El título de este artículo está relacionado a un dilema que tuve cuando se conoció el fallecimiento del último dirigente de la Unión Soviética (URSS), Mijaíl Gorbachov, el 30 de agosto de este año. En mi opinión, el último líder de ese experimento comunista fallido fue el último gran estadista del siglo 20.

Debí escribir sobre Gorbachov la semana pasada pero el referéndum por una nueva constitución chilena coincidía con mi artículo dominical en el diario Peru21 y por eso lo postergué aunque podría argumentar, falsamente que ¨postergar a Gorbachov¨ es una metáfora de lo que le hicieron sus rivales del apparatchik soviético, los reformistas con ambiciones de poder y de alguna manera, varios gobernantes occidentales que apostaron apoyar por Boris Yeltsin y su proyecto de disolución de la URSS, en lugar de un bloque de republicas más democráticas y autónomas como fomentó Gorbachov.

Desde 1985 Gorbachov comenzó a reestructurar (Perestroika) y a democratizar (Glasnost) a su país y se negó a utilizar la represión contra sus oponentes políticos, críticos e incluso, movimientos separatistas en países comunistas y de la misma URSS (Lituania, Letonia, Estonia, etc.).
Incluso, en 1991, intentó mantener a la URSS unida como una confederación de republicas autónomas creando una especie de Unión Europea en esa zona euroasiática organizando un referéndum, el 17 de marzo, en el cual la mayoría de los soviéticos de las quince ex repúblicas votaron a favor de preservar la URSS ¨…en una federación renovada de republicas soberanas iguales en las que serán garantizados, plenamente, los derechos y la libertad del individuo de cualquier nacionalidad¨.
Gorbachov también permitió por primera vez que los soviéticos eligieran, libremente, a parlamentarios y presidentes de cada república – como Rusia lo hizo con Boris Yeltsin en 1991 – por lo cual, si aun el Partido Comunista concentraba el mayor poder, el proceso de liberalización económica y política era un hecho consumado.
Gorbachov sabía que si la democratización de la URSS avanzaba demasiado de prisa las fuerzas reaccionarias lo impedirían y si lo hacía muy lento los reformistas oportunistas aprovecharían para sus ambiciones de poder, pero no pudo evitar que ambos grupos actuaran en 1991 primero, con un fallido golpe de estado organizado por el ala dura del partido comunista y luego, cuando Yeltsin tomó el poder total y el 8 de diciembre de ese año negoció, secretamente, el Acuerdo de Belavezha formalizando la separación entre Rusia, Bielorrusia y Ucrania.
El Acuerdo de Belavezha es el punto de partida del reconocimiento de las fronteras entre los tres países que el sucesor de Yeltsin, Putin, ha rechazado al invadir Crimea en 2014 y el resto de Ucrania en 2022. Sin embargo, los representates de Yeltsin, como pueden apreciar en el siguiente breve video, hicieron ciertos trucos que hoy le sirven al actual tirano ruso para ¨justificar¨ su criminal invasión a Ucrania.
El hombre postergado por sus rivales y aliados intentó conducir a las exrepúblicas soviéticas, hoy en su mayoría dictaduras, hacia la democracia y logró firmar los mayores tratados de recortes de armas nucleares de la historia.

Si bien el populismo de Yeltsin y la tiranía de Putin han pisoteado su legado, Gorbachov nos da la ilusión de que a veces, un estadista, puede hacer rodar las ruedas de la historia hacia la paz y la libertad.
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