A medida que avanza el proceso de impeachment contra Trump en el congreso estadounidense la acusación principal al presidente se fundamenta en que hubo lo que se llama “quid pro quo” (un favor a cambio de otro) pero también en Israel también esas tres palabras del latín, aparecen en los medios desde que hace unos días el fiscal de la nación, Avichai Mandelblit, imputó al primer ministro (PM) Netanyahu por corrupción y abuso de poder en tres casos.

Avichai Mandelblit, Fiscal General de Israel
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Netanyahu es acusado de llegar a un acuerdo con el dueño del diario más leído en Israel, pidiendo una cobertura favorable a cambio de restringir la circulación del principal periódico de la competencia; también por pactar beneficios para la compañía más poderosa de telefonía Israelí, Bezeq, a cambió también, que su portal digital de noticias le otorgara mucha cobertura beneficiosa para su imagen política, y por, presuntamente, recibir regalos de empresarios millonarios a cambio de favores políticos. Tres quid pro quo son la esencia de la acusación contra Binyamín, y el tercer caso implicaría su esposa.
El PM ha optado por no renunciar mientras que su partido Likud, obtuvo en las recientes elecciones parlamentarias la misma cantidad de escaños que el partido de centro, Azul y Blanco, de Benny Gantz. Ninguno ha logrado formar gobierno con 61 o más de los 120 escaños del parlamento.

Israel padece una parálisis política mientras ha lidiado con ataques esporádicos de islamistas radicales desde Gaza y el intento iraní de posesionarse en la frontera siria-israelí con soldados y armas.
En este contexto el mejor quid pro quo que Netanyahu puede ofrecer a su país sería su renuncia mientras dura el proceso judicial en su contra otorgando a los israelíes unas merecidas vacaciones para no seguir dañando a su democracia.
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