El siglo XIX ha sido denominado por muchos historiadores del Viejo Continente como el de “Las Revoluciones Liberales”, como la famosa en la que Víctor Hugo, en su novela “Los Miserables” (La Rebelión de junio de 1832) dispone parte de la trama. Pero fueron muchas las revueltas populares europeas como las de 1830-31 en Países Bajos, Polonia, España, etc.; La Comuna de París (1871); las extendidas durante 1848 y tantas otras.

El común denominador de estas rebeliones, cada una con diferencias importantes fue La Revolución Industrial, cuya consecuencia se tradujo es cambios tecnológicos, comunicacionales, económicos, sociales y, sobre todo, mentales, los cuales condujeron a los políticos a comprender que no podían seguir gobernando según los métodos tradicionales del pasado.
DE LA WEB https://www.youtube.com/watch?v=C0IMfTRzUAo
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Entonces las tecnologías fueron los barcos a vapor, el ferrocarril, el telégrafo; más tarde la electricidad y todas las máquinas que cambiaron las relaciones de producción, consumo, comunicación y de hacer política, pero hoy las tecnologías son más sofisticadas y globales como las de los celulares con opción a Facebook, WhatsApp, etc., conduciéndonos a un mundo de inmediatez e individualismo. Todo esto, por supuesto, cambia nuestra manera de percibir el mundo, pero, sobre todo, de cómo nos informarnos y a qué consideramos como “felicidad”.

Los profundos cambios tecnológicos explican las rebeliones de Chile y los “chalecos amarillos” franceses, entre otros movimientos de protesta popular. En estos dos casos específicos, políticas estructurales han causado brechas sociales crecientes en Chile y Francia, pero la persistencia de del vandalismo ha provocado un debate sobre la naturaleza del conflicto: ¿Están participando en las protestas de Chile movimientos de izquierda radical e incluso, gente vinculado al Foro de Sao Paolo, la organización que los agrupa desde 1990? ¿Hay grupos radicales nacionalistas, xenófobos y antisemitas entre los “chalecos amarillos”?

Mi opinión es que sí, no como una conspiración internacional pero sí como minorías radicales con agendas ideológicas y políticas.
Las protestas en Francia y Chile han sido, esencialmente, espontaneas, producto de políticas excluyentes a las necesidades socioeconómicas de las mayorías, en el caso de Chile, y por reformas que implicaban mucho sacrificio para la clase baja en Francia. Pero, cuando hay desorden y caos grupos radicales a destruir infraestructura como ocurrió con los saqueos en tiendas de Francia y la destrucción de vagones de Metro en Santiago.

Los tiempos cambian, pero el radicalismo permanece.
Con la Revolución Industrial, en el siglo XIX, a los desplazados que destruían máquinas y propiedad los llamaban luditas (el movimiento fue creado por tejedores de Inglaterra, que en 1811 destruyeron 63 telares automáticos).
https://www.youtube.com/watch?v=fT6XLlReNG8
A los grupos vandálicos con ideologías los calificaban de nihilistas. Hoy los vándalos son miembros de grupos populistas de derecha o de izquierda radical, y son pocos, pero son quienes dejan más perjudicados a los más desamparados porque destruyen sus medios de abastecimiento y de transporte.
Este problema debe conducirnos a repensar la democracia porque es un sistema lento para resolver los problemas de sociedades con ansiedades justificadas y expectativas inmediatas. Debemos buscar nuevos paradigmas para vivir en libertad, con separación de poderes y con elecciones justas y equilibradas antes de que la democracia nos sea robada por los Maduros, Ortegas y Evos con su populismo de izquierda o, por desesperación, caigamos en los populismos de derecha de los Trumps, Jhonsons y Bolsonaros.
PARTE DE UNA ENTREVISTA AL ESCRITOR ARGENTINO ERNESTO SÁBATO, EN 1977, SOBRE IDEOLOGÍAS, MÉTODOS DE LUCHA Y LA DEMOCRACIA. DE LA WEB https://www.youtube.com/watch?v=LqT6B8dw94g
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