En dos días serán las elecciones de Estados Unidos y sabremos si el errático gobierno de Trump, con discurso dirigido a la base más extrema de los votantes del partido republicano, seguirá en el poder, o si la alternativa de Biden, quien tendrá que controlar a la extrema izquierda del partido demócrata y a grupos con dirigentes ideologizados de Black Lives Matter y Antifa, logrará llegar a la Casa Blanca.
FUENTE : USA TODAY
La brecha sobre del tipo de sociedad que quieren los estadounidenses no la creó Donald Trump si bien su discurso xenófobo y nacionalista agravado por trastorno de personalidad narcisista, la ha agudizado a niveles nunca vistos. Trump terminó de destapar “la caja de pandora” de los problemas raciales y sociales no resueltos desde que el movimientos de lucha por la igualdad racial conquistaron la ley de los derechos civiles de 1964.
Por otro lado, hay que reconocer que buena parte de la élite intelectual y de los medios de comunicación norteamericanos también dejaron de lado su objetividad ante el empoderamiento de una identidad basada en la etnicidad, el género y la religión, que sobre todo, en las universidades, se ha vuelto muy intolerante.
Ninguna persona sensata puede oponerse a la causa de Black Lives Matter contra policías racistas o de mejoras para las condiciones sociales de vida en los barrios más pobres que usualmente son habitados por afroamericanos, pero sí pueden temer que algunos dirigentes de ese grupo como Omal Tometi se declaren marxista y tenga simpatías al régimen castrista y chavista.
Nadie sensato tampoco puede dejar de preocuparse del crecimiento y empoderamiento de grupos supremacistas blancos durante los cuatro años la administración Trump.
El día después del 3 de noviembre, quien gane, tendrá que gobernar con la realidad de un país que debe recuperar una visión nacional para todas sus minorías.

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