El equipo de futbol Sheriff de Tiráspol ha causado sensación en la Champions League luego de vencer, en sus dos primeros encuentros, al ucraniano Shaktar Donetsk y al Real Madrid.
Tiráspol es la capital de la región de Transnistria que proclamó soberanía en 1990 cuando Moldavia apenas obtuvo su independencia, Esto condujo a una breve guerra en 1992, entre ambas entidades y desde entonces se acordó que Transnistria tuviese un gobierno autónomo perteneciente a Moldavia aunque Putin no descarta que algún día sus habitantes realicen un referendum para unirse a la Federación Rusa dado que Stalin ejecutó transferencias forzadas de población a lo largo y ancho de la ex Unión Soviética incluyendo a esta región expulsando a miles de sus habitantes autoctonos para “rusificar” Transnistria.

El Sheriff compite en la liga de futbol de Moldavia, a pesar de sus simpatizantes no se reconocen como parte de ese país. El club fue fundado en 1997 por el millonario ex funcionario de la extinta policía represiva de la Unión Soviética, la KGB, Viktor Gushan, a cuya empresa comercial denominó con su apodo, «Sheriff».

Los habitantes de Transnistria y los seguidores del Sheriff, en su mayoría, no se identifican con los moldavos a pesar de participar en su campeonato de futbol.
Transnistria, fue anexada por Stalin, durante la II Guerra Mundial, quien la unió a la provincia oriental de Rumania, Besarabia y creó a la republica soviética de Moldavia. También la zona norte rumana de Bucovina fue incorporada a la República Soviética de Ucrania.

Mi padre, Jaime Segal, fue trasladado durante su niñez, junto a sus padres y otros judíos de Besarabia, entonces Rumania, al otro lado del río Dniéster, Transnistria, en donde el gobierno pro nazi del General Antonescu los envió a un campo de concentración.
Cada vez que mi padre da una charla sobre el Holocausto cuenta: ¨Nací en Noveselitz, una ciudad de Besarabia que cuando yo nací fue rumana, luego pasó a ser parte de la Moldavia soviética y hoy es parte de Ucrania¨

Así fue el mundo de ayer, pero así sigue siendo de frágil y peligroso el mundo de hoy, aunque competencias como la Champions League nos distraigan de esas realidades.


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