Hay un país que estuvo dominado por dos dictadores poco después de su independencia en 1956, y recién, en 2011, multitudes de ciudadanos conquistaron la democracia. Por su historia y características, pocos imaginarían que hasta hoy, en esa nación, un sistema de libertades y separación de poderes sería funcional.

A LA IZQUIERDA, BEN ALI, EL ÚLTIMO DICTADOR DE ESE PAÍS, JUNTO A OTROS TIRANOS QUE CAYERON EN RECIENTES AÑOS: ALÍ ABDAHLÁ SALÉ DE YEMEN, MUHAMAR GADAFI DE LIBIA Y HOSNI MUBARAK DE EGIPTO.
En ese país se realizan las segundas elecciones presidenciales, puesto que en julio falleció su segundo jefe de estado electo, democráticamente, Béji Caïd Essebsi, a los 92 años de edad.

El Tribunal Electoral se apresuró, entonces, a convocar a elecciones presidenciales y en octubre, se realizarán los comicios parlamentarios. Los dos candidatos favoritos para llegar a la segunda vuelta electoral son, un empresario millonario, Nabil Karui, dueño de una cadena de TV, y el representante del partido islámico moderado, Ennahda, Abdelfatá Moru.
Túnez es la única nación democrática del mundo árabe, hasta el punto de que su gobierno de transición, luego de su “primavera árabe”, se sostuvo bajo una coalición entre el partido Ennahda con el partido laico de centro, Congreso de la República, para juntos, liderar la redacción de una constitución.
CONSTITUCIÓN DE 2014
La mayoría de los tunecinos están frustrados por la alta inflación; el islamismo radical que se agrava por la llegada de fanáticos desde la vecina Libia, y muchos otros problemas como la corrupción (a pesar de que el candidato Karui es acusado precisamente por eso), pero ¿quién hubiese imaginado qué en una nación árabe habría un partido islámico moderado que ya ha entregado el poder a otro gobierno; qué un escritor y médico sería el candidato del partido de centro y, que incluso, se lanzaría a la presidencia el primer candidato árabe, abiertamente gay, que promueve los derechos de la comunidad LGTB?
Túnez es un ejemplo de democracia.
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