Mientras la mayoría de los medios cubrían las noticias vinculadas al incremento del Covid 19, su mutación y las nuevas medidas de confinamiento que muchos gobiernos del mundo toman para intentar detener su rápida propagación, hubo dos intentos de golpe desde el poder.
Primero, el golpista exitoso, el zar ruso Vladimir Putin, quien el 22-12-20 promulgó una ley de impunidad que determina que los ex presidentes (dícese él mismo y su títere político, Dmitri Medvédev, quien gobernó bajo sus órdenes entre 2008 y 2012) y él mismo, por supuesto, no pueden ser procesados penal o administrativamente y mucho menos interrogados, a menos que dos tercios de los senadores y la Corte Suprema demuestren alta traición. Eso no ocurrirá mientras Putin esté en el poder, lo cual pudiese ser hasta 2036 bajo una de las leyes del plebiscito del 1 de julio de 2020 que le permite reelegirse dos veces más.

El segundo golpista, el que fracasó, Donald Trump, quien gradualmente, desde el 4 de noviembre de 2020 comenzó a gestar un intento de permanecer inconstitucionalmente en el poder cuando desconoció la votación de las elecciones en 5 estados, luego impugnó ante varias cortes estatales y la Corte Suprema de Estados Unidos los resultados, sin éxito, y siguió socavando la democracia cuando llamó a un funcionario del gobernador de Georgia para pedirle ¨conseguir los votos que necesitaba para ganar¨ en ese estado. Los acontecimientos violentos del 6 de enero de 2021, en el Capitolio, cuando el aun presidente instigó a hordas racistas y nacionalistas que lo siguen, a asaltar a esa institución, fueron la cereza de la gran torta que puso el aspirante a autócrata.
¡Cómo debe lamentar Donald que no gobierna en el país de su amigo Vladimir y cuánt contento contento debe estar Putin de no presidir una nación con la institucionalidad de EEUU!
Una frase que se atribuye al guerrero y político de la antigua Grecia, Pítaco de Mitilene condensa los ejemplos anteriores:

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