Esta semana falleció Joaquín Lavado, Quino, creador de caricaturas y comics sensibles, inteligentes, empáticos y plenas de amor por la humanidad.

Murió Quino, y me pregunto si en su silencio de los últimos años se mantuvo lucido para ver cómo el mundo, más que enfermo, parece agónico y no hay cama – como ocurre con muchos enfermos de coronavirus – para posarlo, mientras los vemos sufrir, impotentes.

Falleció el padre de Mafalda y, me pregunto si ella ya estará jubilada de la ONU o algún organismo internacional en el cual se esforzó por buscar paz y alimento para la humanidad concluyendo que esos “simpáticos inoperantes” ya ni siquiera son simpáticos pero siguen siendo inoperantes.


¿Estará Susanita contenta de tener muchos nietos de sus muchos hijos, en su vida insípida, viendo Netflix todo el día, mantenida por un ricachón pero lamentando que ahora solo puede ver a su progenie por Zoom?

¿Será Manolito el dueño de una gran cadena de mega supermercados que tienen de todo pero no vende barato?

¿Seguirá Felipe siendo un idealista o la realidad lo transformó en un ejecutivo, llanero solitario, atrapado en deudas y exceso de trabajo con poco tiempo para su familia?

¿Estará Miguelito involucrado con un grupo nacionalista y populista, quizá “la campora” kirchnerista, porque se creyó los cuentos de su abuelo que adoraba a Mussolini o estará, más bien, creando Apps parecidas a sus ocurrencias infantiles?

¿Libertad será una comunista o se permitió apoyar causas que defiendan su nombre?

Y Guille, que le preguntaba a Mafalda si el calor que hacía un día era culpa del gobierno ahora dirá que predijo la responsabilidad de dirigentes por el cambio climático.

No importa como sean hoy todos ellos, lo que importa es como quedaron retratadas sus infancias y que su progenitor, Quino, no será olvidado. Paz a sus restos.



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