La historia de las asambleas constituyentes con la ideología comunista no es, precisamente, la de un romance.
En marzo de 1917 el Zar Nicolás II de Rusia abdica al trono por manifestaciones populares a las cuales se unieron sus soldados hartos de la I Guerra Mundial y la pésimas condiciones de vida, sin participación de los bolcheviques (comunistas) puesto que su líder, Lenin, estaba en el exilio y su cúpula en cárceles o la clandestinidad.

El partido comunista ruso, entonces, no puso fin a la dinastía zarista si no que dio un golpe en octubre de 1917 a un gobierno de transición nombrado por el parlamento, bajo el mando del moderado Aleksandr Kérenski, quien había prometido realizar elecciones para una asamblea constituyente que redactaría una constitución y así, se iniciaría la primera democracia en la historia de Rusia.
Eso nunca ocurrió porque cuando se realizaron las elecciones para la constituyente, muy a pesar de que Lenin y los comunistas no la querían porque ya habían concentrado todo el poder, efectivamente el partido que ganó la mayoría de los escaños fue el de los Socialistas Revolucionarios que representaba a los campesinos (380 diputados) contra 168 de los comunistas.
Este y otros casos, como la revolución cubana, el chavismo, etc., demuestran que en la ideología comunista la democracia solo es una vía para llegar al poder, pero si no funciona, el fin justifica los medios.
Son tiempos de revisión de la historia y de reflexión
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