BRUYNE
Para mal, la TV estatal China censura imágenes del público en los partidos de Qatar para que, en su lucha contra el aumento de casos de Covid y su política de reclusión forzada de millones de personas, sus ciudadanos no puedan ver que en otros países las multitudes no utilizan las mascarillas. Sin embargo las redes sociales retransmitieron partidos sin esas omisiones desafiando el control de la potencia global que utiliza medidas internas aldeanas.
También el régimen iraní intentó que la audiencia global no viese cómo varios manifestantes celebraron la victoria de Estados Unidos sobre su selección como protesta contra su políticas, pero los medios desarticulan la supuesta imagen de unidad y obediencia que su dictadura islamista quieren proyectar.
La pelota rueda más allá de fronteras e idiomas.

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