América Latina convulsiona en 2021 más que en 2020 no solo por las consecuencias del Covid 19 con su secuela más dramática, el fallecimiento de cientos de miles de personas, sino también la pérdida de empresas y de trabajos a gran escala, lo cual, por supuesto, socavó tanto a los países con sistema de capitalismo de estado (falsamente llamados “comunistas”) como los de Cuba, Venezuela, Nicaragua, etc., o al capitalista democrático de izquierda o derecha.

Una pandemia no diferencia entre clases sociales, etnias, religión ni ideologías, y en todos los países del mundo, sea cual sea su sistema político e ideológico, era de esperarse que el enorme descontento que ya existía con la política, se exacerbara y creciera la desconfianza a sus gobiernos e instituciones. En Estados Unidos, a pesar de la labor de Biden en la distribución rápida y eficiente de las vacunas contra el Covid, mucha gente no se inyecta por razones religiosas e ideológicas porque la irracionalidad es mayor que el sentido común en nuestro siglo 21 de la gran revolución tecnológica y comunicacional.
En América Latina Chile ya había canalizado la furia ¨anti-sistema¨ con las protestas de 2019 y su sociedad la pudo institucionalizar con las elecciones para representantes de una asamblea constituyente que redactará una nueva Carta Magna. Pronto su sociedad comprenderá que escribir una nueva constitución no cambia, automáticamente, la realidad, así que su futuro dependerá lo que pueda hacer su liderazgo en una realidad no tan mala en comparación con la mayor parte de la región.

La radicalización en Perú se hizo obvia durante las elecciones como si no fue suficiente el pasado año con tres presidentes en pocos días; el gobierno de ¨Fernández al cuadrado¨ en Argentina, va de escándalo en escándalo y empeora su crisis económica y de salud; el de AMLO en México se mueve por inercia y se profundiza el poder del narcotráfico y la mafia organizada.
Venezuela consolida su torpe, cruel e ineficiente dictadura igual que Nicaragua, y Cuba en su crisis hasta que llegue otro Papa Soviet o Papa Chávez al rescate. Si las cifras de contagio y Covid en estas tres naciones no son altas, seguramente es porque no carecen de los elementales tests de chequeo y prevención de la pandemia y sobre todo, del poco interés de sus regímenes en hacerlas públicas porque en la esencia de toda dictadura está, por razones propagandísticas, ocultar las muertes que ocurren por su represión y por ineficacia.

Las sociedades de Ecuador y Colombia, como la de Chile, ya habían ¨explotado¨ en 2019 pero Ecuador pudo canalizar su rabia con las elecciones que llevaron a Guillermo Lasso a la presidencia pero Colombia no, por una combinación de justas demandas y grupos radicales jugando con fuego que han puesto, al gobierno de Duque y a la gobernabilidad del país al borde del abismo.

En El Salvador se consolida la autocracia de Nayib Bukele aunque su popularidad, como la de todos los populistas cuando comienzan a concentrar poder, es alta, y Brasil espera el cambio del populismo del delirante Bolsonaro por el del corrupto y corruptor de Lula.

Y así va ¨el ciclo ¨21 en nuestra región.
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