En junio del año pasado el candidato centrista del partido Yesh Atid (Hay Futuro), Yair Lapid logró conformar un gobierno de amplia base, incluyendo a partidos nacionalistas, pacifistas y árabes, por primera vez en la historia de Israel.
Para lograr ese objetivo, Lapid, cuyo partido obtuvo 17 escaños contra los 30 del Likud de Binyamín Netanyahu, negoció con los líderes de ocho partidos, desde la extrema derecha de Yamina, literalmente, “La Derecha”) de la agrupación de Naftalí Benet (neo liberal y nacionalista) que obtuvo 7 escaños de los 120 del parlamento, hasta partidos de izquierda (social demócratas y pacifistas) como El Partido Laborista con sus siete escaños y Meretz seis. Para llegar a la suma “mágica” de 60 o 61 puestos del parlamento y poder gobernar, se unieron a la coalición un partido de disidentes del Likud, “Nueva Esperanza” (6), y el partido “Israel Nuestra Casa” de uno de los principales partidos a favor de la expansión de asentamientos, Avigdor Liberman, con siete escaños. También está la agrupación centrista “Azul y Blanco” del aun ministro de defensa Benny Gantz.
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Esta compleja y casi milagrosa coalición de partidos políticos tan diferentes ideológicamente además incluyó a uno de los tres partidos árabes israelíes, Ra´am, del moderado islámico Mansur Abbas con 4 escaños (no confundir con Mahmoud Abbas el presidente de la Autonomía Palestina en Cisjordania.

Para lograr este casi imposible acuerdo Lapid mostró su buena voluntad de buscar una gobernabilidad por encima de intereses e ideologías, cediendo a Benet el liderazgo como primer ministro durante los dos primeros años de gobierno mientras él sería canciller para luego rotar los puestos. Sin embargo, Benet y Lapid disolvieron el parlamento tras un año por el incumplimiento de los acuerdos de un par de socios de la coalición. Lapid será el PM hasta las futuras elecciones en unos meses luego de que se ha demostrado que se pueden poner los intereses nacionales sobre los partidarios, al menos, durante un año.
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