La película iraní “There Is No Evil” recibió el Oso de Oro del festival de Berlín 2020 y su director, Mohammad Rasoulof, cumple un año de impedimento de salida del país acusado de ¨difundir propaganda¨ porque el film presenta cuatro historias con el hilo conductor de cómo el individuo lidia con la obligación que impone un estado para asesinar a otro ser humano. Esta película coloca al espectador ante la cruda disyuntiva de preguntarse a sí mismo qué haría si estuviese en ese tipo de situación.
En 1963, durante otra dictadura tan cruel como la iraní, la de Franco, el genial director José Luis Berlanga planteó con humor negro y a la vez, compasión, el mismo cuestionamiento en su película ¨El Verdugo¨, en cuya trama apreciamos cómo el personaje principal ¨quien no mata ni a una mosca¨ se ve presionado a suplantar a su suegro como verdugo y así acceder a un departamento decente en una España decadente y pobre. Confiado en que nunca le toqué hacer una ejecución el verdugo del film de Berlanga es ¨ejecutado¨ a morir en vida haciendo algo que moralmente repudia.
Parece una paradoja, una casualidad o quizá, hasta una causalidad que el actual presidente iraní, quien esta semana visito a Putin, Ebrahim Raisí, es un ex magistrado que participó en el llamado ¨comité de la muerte¨ que, junto a otros tres jueces, ordenaron la ejecución de miles de presos políticos en 1988 (una purga sin precedentes en Irán según Amnistía Internacional) y también condenó a la muerte a más de una decena de personas que participaron en las protestas por un posible fraude al partido menos conservador en las elecciones de 2009.
De la España de Franco a las monarquías medievales árabes del Medio Oriente e Irán admirado por la izquierda radical Latinoamérica, difícilmente podemos ver con la visión humorística de Berlanga pero sí, con la mirada impotente del cineasta privado de libertad, Rasouluf, que un verdugo sea el presidente de un país.
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